Recuento penal

22-02-2005

El mediador

La situación en la cárcel se había vuelto ingobernable. Tanto fue así, que durante el motín se vieron obligados a reconocer que la capacidad de negociación que tenían las autoridades era mínima. Allí surgió la figura del Cura del Penal, Hugo Olivo, como mediador.

Hugo Olivo dijo que: “No podía imaginar la magnitud de lo que realmente estaba aconteciendo en ese lugar y bueno, a partir de ese momento, escuchar. Estuve parado en la puerta de la Cárcel, de la penitenciaría, con la gente que hacía todas las tratativas con los internos, donde dos mujeres de los internos y un liberado, un papá de los internos, hacían también las mediaciones en ese momento. Simplemente me puse a disposición y le hice saber a los internos que estaba allí, ellos mi presencia y que estuviera con ellos que los acompañara, en el primer momento yo les pregunté a las autoridades en que podía ayudar, simplemente en ese momento lo que hacía era recibir a las personas que bajaban ellos por un cable que estaban heridas. Si yo reconocía el nombre se lo daba a conocer a las autoridades. En ese momento había que intentar analizar lo que iba sucediendo. Al cabo de las horas ibas escuchando las conversaciones telefónicas que se tenían con la población por intermedio de personas que estaban allí que usaban los medios de comunicación, con Claudio que era uno de los que llevaba a cabo toda la operación y cuando fueron pasando las horas uds ya saben que fueron las once doce, doce y media. Hubo un problema porque hubo una sensación de disparos, nosotros estábamos al medio, allí en ese momento habían quedado en que iban a liberar un grupo de rehenes que justamente iban a venir en grupos de a tres. Íbamos a tratar de que viniera la mayor cantidad de gente.”

Finalmente se arregló la mediación del Padre Hugo:

“Entonces me fueron llevando pabellón por pabellón cuando iba ingresando me encontraba con las familias llorando, los guardias, los mismos internos, los internos que preguntaban que iba a pasar con ellos: Varios decían, padre usted se va de acá y después usted se va y ¿nosotros que? Muchos me decían “ya tuve esta experiencia en otros penales” Yo les pedí que confiaran, que no íbamos a volver a repetir errores del pasado, que confiaran en Dios que yo me iba a quedar con ellos hasta el último, y que por favor me creyeran. Eso era difícil en ese momento porque hasta los mismos guardias, varios de ellos me decían: “nosotros no se si salimos vivos, recupere el resto” pero creo que en ese momento siempre hubo una luz de esperanza porque cuando yo les decía yo ya voy a volver a pasar es como que ver al sacerdote al medio de la cárcel y al fondo y creer que era yo el que estaba en ese momento, es como que para algunos fue un motivo de alivio. Se fue dando así, hasta que mas o menos yo calculo que debe haber sido tres horas y media, cuatro horas yo calculo, que a las nueve y media diez yo ya había hecho toda la recorrida pabellón por pabellón, solamente no pude ingresar al pabellón especial A y al cinco que estaban encerrados, el pabellón especial A había estado electrificado para que no ingresara el resto de la población, porque es un pabellón donde están los familiares de los policías. Bueno, una vez que hice toda la recorrida cuando vine, el otro desafío. En ese momento se acercó el fiscal de turno, el señor Weich, que me dio una gran confianza.

Eran los mismos empleados, los mismos guardias que tenían que ayudar en esta situación, vos imaginate la susceptibilidad que queda después de un robo, imaginate después de esto. Entonces por allí se habla y se comenta, entonces yo creo que es bueno saber que nosotros como sociedad, la gente que nos representa, que nos ayuda, que están en este momento llevando la situación, son esas madres, yo veía gente que había colaborado con la situación, que volvía a trabajar después de todo eso y que había dejado a sus hijos en su casa y trabajando para tener un sueldo y darle de comer a una familia. Esa gente es un ejemplo para mí.

Ellos junto con los maestros, los mismos guardias y los internos que iban a reestablecer el orden, son personas que realmente le ponen el lomo a la cuestión, por eso como sociedad yo creo que tenemos que pensar que no tenemos que hacer juicios generalizados. Entonces por allí, tendríamos que analizar cual fue la situación del motivo de diálogo. En mí caso, como sacerdote, fue creer o creer y saber que estamos en manos de Dios. Nuestras vidas están en manos de Dios. Para una persona no creyente, también está el milagro del diálogo y porque había personas que estaban consumiendo remedios que habían sacado del mismo hospital, gente que le entregaba el remedio en ese momento, entonces ante esa situación, la pregunta que nos tenemos que hacer es ¿Quién fue el que nos llevó al diálogo?”

Motines históricos

El penal de Barrio San martín tiene varios antecedentes de motines y levantamientos que nunca tuvieron como resultado un cambio de fondo.

Si nos remontamos a la historia de la penitenciaría podemos decir que en abril de 1959 hubo un movimiento de protesta por parte de los reclusos, que reclamaban mejores condiciones, que finalizó rápidamente sin incidentes. Durante ese año directores carcelarios de la provincia pidieron que se analizaran las condiciones de los penales cordobeses. Lo que se destacó como mayor problema fue "la antigüedad de la estructura del edificio, construido para presos que no tenían la mentalidad rebelde de los actuales", Pocos días después, tras ser intervenida, se habló de una excesiva cantidad de presos en la cárcel, entre los que había menores de edad, mezclados con peligrosos delincuentes.

Un año después, durante la Nochebuena de 1960, un amotinamiento dejó dos presos muertos. Durante 1971 hubo 17 muertos por enfrentamientos, sumadas las víctimas del penal número 2 y del de encausados, ubicado en la misma ciudad. La causa de la gresca fue el hacinamiento al que se veían sometidos los reclusos, cuya población era del doble de lo que podía contener el edificio, ya en esa época tenían sobrepoblación.

En abril de 1983 se denunció la venta de drogas dentro del penal. Se sospechaba que un empleado del Servicio Penitenciario era el responsable de ingresar psicofármacos en el penal y luego venderlos entre los presos. El último antecedente es de abril de 1997, cuando a raíz de una denuncia periodística se realizaron allanamientos en el edificio para investigar si allí funcionaba un red formada por reclusos y personal penitenciario. Presuntamente, este grupo comercializaba cocaína, marihuana y algunos psicofármacos.

Sin embargo hubo otros levantamientos más pequeños durante el 2004 que no tuvieron un final trágico pero que ya hacían presumir un conflicto de mayor magnitud.

Suscribite al newsletter

COLSECOR Noticias

* no spam