TITO Y SU PINCEL
Un agradecido a la vida. Así puede describirse a Tito. El tono alegre de su voz, las palabras felicidad, paz y alegría presentes en sus relatos, el entusiasmo por transmitir su experiencia y la fuerza que le pone a sus proyectos, lo hace un ser más que especial. Tito vino al mundo para tocar el corazón de la gente, para que todos recordemos lo importante y para enseñarnos que a pesar de todo se puede ser feliz.
Vive desde muy chico en Jacinto Arauz, localidad de alrededor de 2900 habitantes ubicada al sureste de La Pampa. Para él, Jacinto Arauz es como una gran familia. Este artista plástico es el embajador cultural del pueblo y es también muy reconocido por la comunidad que destaca su arte y su filosofía de vida.
Tuve la suerte de hablar con él un martes a la mañana. Llamé y estaba pintando. Cuando pinta, Tito siente paz. Tengo 46 años y a los 8 descubrí que podía hacer esto. Antes, cuando no pintaba con la boca, no era feliz.
Recibe visitas en su atelier, participa de exposiciones y da charlas en colegios. Gracias a la pintura tengo la oportunidad de viajar a distintos puntos del país para participar en exposiciones y dar conferencias, explica. Ya realizó más de 120 viajes por Argentina y estuvo un mes con actividades en Uruguay. Tito viaja siempre acompañado por su incondicional mamá Mercedes. Pirucha, como la conocen en Arauz.
Una de las cosas que Tito disfruta más son las charlas en los colegios. Les hablo mucho a los chicos para que se valoren y aprecien cosas como poder caminar o jugar a la pelota, porque yo no tuve esa posibilidad. También les doy la oportunidad para que me pregunten lo que quieran. No sabés la atención, el silencio y el respeto con el que escuchan, es espectacular, explica Tito y agrega que lo más lindo es que pasan los años y me siguen escribiendo al facebook, `no nos olvidamos de tus consejos, gracias Tito´, esas cosas te dan una fuerza increíble. A los chicos de la secundaria les hablo sobre la droga, el sida, les digo que usen preservativo, porque si no se cuidan ellos, nadie los va a cuidar.
A Tito no le gusta la palabra discapacitado porque si vos te pones a pensar, todos tenemos una discapacidad. Yo soy especial. Y bueno... este especial trabaja, viaja por Argentina, tiene amigos. Tiendo a hacer una vida normal, a pesar de que tengo que tener a una persona al lado mío para que me asista. Pero bueno, gracias a Dios me siento feliz. Trato de mantener la mente ocupada, les hablo sobre eso a los chicos, les digo que tienen que tener la mente ocupada, que así uno se siente mejor desde todo punto de vista.
Hace unos años Tito cumplió un anhelado sueño. La edición del libro que cuenta su historia. El título El trencito que me cambió la vida hace referencia su primer dibujo, con el que descubrió su vocación. No sabés la alegría que tengo de que se haya podido editar. Se usa mucho en las escuelas y cuando salgo a dar una vuelta por el pueblo la gente me pregunta si es cierto que me pasaron esas cosas.
Es también un abanderado de las luchas por la accesibilidad. En cada oportunidad que se le presenta, habla sobre el tema. Lucho para que se hagan rampas, baños adecuados para personas especiales... de hecho cuando ampliaron el hospital de Jacinto Arauz, me consultaron sobre las reformas. Esas cosas te hacen sentir muy bien. Gracias a Dios acá en Argentina se avanzó muchísimo, fíjate que hace 15 años los aviones no eran aptos para las personas especiales y en estos momentos sí. Eso es un avance muy grande.
Una familia gigante
Lo que más me gusta de mi pueblo es la paz que hay. Tengo una silla eléctrica que manejo con la boca. Hay días que necesito despejar un poco la mente y salgo a dar una vueltita. La gente me cuida muchísimo y si está medio frío se escucha `Tito, hace mucho frío, andá a abrigarte. Yo voy por el pueblo y todo el mundo me abre la puerta, me invita a pasar. Te digo la verdad, para mí Jacinto Arauz es como una familia gigante.
El pueblo, pegado al límite con Buenos Aires, nació con la llegada del tren. Esto hizo que se establecieran en el lugar inmigrantes que llegaron desde Rusia, Polonia, Italia, Alemania y España, entre otras, lo que generó una gran diversidad religiosa. Hay luteranos, valdenses, católicos y pentecostales, por mencionar algunos.
Se toma como fundación al 6 de abril de 1889, y dentro de las principales actividades económicas pueden mencionarse la agropecuaria, industrial, minera (salinas) y turística. Su nombre es un homenaje a la persona que donó tierras para la creación del pueblo.
Para contactarse con Tito (que ya está armando su agenda de charlas y exposiciones 2015)
E-mail: titoysupincel@gmail.com Web: www.titopintaconlaboca.com.ar FB: titooveseika
La huella de Favaloro
El doctor vivió y ejerció en el pueblo durante 11 años. María Elena Bertón, del Museo Histórico del Médico Rural René Favaloro, explica que fiel a sus convicciones, el doctor no cobraba a quien no tenía, cobraba una media a quienes tenían ingresos normales y a las personas pudientes les cobraba bien.
Llegó en el año ´50, invitado por su tío Manolo que vivía acá. A los dos años llega su hermano Juan José y terminan de instalar la clínica con internación y quirófano, fundamental para la localidad. Antes, si alguien era derivado, el traslado se realizaba en tren, único medio de transporte que existía y que pasaba una vez por día hacia Bahía Blanca, la ciudad más cercana.
Junto a Juan José compraron un equipo de rayos X (el tercero en ingresar al país) que instalaron en Jacinto Arauz y que aún hoy se encuentra en funcionamiento. María Elena aclara que Lo que llegó a hacer en su vida profesional lo inició en Jacinto Arauz. Su visión era la de invertir, mejorar siempre y crear conciencia en la población sobre todo en prevención primaria de salud. Fue un pionero en muchas cuestiones, junto a su hermano. Entre los dos formaron a todo el personal de la clínica. Las enfermeras resaltaron siempre lo humanos que eran en el trato hacia el personal y cuentan que cuando él estaba en sala de cirugía les comentaba su ideas a futuro y ellas no lo entendían. Recién cuando se hizo conocido a nivel nacional, se dieron cuenta de cuál era la cuestión que quería desarrollar. La técnica del bypass.
En los ratos libres, la huerta
María Elena cuenta que en los ratos libres, que eran pocos porque en general los médicos de pueblo atienden las 24hs, los dedicaba a su hobby que era el contacto con la tierra y la naturaleza. En la casa tenía un patio grande donde tenía frutales y una gran huerta. Era un apasionado de la tierra, de la naturaleza, de hecho se enamoró de los atardeceres pampeanos. Ya con la clínica instalada y a la tardecita cuando terminaban la jornada, los hermanos se reunían, escuchaban música y ponían discos grabados con clases de Inglés. De hecho en el museo está el catálogo de discos, finaliza.