Un auténtico autodidacta

15-08-2017

Por Paola Perticarari

"Carlitos", como lo llaman en la localidad, es de esas personas que aunque uno no conozca, puede sentarse horas y horas en una charla amena acompañada por unos buenos mates. Esas charlas que sólo se dan con gente que tiene muchas historias para contar.

De a poco se comienza a entrever que este hombre no sólo estuvo desde los inicios de la radio y la televisión en el pueblo, sino que en alguna medida creció con él. Carlos tiene 80, el pueblo este año cumple 116. "Viví­amos en el pueblo, mis padres eran chacareros, y con mi hermana íbamos a la escuelita rural a caballo. Terminé sexto grado y empecé a trabajar. Hice un curso de radiotécnica por correspondencia y aprendí mucho leyendo libros, también con revistas sobre el tema que compraba en Casa Silvina, acá en el pueblo. También tení­a un tí­o que estaba en esto y fui aprendiendo despacito, comprando el equipamiento necesario", dice Carlos.

Luego fue a hacer un curso a Buenos Aires para perfeccionar el manejo instrumental. Fue uno de los que llevó adelante una radio de circuito cerrado en la localidad y también instaló la electricidad en los campos "primero con grupos electrógenos, después llegó el sistema en red de la mano de la cooperativa".

Mientras, este pueblo que hoy supera los 3000 habitantes iba creciendo y afianzándose. Como es el caso de muchas localidades, en su población hay una gran presencia de inmigrantes principalmente italianos y españoles. Es una zona agrí­cola ganadera, emprendedora, cuyos habitantes se preocupan por mantener vivas sus tradiciones.

Carlos trata de acordarse del momento en que llegó su pasión, la televisión, al pueblo. "Fue hace muchos años. Todos esperaban este servicio, primero habí­a antenas de más de 14 metros sobre las viviendas. A veces venía una tormenta y se llevaba varias. Me traían a reparar los receptores a casa".

Él siempre estuvo de alguna manera vinculado a este servicio, desde antes de trabajar en la cooperativa. Entre mate y mate cuenta que todo cambió cuando la entidad compró la primera parabólica. Carlos ya trabajaba en la institución y recuerda que "la primera vez que pudimos ver canal 7 de Buenos Aires no lo podíamos creer, era algo para refregarse los ojos, parecía irreal. Luego, de a poquito, se fueron agregando canales".

El trabajo es una constante en su vida y asegura que lo realizó con mucho sacrificio pero siempre con gusto. "Hasta el dí­a de hoy a veces voy de noche si hay algún problema con la recepción de las señales. Siempre quiero que funcionen las cosas y trato de encontrarle la vuelta. Acá en los pueblos chicos hay cosas que no se consiguen, entonces hay que rebuscárselas con otros elementos para solucionar el problema". Tiene infinidad de anécdotas, como aquella vez que pudo interceptar un canal chileno y todo el pueblo se juntó a ver un partido de Argentina en el hotel cooperativo, o los viajes a Buenos Aires para comprar equipos de recepción para los asociados a la cooperativa, entre muchas otras.

Aunque su faceta más conocida tiene que ver con su compromiso con el trabajo, Carlos tiene otra, y es su participación en el grupo de teatro vocacional del pueblo junto al que presentó varias obras y, por otro lado, su fanatismo por el fútbol, frente a lo que dice "no es para tanto, terminan los partidos y se me pasa". Cuenta que en la localidad hay dos clubes, uno es el Fútbol Club (el verde), del cual se confiesa hincha, y el otro es el Club Social y Deportivo. "Igual me llevo bien con todos los vecinos, aunque sean hinchas del rojo. Es una comunidad chica, nos conocemos todos".

Tres Algarrobos, el pueblo de las dos estaciones

Esta zona era territorio indí­gena, lugar de paso de los grupos que estaban al mando del cacique Pincén. La localidad se fundó el 17 de agosto 1901, aunque antes ya había habitantes instalados en la zona.

Su nombre se debe a que a 10 kilómetros del pueblo habí­a tres árboles de Algarrobos, una variedad no muy frecuente por estas tierras. Actualmente sólo queda uno, el algarrobo histórico.

Los vecinos la llaman Tres Algarrobos o Cuenca, ya que una curiosidad del pueblo es que tiene dos estaciones de tren. La primera se llamó estación Cuenca, en homenaje al médico y poeta Claudio Mamerto Cuenca. A ese lugar llegó el primer tren el mismo año de la fundación. Luego se instaló una red de trocha angosta, cuya estación se llamó Tres Algarrobos. Hoy ninguna se encuentra en actividad, pero la primera de ellas se mantiene intacta y en ese lugar funciona un museo temático, que es prolijamente cuidado por quien fuera el último jefe de la estación.

En la localidad se lleva adelante "Cuenca recicla", un proyecto de separación de residuos domiciliarios desarrollado por la Delegación Tres Algarrobos, del que también participan los colegios que realizan campañas de concientización. El material que se vende es a beneficio de las instituciones educativas.

Muchos mencionan como rasgo particular la traza de este lugar, dispuesta en 4 diagonales, con caracterí­sticas similares a la ciudad de La Plata. En el centro cívico se encuentra el museo de Tres Algarrobos, en cuyo patio hay una pintoresca y antigua calesita totalmente refaccionada que suele funcionar en verano, dándole un toque especial a las tardecitas.

100 costillares y carrera de sortijas: Un pueblo a puro festejo

Sin lugar a dudas, la fiesta más esperada de la localidad es el dí­a del pueblo, cada 17 de agosto, donde se realiza el desfile de las instituciones junto a agrupaciones gauchas.

Desde muy temprano a un costado de la plaza principal está listo el fuego con el asado a la cruz que ya marcha para el mediodí­a.

El año pasado se asaron 100 costillares y participaron miles de personas del almuerzo. En muchas ocasiones los asistentes duplican la población. Hay tablones dispuestos en las calles para disfrutar de una intensa jornada. Una verdadera fiesta popular de la que participan todos, ya que miembros de la comunidad donan la carne y todo lo recaudado es a beneficio del hospital local.

Por otro lado en noviembre, para el día de la tradición se realizan las típicas carreras de sortijas, con cantantes locales y danzas folclóricas. Es organizado por la delegación de Tres Algarrobos y la cantina es a beneficio de la escuelita rural.

Mientras más uno habla con la gente de este pueblo, más proyectos va descubriendo. La solidaridad de su gente, la prolijidad que se percibe en sus calles y avances tecnológicos como el tendido de fibra óptica, hacen de este lugar un "Pueblo chico con sueños grandes".

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