Una escuela fabrica sillas de ruedas para la comunidad
Pedro Cárdenes atiende el llamado en su casa, allá en La Quiaca, ciudad emblema del norte argentino: Los saludo desde la frontera.
Como si fuera un artista pintando un cuadro, enseguida comienza a explicar el proyecto que para quien está al otro lado del teléfono va tomando vida a través de sus palabras.
Y cuenta que la cosa empezó allá por el 2008 cuando la Escuela de Educación Técnica Número 1, único establecimiento con este tipo de formación en la ciudad, visitó el hogar de ancianos. Pedro, que es docente del taller de mecánica, observó por un lado que había elementos que estaban en desuso y podían ser arreglados en el aula y por otro, que esta tarea le daba un plus, un sentido al trabajo de los alumnos.
Así comenzaron a realizar piezas para reparar estos elementos. En ese camino, los chicos detectaron necesidades en sus propias familias y propusieron realizar ellos mismos los bastones y andadores. Nosotros podemos fabricarlos, para alivianar la situación a los abuelos, le dijeron al docente.
Allá en ese lugar que combina la inmensidad de los paisajes con los bellos ocres dominantes de la Puna, algunas cosas no son fáciles. A la sensación térmica que cala los huesos en invierno y agobia en verano se le suma la altura, por lo que el apunamiento es un tema frecuente. La ubicación geográfica hace a esta ciudad más cercana a la localidad boliviana de Villazón que al siguiente pueblo argentino y uno la piensa lejos, muy lejos, como a Usuahia, su correlato en el sur. El docente da cuenta de esa lejanía cuando explica que en La Quiaca, si alguien tiene que comprar un elemento ortopédico, tiene que viajar 300 kilómetros a la capital provincial, donde hay sólo un local que vende estos dispositivos. De más está mencionar el costo del viaje, que muchos vecinos no pueden afrontar.
Paso a paso
Como los pasos que van dando quienes reciben los bastones y andadores del taller, así despacito el proyecto fue creciendo y la práctica de los alumnos se fue fortaleciendo.
En ese interín, Cárdenes se contactó con el INTI que estaba desarrollando sillas de ruedas nos enviaron los planos y los requisitos para la certificación y comenzamos a fabricar sillas para la comunidad, para lo que trabajamos en conjunto con un médico de la ciudad.
El financiamiento es un tema, porque hay mucha necesidad en la comunidad. A la persona que puede afrontar el costo de los materiales se lo solicitan para comprar la materia prima de una nueva pieza ortopédica.
Otro detalle es que al ser los mismos chicos los que entregan el trabajo terminado, se produce un aprendizaje afectivo que refuerza la enseñanza de las habilidades técnicas. Es el caso de una maestra que se accidentó y necesitaba un andador para rehabilitarse. Lo solicitó a la escuela y cuando fueron a entregarlo, ella reconoció a sus alumnos de la primaria. Fue muy emocionante.
La iniciativa ya recibió dos premios y gracias a uno de ellos los chicos viajaron a conocer Buenos Aires. Para Cárdenes, es importante destacar que es un trabajo que beneficia a toda la comunidad. No tenemos un registro exacto, pero hemos logrado fabricar alrededor de 30 sillas de ruedas, 10 muletas y un número mayor de andadores y bastones. Ahora estamos reparando 200 sillas que nos trajo el PAMI de San Salvador de Jujuy. Estamos arreglando cerca de 20 por mes que luego se reparten en toda la provincia.
Pasos que forman caminos
No los para nadie. El proyecto de este año es crear un banco ortopédico con alrededor de 20 sillas de ruedas, a las que le agregaremos bastones, muletas y andadores que ya estamos fabricando en el aula, completa el profesor. El banco estará operativo antes de fin de año.
En este proyecto ganan todos, los vecinos que más lo necesitan y los chicos que refuerzan su aprendizaje con tareas solidarias. Una suma más que positiva por el lado que se la mire.