SI HABLAMOS DE BÁSQUET, HABLAMOS DE NÉSTOR

11-05-2016

Hay algo que suele pasar en La Para, localidad ubicada al noreste de Córdoba, que no sucede en todos lados. En un pequeñísimo lapso de tiempo uno puede cruzarse con personas cuya admiración por el pueblo es tal, que les sale por los poros.

Sólo para dar un ejemplo: Si por casualidad la visita comienza por el canal de televisión cooperativo, uno puede encontrarse con Gabriela Peralta. Si sigue por el museo, al frente de la plaza conocerá a su director, Carlos Ferreyra, y si el tema es el deporte, se reunirá con Néstor Chiantore en la Municipalidad. La fascinación de estas personas por La Para puede explicarse con una palabra: pasión. Pasión por el pago, por quienes lo habitan, por su acontecer y su historia.

Néstor Chiantore tiene 74 años. Es muy alto (1,90mts), está a cargo del área de deportes y es dueño de una memoria prodigiosa. Nació a unos kilómetros del pueblo, en el campo, y su familia estuvo presente en esta zona desde hace más de 100 años. “La Para se fundó en 1911, tanto mis abuelos maternos como paternos compraron tierras en esa época. Ellos vieron cómo nació el pueblo”. Cuando tuvo 4 años Néstor fue a vivir a la zona urbana. “Mi papá y dos de sus hermanos compraron un aserradero donde trabajaban alrededor de 40 personas. Se estaban construyendo en la zona varias escuelas y ellos estuvieron a cargo de la fabricación de las aberturas y su colocación. Trabajaron, por ejemplo, en la escuela nacional 75, hoy escuela Dalmacio Vélez Sársfield”.

Néstor se recibió de bachiller y perito mercantil en Córdoba. “Volví al pueblo y empecé a trabajar como empleado de la cooperativa agropecuaria. Hice toda una carrera dentro del movimiento cooperativo hasta el año 1984”, comenta.

Es imposible conversar con él sin que en la charla aparezca el pueblo. Sobre los orígenes, resalta la determinación de la gente para generar sus propias instituciones. “La necesidad hacía que los vecinos se agruparan. Ese es el caso por ejemplo, de las cooperativas, donde la solución indefectible era `nos juntamos y lo hacemos´”.

En lo que puede, Néstor colabora. Él no me contó, pero al ver fotos de hechos fundamentales de La Para, o de reuniones en tal o cual lado vinculadas al deporte aparece al fondo, con su altura inconfundible. “Además de participar del club y de la comisión del hospital vecinal, integré la comisión de festejos de los 75 años de la localidad”, asegura.

Una vida junto al deporte

Hay dos clubes en el pueblo. La Sociedad Cultural y Deportiva “La Para” y el Centro Juvenil Sportivo Belgrano. Néstor estuvo siempre ligado al último, tal es así que integró la comisión directiva tres décadas. Es más, el centro de entrenamiento de esa institución (donde hasta el día de hoy Néstor va al gimnasio) lleva su nombre.

“Cómo no voy a estar cerca de ese club si prácticamente se fundó en mi casa. Mi padre y sus hermanos preguntaron a los empleados si querían integrar la comisión. La fundación fue el 9 de octubre de 1945 y siete años después se inauguró la cancha de básquet. Hicieron las columnas para los aros en la fábrica de mi padre”.

El básquet es su deporte preferido. “Recuerdo que jugaba desde chico, e incluso cuando trabajaba en la cooperativa. Me destacaba por mi altura”. Fue también profesor de educación física en el Instituto Monseñor Esquiú por 10 años. “Tuve que dejar la docencia porque no me daba el tiempo, pero ese fue sin dudas el trabajo que más me gustó”.

Néstor no puede estar sin hacer ejercicio. “Lo tomo como filosofía de vida. Me quedó la costumbre de cuando era estudiante. Hacía futbol, vóley, básquet y corría. Cuando volví a La Para me quedé con básquet. Jugué en el club hasta los 39 años. En una oportunidad me quisieron llevar a Córdoba, pero como estaba con dos trabajos me fue imposible”, recuerda.

