'Yo vine aquí para sumar y no para restar”

20-03-2009

Él abrió la puerta de la sede Córdoba de Abuelas de Plaza de Mayo, ubicada frente al Palacio de Justicia, donde nos encontramos para hacer esta nota. Ya en el saludo se percibe una tonada foránea, ni cordobesa ni tampoco argentina. Es que Gustavo vivió hasta los 19 años en el Paraguay, lugar donde creyó que había nacido.

Su historia, como la de otros tantos nietos, es la consecuencia del feroz y siniestro plan sistemático de apropiación de bebés que incluyó la existencia de maternidades clandestinas, la complicidad de los profesionales médicos y enfermeras que allí trabajaron y una lista de espera de personas dispuestas a “adoptar” a los hijos de las mujeres desaparecidas.

Desde el día de su instauración, el 24 de marzo de 1976, la dictadura militar hizo desaparecer en poco más de siete años a 30 mil personas utilizando el secuestro como metodología para silenciar voces opositoras.

Todas estas operaciones, además, tuvieron como marco el Plan Cóndor, la operación de inteligencia de los servicios de seguridad de las dictaduras militares del Cono Sur - Argentina, Chile, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia - y la CIA, cuyo objetivo central era eliminar a los “enemigos” políticos.

Gustavo nació en la maternidad clandestina de Campo de Mayo en una fecha cercana a abril de 1978. Su mamá estaba embarazada a término cuando fue secuestrada junto a su padre, el 28 de febrero de ese mismo año. Además del hijo por nacer el matrimonio que vivía en General Pacheco, en la provincia de Buenos Aires, tenía otros 4 hijos que fueron criados por su abuela.   

Como tantos otros jóvenes, Gustavo se acercó a Abuelas en el año 2000 con dudas sobre su identidad. Hacía ya unos años que vivía en la ciudad de Córdoba donde había venido a estudiar. Fue una “tía” - pariente de la familia que vivía en Paraguay - que “Un día me pregunto si no había averiguado nada de mis padres biológicos” - cuenta.

En sus visitas a la casa familiar en Paraguay, Gustavo indagó a sus “padres” a cerca de su familia biológica. De esta sabía hasta ese momento que murió en un accidente de autos. Él era, supuestamente, el único sobreviviente de la tragedia.

Frente a la presión de conocer más sobre sus padres, el “padre adoptivo” - a quien Gustavo llama apropiador - confesó finalmente la verdad: que era hijo de desaparecidos y que lo habían ido a buscar a Campo de Mayo.

La búsqueda

Con la verdad confesada, Gustavo volvió a Abuelas, inició su legajo en la CONADI y se hizo el ADN. Tras una larga espera de tres años, supo que era hijo de Olga Mabel Ferreyra y Oscar Donato Godoy. 

A los pocos días de saber el resultado del análisis Gustavo viajó a Buenos Aires a conocer a su familia. “Tengo cuatro hermanos con los cuales me llevo muy bien y conocí la historia de mis padres, la militancia, qué hacían”.

Yo a la familia  que me crió le llamo apropiadora porque no fue una adopción lo que hicieron sino que fue en el marco de la ilegalidad. Quisiera que las cosas se hubieran dado de otra forma”.

Hoy vive en Córdoba y colabora en la sede de Abuelas de esta filial junto a Belén, otra nieta recuperada.  

 

Cecilia Ghiglione / [email protected]

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