VOLVER A LO NATURAL, ES EL FUTURO

09-10-2014

En el panorama actual de escasez energética mundial está cobrando fuerza la conciencia ecológica como un nuevo parámetro al que todo ciudadano debe responder. La adaptación a este contexto trae implícito el peligro de que el concepto de sustentabilidad se vuelva superficial: apenas una moda, marca, certificación políticamente correcta, por ello quienes divulgan esta actividad remarcan su importancia y sobre todo la idea de la sustentabilidad como eje de trabajo.

Hoy la arquitectura no puede mantenerse al margen de este concepto de sustentabilidad, e incluso se ha convertido en uno de los principales objetos a tener en cuenta. La disciplina actualmente toma en cuenta variables para lograr una construcción sustentable ecológicamente lo que también tiene impacto cultural, social y económico. La bioarquitectura implica la integración de los valores que promueve con los objetivos de la arquitectura tradicional.

El desafío en la construcción apunta a una integración con el entorno, respetando sus formas, materiales y combinación de colores. Que el paisaje entre en las viviendas y genere una interacción constante. La clave está en aprovechar las vistas, la orientación de los vientos y del sol.

Un divulgador de esta actividad es el uruguayo Daniel Esmite, que brinda cursos en cuanto lugar le brinde la oportunidad. Daniel expresa conceptos fundamentales y su punto de vista con simpleza: “Yo soy maestro mayor de obras y me recibí en 1987, me gusta la educación y la construcción y me he especializado. No pensé que podía construir casas con materiales naturales porque ya sea en la facultad o en la escuela técnica no nos enseñan a construir con materiales naturales. En historia del arte enseñan que existió en algún momento pero que ahora se dice... “¿para qué volver atrás?”... No es volver atrás, sino que es volver al futuro. Es decir que hoy no se justifica gastar tanta energía en los materiales industrializados, y no me refiero a ninguno, sino a todos. Podemos decir que se va a volver a lo natural, porque indirectamente no se puede sostener el gasto energético que lleva hacer esos materiales industrializados. ¿Por qué se hace hoy? Porque hay exceso de energía, pero tenemos que pensar en el futuro que no habrá exceso ni de agua potable ni de hidrocarburos. Tenemos que pensar en las futuras generaciones. De alguna manera tenemos que empezar a trabajar con lo que hay, con lo que la misma naturaleza te da.”

Daniel se ha especializado técnica y científicamente en el tema. Consultado sobre la dedicación y sofisticación de la tarea respondió “de eso se trata, no somos fundamentalistas, usamos cada uno de los elementos que el hombre ha creado haciendo el mejor uso. A través de la industrialización y los laboratorios nos han permitido tener una arquitectura del siglo XXI, ensayar los materiales, estudiar los comportamientos de los suelos, sumar la química para ver uniones y hacer pinturas naturales. Podemos decir que hoy estamos transitando una arquitectura del siglo XXI, una arquitectura orgánica y morfológica”.

Una característica propia de la bioarquitecura es el uso de formas circulares y suavizadas. El uruguayo explica que “en la naturaleza no hay líneas rectas. Fuimos nosotros quienes las utilizamos por una cuestión de ordenamiento territorial. Desde la naturaleza hay un mensaje de que es todo curvo, tiene que ver con la energía, cómo fluye y lo que provoca. También una de las cosas más importantes es que las formas circulares son sismo resistentes.”

A lo largo y ancho del país, existen construcciones típicas de adobe. El censo nacional de población del 2001 nos muestra la vitalidad de estas técnicas constructivas, con el 2,54 por ciento de las viviendas en el país con adobe en sus muros (246.959 unidades) y con muchas provincias significativamente por encima de la media. San Juan tiene el 27,78 por ciento, Catamarca el 17,47, Mendoza el 15,21, Jujuy el 14,11, Salta el 10,45 y La Rioja el 9,51. Lo mismo ocurre si recortamos la muestra exclusivamente a las áreas rurales, donde la incidencia sube hasta un significativo 13,56 por ciento para todo el país. De allí que no sea algo nuevo para los argentinos.

Requerido sobre por qué construir o no en adobe, Daniel Esmite responde “Mucha gente tiene experiencia con el trabajo con materiales naturales. Al verse al material industrializado como progreso, nos ha pasado en muchos lugares que se opta por ellos porque dan status, idea de nivel y progreso. Entonces yo lo que le pido a la gente que lea esta nota es que no perdamos la identidad, no perdamos el idioma y las costumbres y lo natural que ha sido la vida hasta ahora. Cambiarlo por un “progreso” que no se sostiene no es beneficioso. Tenemos que seguir con lo que conocemos y mejorarlo, sabiendo que cada uno de los que lea esto tiene un familiar o amigo que ha vivido en una casa de adobe o sabe lo que es vivir en una casa así. No cambiemos por una moda. Además hay que destacar el trabajo colaborativo, una persona no puede construir una casa sólo, pero diez si pueden construir diez casas, esta forma de construcción es más económica sobre todo si se realiza de manera cooperativa.”

Techos vivos

Quienes los han adoptado aseguran que ellos pueden ayudar a solucionar problemas. Conocidos como eficaces aislantes térmicos, las cubiertas verdes o techos ajardinados mejoran la calidad del aire, retienen el agua de la lluvia, demoran el escurrimiento, evitan que se saturen los desagotes y permiten el ahorro de energía. Al parecer, quienes primero los usaron fueron los vikingos, y Le Corbusier describió sus ventajas en sus escritos sobre arquitectura nueva.

PRO.CRE.AR y el adobe

El adobe es una pieza para construcción hecha de una masa de barro (arcilla y arena) mezclada con paja, moldeada en forma de ladrillo y secada al sol; con ellos se construyen paredes y muros de variadas edificaciones. La técnica de elaborarlos y su uso están extendidos por todo el mundo, encontrándose en muchas culturas que nunca tuvieron relación entre sí. Si bien no parecieran existir prohibiciones explícitas para construir en adobe a través de un plan Procrear, lo cierto es que una familia que se proponga construir su casa de esta manera, se encontrará con una serie de obstáculos virtualmente insalvables. En los documentos para acceder al plan se incluye una escueta referencia respecto a que “no se admiten construcciones en adobe”, sin más datos. Estas limitaciones al uso del adobe son difíciles de comprender, ya que, por ejemplo, el Instituto de Vivienda y Urbanismo de Jujuy ejecutó exitosamente numerosos proyectos de viviendas, gestionados por cooperativas u otras instituciones como Caritas, utilizando adobe, en algunos casos como cerramiento dentro de una estructura de hormigón armado. Pese al esfuerzo de muchos investigadores, constructores y técnicos, Argentina tiene hace años una cuenta pendiente respecto de la generación de una normativa del uso del adobe como material constructivo. (Ver galería)

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