Asimismo, nunca se alejó de este deporte y hasta el día de hoy es secretario de la Asociación de Básquet de la región, integra la subcomisión de básquet del club Belgrano, el tribunal de cuentas de la Federación de Básquet de Córdoba y el Consejo Regional Nº15 de deportes de la provincia.

Un lugar llamado La Para

Ya los orígenes de la localidad la hacen diferente. Fue una mujer, Petrona Rodríguez de Peralta, quien donó las tierras para la construcción de la estación del ferrocarril, la plaza y el cementerio. La fundación fue en 1911 y el pueblo lleva el nombre de la estación por el arroyo Brazo La Para, uno de los antiguos cauces del Río Suquía.

Toda la zona está muy ligada a la Laguna Mar Chiquita, ese gran espejo de agua que está muy presente en las charlas de los habitantes del pueblo con sus historias, sus leyendas y su geografía. Es más, dicen que en ocasiones cuando el agua está baja y se viene el viento, puede percibirse sal en el aire. Visitar Mar Chiquita siempre es un buen programa y quienes viven en la zona se hacen una escapadita los fines de semana, durante las vacaciones o en cualquier momento, para disfrutar de ese regalo de la naturaleza.

En La Para hay muchos personajes locales, y es imposible mencionarlos a todos. Néstor me acompañó a recorrer los antiguos terrenos del ferrocarril, donde se encuentra el homenaje a la fundadora, otro a Rolo, el histórico fotógrafo del pueblo, para luego pasar por la calle que desde el año pasado recuerda a Pablo Sebastián Bossio, presidente del Centro Juvenil Sportivo Belgrano. También me contó la historia del barrio Juan Pacheco. “En honor a un pibe joven que dio su vida para salvar a personas que naufragaron tras una fuerte tormenta en la laguna. Juan fue a auxiliarlos y falleció junto a ellos”.

Si uno camina por el pueblo, comparte un cafecito y habla con su gente, tarde o temprano sonará el nombre de Pablo Guglieri. Un inmigrante italiano que llegó a Argentina `con una mano atrás y una adelante´. En Europa fue albañil y agricultor y en nuestro país fue peón en el ferrocarril, albañil y porteador. Luego generó su propio negocio de chacinados con un socio e hizo una importante diferencia económica.

Guglieri fue fundador de las localidades de Gardey y Daireaux en Buenos Aires. También fue el primer intendente de La Para, en 1926. Unos años antes conoció estas tierras y quedó deslumbrado por la laguna Mar Chiquita, también denominada Mar de Ansenuza, donde quiso crear un polo turístico que superara a Mar del Plata.

Así fue que construyó el hotel Savoy con 130 habitaciones, a unos kilómetros de La Para sobre la laguna de sus sueños. Fue tal la envergadura de la obra, que mandó a instalar vías que conectaran el lugar con la estación de tren para el traslado de materiales. “El hotel nació bajo el signo de la tragedia. Guglieri lo inauguró en diciembre de 1926 y dos meses después falleció su hija en un accidente, al caer la avioneta que la transportaba”, comenta Néstor, mientras busca en la computadora una foto histórica, donde se observa el avión con el hotel de fondo.

Las cosas no fueron como Guglieri soñó. No le fue muy bien con el emprendimiento turístico y en el ´43 decidió demolerlo. Unos años más tarde construyó el Nuevo Hotel Savoy sobre Laguna del Plata, un espejo de agua subsidiario a Mar Chiquita que se encuentra a unos kilómetros del pueblo, en la ruta que va hacia la localidad de Marull. Hoy puede verse parte de la construcción desde el Camping Municipal Bahía de Ansenuza.

Desde ese lugar, donde cada atardecer regala un bellísimo paisaje, llegó la hora de emprender el regreso con muchas imágenes, historias y hermosos momentos compartidos con la cálida gente de este pueblo.

Agradecemos los aportes de Gabriela Peralta y Carlos Ferreyra

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