En el marco de una charla abierta que brindó en la Universidad Nacional de Córdoba, Eugenio Raúl Zaffaroni disertó durante más de dos horas sobre derecho penal y respondió todo tipo de inquietudes planteadas por los asistentes.
“Después de semejante presentación lo menos que puedo hacer para no desilusionarlos es irme”, dijo Zaffaroni para romper el hielo en un aula pequeña y repleta de gente. El comentario fue después de escuchar parte de su extenso currículum de más de 200 páginas de títulos, premios, publicaciones y cargos que ha ocupado.
Le gusta definirse como investigador. “El derecho puede discutirse si es o no una ciencia, pero el saber jurídico requiere investigación. La investigación jurídica no se difunde mucho en la población o en los medios, pero nosotros hacemos investigación como en cualquier otra disciplina”.
No le gusta que le digan que es o fue juez. “Trabajo de juez: un accidente político”, dijo en algún momento.
Zaffaroni sobre el Derecho
“Es más o menos el uso de la razón para organizar la sociedad y para poder coexistir. Tratamos de que cada día sea más útil este sistema, tratamos de perfeccionarlo, de volver más racional la solución de la conflictividad”.
El Poder
“Es decidir sobre lo que van a hacer los otros”
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A los 22 años ya era abogado, se doctoró en Santa Fe a los 24 y cinco años después fue juez de Cámara. En 1973, con 33 años, fue Procurador General en la provincia de San Luis.
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El penalista
“El penalista tomas las leyes o los tratados para interpretarlos en función de un cierto orden jurídico. Analiza los textos, los desmonta y después los reconstruye elaborando el sistema para ofrecérselo a los operadores (los jueces) del sistema jurídico para que lo apliquen. De modo que si lo ofrece a un poder del Estado, lo que el penalista está haciendo, aunque no lo sepa, es un programa político para el ejercicio de un poder del Estado, en este caso el Judicial”.
“Un saber que está tan vinculado con el ejercicio del poder necesariamente tiene contenido ideológico vinculado al poder. Otro de los objetivos que tiene este sistema jurídico es que facilita el entrenamiento de los pichones, es decir de los futuros operadores del aparato jurídico. Tiene una función docente, un efecto reproductor del sistema académico”.
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A los 35 años fue juez nacional, a los 63 Ministro de la Corte, titular de la Comisión de Reforma del Código penal a los 72 y actualmente juez de la Corte Interamericana de DDHH. Si no hubiera sido abogado, “sería economista”, declaró alguna vez.
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La pena
“En el fondo, la pena siempre tiene algo de venganza. Todo el pensamiento liberal trató de darle racionalidad a la pena, de ignorar la venganza. ¿Cómo podía ignorar esa venganza?, no tomando en cuenta la realidad sino que construirla deductivamente. Y ahí aparecen las grandes construcciones deductivas: me imagino como tiene que ser el Estado, me imagino cómo tiene que ser la pena. El deber ser. Los penalistas toman estas grandes deducciones”.
“El penalista elige la teoría de la pena que le gusta y los jueces aplican esas penas en función del sistema. Solo que esas penas se aplican en el mundo real y no en el deber ser que antes eligió el penalista. Ese es un tremendo resabio que tenemos del pensamiento liberal y algunos no lo han desterrado. Necesitamos el dato normativo (sistema) pero también el social (la realidad) para escaparnos del reduccionismo del deber ser”.
La función de la pena
“¿Para qué sirve esto de ir empujando el ser hacia el deber ser? En el plano sociológico sabemos que cumple muchísimas funciones, no es que no sirva para nada, al contrario. Sin embargo, hay un dato histórico que si es perfectamente verificable a lo largo de siglos: cada vez que se ha producido un genocidio - una masacre estatal - lo ha sido con la intervención de las agencias del poder punitivo (la policía, la justicia penal, las penitenciarías). O sea, cuando el poder punitivo se descontrola se produce el genocidio y se acaban todos los derechos directamente. La pena está ahí, el poder punitivo es un hecho político”.
“El derecho penal tiene que ser algo parecido al derecho internacional humanitario, al derecho de los convenios de Ginebra respecto de la guerra, y nosotros tenemos que ser una agencia jurídica como la Cruz Roja del tiempo de la paz. Nadie deslegitima a la Cruz Roja por el hecho de que no evite la guerra, pero conforme a los convenios trata de evitar que maten población civil a lo loco, que maten a los médicos, etc. Nosotros también, en el momento político está el derecho penal”.
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Entre innumerables distinciones, en 2009 recibió el Premio Estocolmo, un equivalente al Nobel de criminología. Tiene hasta hoy 32 Honoris Causa como profesor en distintas universidades del mundo.
