'VENÍ A LA REUNIÓN, TENÉS QUE ENTRAR A LA COOPERATIVA”

11-09-2014

“Lo único que no hice es nacer acá”, explica Herman desde su casa en Huanchilla, localidad del sur de Córdoba. “Mis padres vivían en Jovita y se habían mudado a este pueblo, eran italianos. Cuando llegó el momento del parto, mi mamá prefirió tenerme con la partera que conocía, en Jovita, y nací ahí”.

Desde que se acuerda, Herman trabajó en el taller mecánico de su padre, del que luego se hizo cargo. “Yo terminé la primaria y empecé a trabajar con él. Ahora estoy jubilado pero hago algún que otro trabajito. Cuando era niño me gustaba la construcción, así que casa que hacían yo iba y miraba, hablaba con los albañiles. Por ahí tendría que haber sido constructor o carpintero, nunca mecánico, pero bueno”, dice entre risas.

En esa época había calles de tierra y varios terrenos baldíos “Para darte un ejemplo, donde está el hospital jugábamos a la pelota y donde está el banco se instalaban los circos, el pueblo creció y fue muy importante la llegada de la electricidad, hizo que todo cambiara muchísimo”.

Herman participó en la comisión del club, en la cooperativa donde fue presidente “muchos años, nunca me puse a contarlos” y en el consorcio caminero, que aún integra. Lo toma como algo natural, pero en tiempos en los que el trabajo ad honorem y la participación no es lo más usual, vale la pena escuchar su relato. “Cuando se fundó la cooperativa yo era pibe y me acercaba a las asambleas para ver qué decían. Recuerdo esa vez que el presidente, el doctor Tomás Campillo que ya no está entre nosotros, me dijo `Vení a la reunión, tenés que entrar a la cooperativa, a vos te gusta participar´. Y así fue como empecé”.

Colaboró activamente en esta institución hasta hace tres años. ¿Qué lo movió a participar ? “Como soy apolítico, esa es una forma de trabajar para el pueblo fuera de la política. Lo importante es hacer cosas y destaco que no fui yo solo, sino que siempre fuimos un grupo que participó mucho. Fue así en todas las instituciones en las que estuve. Yo habré estado al frente de la cooperativa pero a todo lo hicimos en conjunto.

Hace un tiempito hubo asamblea y debe ser la primera a la que no voy en no sé cuántos años”.

Herman tiene dos hijos y vive en el pueblo con su esposa. “Mis días son tranquilos, nunca fui madrugador. Voy al taller, almorzamos con mi esposa a eso de la una, duermo un rato la siesta, a la noche me quedo viendo televisión hasta tarde. De apuro, nada...”, comenta entre risas. Lo que más le gusta de su pueblo es la tranquilidad, “La paz que se siente. Acá nadie desconfía de nadie. A eso no lo cambio por nada. Voy de viaje por ahí, estoy 5 o 6 días y ya me quiero volver, `qué lindo que está para irse´ le digo a mi señora”.

“Es Huanchilla, no Huanchillas”

Siempre vale la aclaración. Leí varios artículos en relación al pueblo y no encontraba la respuesta. “Es Huanchilla, no Huanchillas”, me respondió Víctor Maurino, director del museo y archivo histórico local. Apasionado por la historia y con varias publicaciones de su autoría bajo el brazo, cuenta que “Huanchilla surge, como tantas otras localidades del interior del país, con el paso del ferrocarril. Se toma como fecha de origen el 24 de noviembre de 1927, ya que se encontró un documento que hace alusión al lugar”.

El pueblo, que tiene alrededor de 1300 habitantes, “Es chiquito pero de corazón grande”, dice Víctor. Las principales actividades son la agricultura, la ganadería y hay varios tambos en el lugar.

Volvamos al nombre, porque si algo tiene de curioso Huanchilla es eso. “Según la tradición oral el mismo es aborigen, pero se encontró documentación en base a la cual es probable que sea un diminutivo del nombre español Juancho, porque en ella se habla puntualmente de Juanchillo”.

Una persona que tuvo mucho que ver con el nacimiento del pueblo fue Carlos Alberto Mayol. “Después de la conquista del desierto se realizó un remate público y Mayol compró las tierras desde Buenos Aires, sin haberlas visto. Por su parte los ingleses, que en esa época eran propietarios del ferrocarril, hicieron un relevamiento y se propuso hacer un pueblo en el campo de los señores O´Dwyer un kilómetro al oeste de donde se encuentra hoy. Cuando llega el momento de hacer el ejido urbano los O`Dwyer quieren vender esas tierras. Mayol se enteró y donó el lugar donde está hoy el pueblo, puntualmente la parte de la estacion y las primeras 12 manzanas. Luego donó un predio para club y la Iglesia que había hecho en su campo”.

Hace dos años, el pueblo reunió a esa familia. “En el 2012 se juntaron los descendientes para Semana Santa. Fueron alrededor de 180 familiares, una fiesta importantísima. La mayor parte vino desde Buenos Aires”, recuerda Víctor y finaliza comentando que desde su conformación el pueblo creció fue creando sus instituciones, contando hoy con hospital, escuelas, bomberos, museo, banco, consorcios y asociaciones, entre otras.

El motor

Herman recuerda que “Cuando la cooperativa pasó a tener corriente alternada compraron un motor. Yo había llegado del servicio militar y con otros dos señores hicimos una sociedad para armarlo. Ellos eran personas grandes, los dos mecánicos. Era un motor de esos antiguos de 350 revoluciones y entre los tres lo hicimos funcionar”. Este recuerdo forma parte de la historia de la cooperativa que hoy, además de electricidad brinda televisión por cable, telefonía celular, internet, servicios sociales, gas envasado y servicio de cloacas. Junto a la municipalidad están planeando construir un acueducto que posibilitará la llegada de agua potable al pueblo.

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