Museo histórico de Monte Hermoso (BsAs)
Por Néstor Piccone (*)
Las playas de Monte Hermoso ostentan las temperaturas más cálidas de las ciudades balnearias del litoral Atlántico argentino. Pero -además- en los últimos tiempos ha visto desaparecer las aguas vivas que eran el terror de los bañistas.
Quien confirma este dato (fundamental para los turistas que alguna vez padecieron la acción de las pequeñas medusas) es Juan Sorensen, director del Museo Histórico de Monte Hermoso; quien además de cuidar el lugar, es un buceador de vestigios y huellas de la memoria de la ciudad.
Monte Hermoso tiene tres museos, el de Ciencias Naturales, el del Faro La Recalada y el Histórico. Pero quien quiera conocer la zona debería iniciar el recorrido por el Museo que dirige Sorensen, entre otras cosas, porque tiene la ventaja de estar abierto todo el año.
Desde el Museo Histórico se puede armar el itinerario del que surgirán las pistas para recorrer la cultura de un lugar pleno de misterios y de capas geológicas que están al alcance de la vista y de la mano.
El Museo Histórico tiene una característica muy particular, además de las piezas que exhibe es la puerta de entrada a la historia, cuestión que mantiene viva.
Juan Sorensen es un apasionado de la tarea que lleva adelante. Según nos cuenta: el Museo Histórico tiene de todo, sólo le falta espacio para albergar la cantidad de objetos que desinteresadamente ceden las familias del lugar.
Y no sólo de Monte Hermoso, cuenta Sorensen, este año tuvimos el privilegio de que un vecino de Bahía Blanca, ciudad que está a 100 kilómetros y que tiene muchos museos -aclara- eligiera el Museo Histórico para donar 12 réplicas de vehículos del siglo XIX como carretas, berlinas, sulky, volantas...
Otro hecho curioso del Museo es la instalación de una peluquería de época, completa, con todos los enseres típicos, que perteneció a otro pionero de la ciudad.
La electricidad llegó a Monte Hermoso a mediados del siglo pasado. Esa realidad facilita que aún hoy los vecinos acerquen artículos del hogar que conforman una batería de estufas, calefones, lámparas, heladeras que permiten imaginar cómo era la vida cuando el mundo se movía a kerosene. Los ciudadanos de a pie son los que van llenando los estantes, por ejemplo, de sifones y de radios antiguas.
Esa dinámica participativa, ganada por la personalidad del director, hace que no sólo los ciudadanos en forma particular sino las instituciones escolares, cooperativas, privadas y públicas y comerciantes depositen sus reliquias y testimonios de costumbres para que propios y ajenos puedan revisitar épocas pasadas.
Hace poco tiempo los dueños de una estancia del lugar que reconstruyeron un puente de hierro, cedieron parte de las piezas originales. Este hecho llevó a que Sorensen armara un espacio con fotos en las que se puede ver a familias enteras remolcando o empujando carruajes o autos que se encajaban en los arenales y dunas de las playas de Monte Hermoso.
A cien años de soledad
Una historia que no es cuento.
Los médanos de lo que hoy es Monte Hermoso se solazaban corriendo de Norte a Sur o modificando el paisaje de Este a Oeste siguiendo la línea que desde el fondo de la historia les traza una costa donde el sol nace y muere en el mar.
La señal lumínica, que a intervalos fríamente calculados emitía el Faro, no pudo ser avistada -a tiempo- por los tripulantes de la goleta Lucinda Sutton que el 1 de abril de 1917 surcaba los mares del sur buscando el puerto de Ingeniero White.
El fuerte temporal que esa noche azotó la zona impidió que las luces del Faro -hoy conocido como de la Recalada- construido con reminiscencias de la Torre Eiffel de París, pudiera cumplir con su misión.
Ante la inminencia de quedar encallados el capitán y los marineros comenzaron a echar por la borda la importante carga de tablas y tirantes de pino Brasil y pinotea que traían del país vecino.
En ese momento nadie podía imaginar que el cargamento, desechado de apuro, para evitar la muerte o al menos la destrucción de la nave, se convertiría en el punto de partida de lo que en poco tiempo sería el atractivo principal del balneario: El Hotel de Madera.
Museo Histórico de Monte Hermoso
Av. Bahía Blanca 224.
Teléfono: 02921 48-1678
Abierto todo el año.
Las tierras donde recalaron las valiosas maderas pertenecían al ingeniero Esteban Dufaur. De su imaginación surgió la idea de iniciar un emprendimiento turístico. Asociado a Gabriel Duc, quien por esa época acreditó ser el destinatario del cargamento, y Antonio Arizaga constituyó una sociedad comercial con el objetivo de construir lo que luego sería el Hotel Balneario Monte Hermoso.
Fue inaugurado en enero de 1918 y contaba con una confitería y varios anexos además de brindar el servicio 60 habitaciones, las que por supuesto no sólo se hicieron con las maderas del naufragio, pero sin éste, nunca se les habría ocurrido.
A 100 años de los hechos, Sorensen puso en acción la capacidad del Museo Histórico para concretar una celebración destinada a rememorar aquel accidente fundacional que vino a clausurar la soledad de las dunas costeras.
El Museo Histórico de Monte Hermoso convoca al reconocimiento del Museo de Ciencias Naturales y del Faro la Recalada, dos lugares imperdibles a los que se suma el increíble pisadero un yacimiento paleontológico y arqueológico con cientos de huellas humanas, con 7.000 años de antigüedad.
(*) Periodista-Lic en Psicología