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La abolición de la pena
“Si algo tiene un foco irracional ¿por qué no lo eliminamos? Ha habido muchas propuestas, las más antiguas son las del anarquismo que en definitiva eran derechos naturales radicalizados. Las posturas más contemporáneas son distintas versiones de lo que se llamó el abolicionismo penal que dice que se pueden resolver los conflictos prescindiendo del poder punitivo y también responde a distintas corrientes. Pero en definitiva, todo esto deriva en que para hacer realidad cualquier abolicionismo del poder punitivo tendríamos que hacer una transformación civilizatoria y eso excede al derecho penal”.
“En la actualidad, la pena ha alcanzado su máximo de irracionalidad cuando hace unos años una criminóloga canadiense afirmaba que la pena se convirtió en una cuestión de fe y se cree que es posible resolver todo a través de la pena. Efectivamente se intenta resolver la tóxico-dependencia, salvar el Amazonas o los problemas económicos. Todo. La pena es Dios, un ídolo, algo omnipotente. De mi parte, ante esto, me inclino por el romanticismo: no sé para qué sirve la pena, no me meto con ella, lo que sé es que tengo que contenerla porque si se desbanda perdemos todos. Lo fundamental, entonces, es esto”.
Desafíos actuales de la Justicia
“Ampliar la base de acceso a la Justicia, reducir el nivel de selectividad y evitar que su intervención sea estigmatizante y determinante de carreras criminales”.
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Escribió libros, tratados y un manual de derecho penal brasileiro que va por su novena edición. Ahora que no es juez de la Corte, volvió a la Academia. Dice que “le gustaría recuperar la adrenalina de una defensa”.
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La selectividad del ámbito penal
“Sin ninguna duda existe esta selectividad. Las cárceles del mundo están llenas de bobos. La gente no está presa por lo que hizo en regla general sino porque no sabe hacerlo. Tenemos las cárceles del mundo llenas con algunos psicópatas-asesinos y una gran mayoría de ladrones tontos. ¿Por qué se produce eso? Hay quienes teorizan sobre las clases sociales, pero se produce por un fenómeno natural: es lo más fácil de detectar. El que te puede sacar la billetera en un colectivo no puede fundar y fundir un banco. Son entrenamientos diferentes. Y obviamente a quién van a captar: al estúpido o al más torpe que no tiene el entrenamiento para hacer algo más refinado. Esa es la cuestión. No necesariamente el que tiene más plata sale sino que no entra porque es más difícil pescarlo. Y la policía funciona como burocracia y hace lo que es más sencillo: llevarse a alguien que va por la calle, que tiene cara de ladrón, camina como ladrón, se viste como ladrón y roba. Una selección en función de estereotipos. . Yo creo que debemos ser sensatos con la privación de la libertad y utilizarla como el último de los recursos. No debemos echar mano como primer recurso o el más cómodo. Sé que esto tiene inconvenientes, pero cada país tiene el número de presos que desea. No tienen nada que ver con la frecuencia de delitos”.
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No usa celular, “es como un collar de perro electrónico”, dice. Sólo usa una PC de escritorio y su bolsito negro lo acompaña a todos lados. Tiene una biblioteca con casi 20 mil libros en cinco idiomas. Aprendió a nadar a los 55.
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La criminología mediática
“Es la creación de realidad que nos venden todos los días a través de los medios concentrados. En Argentina, el objetivo que persiguen mostrándonos todo el tiempo homicidios es la sanción de leyes irracionales. Donde no hay altos niveles de violencia, como sucede en México donde la violencia es real, se necesita un aparato represivo fuerte con el cual se crea una dictadura policial. Además, se automatiza la policía, empieza a corromperse y se destruye una institucionalidad necesaria. Conozco países sin Fuerzas Armadas pero no sin policía. La función que tenemos los criminólogos es desmontar esa creación de realidad e ir a lo que hay en el fondo: los muertos. Los muertos hablan, pero los medios masivos nos ocultan la palabra de los muertos. En la tarea forense es encontrar las fosas comunes es precisamente buscar la palabra de los muertos. Claro que en este caso han hecho desaparecer los cadáveres. Pero hay que preguntarse por qué esos muertos están muertos. Porque detrás hay un conflicto”.
El poder necesita fabricar un enemigo
“El poder absoluto sí. Por eso es que se ejerce a través del poder punitivo como elemento verticalizador. No se puede montar un Estado de policía si no hay un enemigo. Es un juego histórico fabricar enemigos y se alucina una guerra alrededor de esto. La opinión pública está absolutamente desconcertada y con realidades construidas falsamente por los monopolios y oligopolios de medios de comunicación, fundamentalmente por la televisión que es la caja idiotizante más importante que tenemos”.
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No tiene hermanos, tampoco hijos. Vive con sus perros y gatos. Colecciona cactus y viste trajes que se hace a medida. A veces, los usa con zapatillas.
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Reforma constitucional
“La Constitución es algo que se hace en un determinado momento y después hay que ir ajustando el traje. Creo que nuestra Constitución Nacional es como un auto que guardamos en un garaje, después lo pusimos a andar, en el 94 lo arreglamos un poco pero ahora nos damos cuenta que hace ruidos. Ninguna obra es perfecta”.





