“Una olla de barro, trae esta señora, una olla de barro, trae desde Casira. Con tanto trabajo, hecha con sus manos. Con tanto trabajo, hecha por paisanos. En la Manka fiesta, vine a presentarle. En la mama fiesta, para el cambalache. Chipas y chinitas, carpas de mi pago. Chipas y chinitas, en carpas Quiaqueñas. Burros van - kollas llegan, se han tomau ya la chicha. Bailando con alegría "kollita", en la manka fiesta”. Humberto Flores (La Quiaca).
El predio del antiguo ferrocarril comienza a poblarse. Las carpas en el centro, los artesanos alrededor. Muchos colores, música y aromas. La Manka Fiesta está en marcha, uniendo las costumbres de tiempos pasados con las actuales. Para dar una idea, al recorrerla los olores de las comidas típicas se entremezclan con los sahumerios de los curanderos. Es que en esta fiesta hay de todo. Históricamente fue un lugar de reunión, de intercambio de mercaderías. En su momento tenía un gran peso económico. “Se trata de un legado ancestral, cuyos inicios se extienden en el tiempo. Ya nuestros abuelos nos decían que es una fiesta que `estuvo desde siempre´. Es una reunión para el intercambio de productos a través del trueque, aunque últimamente se utiliza el dinero. Viene gente de Bolivia y de todo el noroeste a participar”, explica el artesano y músico Luis Valdiviezo.La fiesta de la olla“Manka significa olla en quechua, por lo que también es conocida como la fiesta de la olla. En la cosmovisión ancestral, la olla tiene un significado fuerte, que implica la contención de muchas cosas. Se dejan dentro de ella cosas buenas como malas. Es más, en la antigüedad nuestros antepasados eran enterrados en una olla, por lo que tiene un significado importante como un elemento espiritual en la región”, explica Valdiviezo.Comenta que en esta fiesta se instalan alrededor de 40 carpas y cerca de 300 artesanos los fines de semana, número que varía en la semana. Hay carpas donde se oye la caja, la quena y también hay otras donde se escucha cumbia. Están los ponchos de ayer y también la ropa de hoy. Bajan muchas personas desde los cerros y se instalan en La Quiaca toda la semana. Los artesanos y productores despliegan su mercadería en el suelo, a la vieja usanza. Allí comen y duermen junto a sus productos. “Hay charqui, chalona (carne deshidratada de cordero), viene la fruta desde Bolivia que enriquece mucho nuestra dieta, viene la gente de Santa Victoria Oeste (Salta) con sus trabajos en madera, también de las salinas grandes traen panes de sal, maíz y tejidos. Ha crecido bastante la parte comercial, inclusive cambiaron los medios de transporte. Antes llegaban en 600 burros y hoy eso pasó a la historia”. La Manka Fiesta, que va de domingo a domingo, se vive también como un espacio de reencuentro. “Después de un año redondo, como le decimos, volvemos a coincidir con la gente que baja con sus productos para la Manka Fiesta. Llegan personas de muchos lugares, uno de ellos es Casira, que es el principal centro alfarero de Jujuy, ubicado a 40 kilómetros de La Quiaca. Ellos fabrican y traen la mayoría de sus ollas.”.Costumbre y esfuerzoLuis explica que los tiempos van cambiando y que se “perdió un poco la esencia, porque la fiesta se volvió más comercial. Todavía se practica el trueque, pero sólo entre los que nos conocemos, los que hemos participado siempre. La feria se sostiene por la costumbre y por el esfuerzo de los que vienen y no saben si van a tener rédito económico, pero la costumbre es venir, compartir y encontrarnos”. En este sentido, dice también que “lo que más me gusta es el reencuentro. Participar y mantener lo que hemos mamado en la infancia, tratar de dar un incentivo cultural a través de la música y las artesanías, para que se proyecte y sea una de las atracciones más fuertes del calendario cultural de La Quiaca”.





