Solidaridad con cuerpo de mujer

05-02-2004

Nacida en el barrio de Alta Córdoba, desde chica manifestó interés por lo que menos tenían.

Se casó muy joven y a los 30 años comenzó a trabajar en distintos comedores para chicos de la calle. Vivió en Brasil por un tiempo y a su regreso a la Argentina decidió que era hora de tener su propio comedor. Gracias a contactos y a una cómoda situación económica que gozaba en ese momento las cosas se facilitaron mucho.

En 1989 su sueño se hizo realidad y el comedor de los chicos limpiavidrios del centro fue inaugurado.

En un comienzo eran cerca de 70 los niños en esa posición, actualmente son más de 5.000 en toda la capital cordobesa. Es evidente que la situación ha cambiado y mucho, incluso para ella, que lucha día tra día para mantener en pie todo lo que con tanto esfuerzo ha conseguido. Son 100 los chicos que diariamente comen con ella, los que se encuentran exclusivamente en el área céntrica de la ciudad de Córdoba.

"Estoy quebrada", cuenta Favella cuando se le pregunta por su situación financiera. Siguen adelante gracias a distintas personas y comercios que con donaciones sostienen el comedor.

"Desde el 91 tuvimos Paicor, pero actualmente el subsidio que nos proporciona el Gobierno de la provincia de un 1 peso por cabeza para cada almuerzo es evidente que no alcanza para nada. Nuestra situación es más que complicada", cuenta.

Pero no sólo es alimento lo que se les proporciona a los chicos , sino que de ser necesario se les da ropa y hasta se los higieniza. Incluso muchas de las personas que trabajan en el comedor lo hacen por el alimento o por la ropa que les pueden proporcionar.

Favella no es ingenua a la difícil situación económica que golpea a los argentinos en especial a los que menos tienen. Por esa razón ha puesto en marcha un programa de capacitación laboral para jóvenes, cuyo objetivo es tratar de capacitar a los chicos en diferentes tareas como electricidad, plomería, etc.

Este programa se implementó para tratar de sacarlos de la calle y que con el tiempo cuenten con las herramientas necesarias para acceder a un trabajo digno.

"Lo más difícil para un niño es pasar la adolescencia en la calle. Hay que cuidar la adolescencia de los chicos para que sean hombres de bien en el futuro", dice Favella.

Otro de los problemas importantes que enfrentan los jóvenes son las drogas. El comedor ha desarrollado de la mano de personal capacitado un Programa de seguimiento conjunto con la Casa del Joven, para tratar cada caso en particular.

Frente a este panorama le preguntamos su opinión acerca de los políticos de turno. "A los políticos les falta solidaridad, no se debe dar sólo por política. Me duele y me da vergüenza esta actitud", así de categórica fue Favella al responder.

A los 66 años es normal que una persona que ha trabajado toda su vida se sienta cansada, más si le ha tocado como es su caso, luchar contra la injusticia y el hambre. Pero Favella Rodriguez confirma que ella es la excepción a la regla cuando asegura, "Pienso seguir en esto hasta el día en que me muera".

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