LO QUE DEJÓ EL AGUA

10-04-2015

Hacia finales de Febrero la provincia de Córdoba sufrió tormentas que generaron pérdidas casi incalculables. Lo que parecía ser una crisis en las sierras chicas pronto se extendió a otros puntos de la provincia mediterránea y luego incluso a las provincias de San Luis, Santa Fe, Santiago del Estero, Salta y Tucumán.

En todo este proceso estuvieron presentes en el auxilio de sus vecinos, de los bomberos voluntarios y distintas organizaciones no gubernamentales. El domingo 15 de febrero a la madrugada empezó a llover y nunca paró hasta la noche del lunes. El agua siguió cayendo por varios días más. Aquella primera tormenta lanzó 264 milímetros que produjeron la creciente más grande de la que se tenga memoria.

Los bomberos voluntarios y el trabajo incansable

La noche del temporal, las radios de los bomberos voluntarios de toda la provincia tuvieron actividad como nunca. Primero en la zona de las sierras chicas, se reagruparon como pudieron y comenzaron rápidamente a recorrer las zonas de costa y bajas de los ríos. Luis es voluntario del cuartel de Río Ceballos, mientras cumplía su guardia cuando la situación estaba controlada dijo, “prefiero no hablar mucho, es una situación muy difícil para todos”, sin embargo recordaba muchísimos detalles. “Fue muy duro encontrar gente fallecida, afectó mucho a los compañeros”. El destacamento de Río Ceballos fue el lugar de reunión de bomberos de toda la provincia que actuaron por iniciativa propia. Luis destaca “quiero remarcar que vinieron compañeros de todas partes, incluso poniendo los recursos de sus propios cuarteles, sin órdenes superiores sino por la propia iniciativa. Tuvimos más de 50 bomberos sólo aquí en la zona de este cuartel, que trajeron su equipo y se autoabastecieron. Vinieron de Río Tercero por ejemplo, con equipos de buzo, ellos fueron quienes hicieron rastrillajes, también de Devoto”. Más tarde el problema se extendería sin dar respiro a los bomberos. “Ésta misma situación se repitió en toda las sierras chicas, bomberos voluntarios de otros pueblos vinieron al rescate sin que nadie se los pida”. Luis, que también trabaja en un servicio de emergencia cuando no es bombero, rescato el valor y explicó que quienes hacen esta tarea, definitivamente lo hacen por vocación y no por dinero. En el cuartel sobran los ejemplos de historias anónimas y heroicas pero lamentan tremendamente las pérdidas. “Hubo gente que murió e incluso muchos vecinos reprochan que no haya sonado la sirena del cuartel, lo que ocurre es que esta sirena ya no se usa hace años, porque solo era para convocar a los compañeros y por otro lado, no podíamos avisar sobre algo que no sabíamos que iba a ocurrir”.

Luis relató varios rescates e incluso anécdotas de gente shockeada: “el río estaba bravo y una mujer se acercó a la orilla a donde podía desmoronarse todo, le pedí que salga y me dijo que ella siempre iba ahí a fumarse un puchito... le contesté que bueno, que cuando se la lleve el agua me pegue un grito así podía sacarla. Me miró con cara rara pero se fue. Muchísima gente andaba filmando con celulares o sacando fotos poniendo en riesgo su vida, es algo increíble”.

La ingrata tarea de rastrillaje y también la de limpiar puentes es parte de la actividad que realizaron, pero no serán recordado por eso, sino por los rescates de personas que incluso resistían en el techo de sus casas hasta que los bomberos o algún vecino pudo sacarlos. 400 bomberos voluntarios se pusieron a disposición del Comité de Crisis de la Provincia. Más tarde, pasado el aluvión, coordinaron tareas y donaciones. No fue esta la única asociación civil que actuó para paliar las necesidades. La universidad a través de la facultad de psicología estuvo presente y sigue acudiendo a las zonas de catástrofe brindando contención emocional a los afectados. Cientos de artistas se sumaron a movidas solidarias en beneficio de los damnificados. Luis y sus compañeros, al tanto de estas actividades sostienen “Ojalá dure y se haga seriamente el trabajo de reconstrucción, el primer día aparece mucha gente y donan cosas. No nos gusta que se haga política con esto por eso queremos que dure la ayuda, por eso muchos vecinos valoran lo que hacemos porque tenemos la misma actitud hacia todo el mundo”. Al igual que los estudiantes universitarios, miles de personas auto convocadas y organizadas acudieron para palear el barro y llevar elementos de limpieza y agua a los inundados.

Una historia sencilla

Carlos Suárez es jubilado, una de las tantas personas que se mudó escapando de la gran ciudad. Dejó Córdoba y se instaló con su familia a la orilla del río. “Vine a buscar tranquilidad” dijo al tiempo que señalaba su vivienda destruida. Carlos tuvo suerte, fue rescatado por sus vecinos durante el pico del temporal. Frente a su casa como al de muchos inundados el olor es fuerte, el barro está amontonado, hay basura por todas partes, objetos que no se reconocen y otros que no hay manera de imaginar cómo llegaron hasta el lugar. Cuando llegó la creciente Carlos estaba sólo en casa con sus dos perros doberman. Sintió que el agua entraba y comenzó a sacarla con un palo de piso “un blooper” dijo. Más tarde el río había superado todo lo imaginable, volteó las paredes de las medianeras de la casa, comenzó a llevarse el piso del patio y llegó al metro y medio. Carlos no podía abrir la puerta ni salir, su única reacción fue salvar a los perros colocándolos sobre una mesa y filmar con el celular como el río se llevaba su automóvil que milagrosamente se detuvo sobre una pirca unos 100 metros río abajo y casi no sufrió daños. El agua crecía y solo la solidaridad y valentía de los vecinos lo salvaron.

Mientras acomoda muebles en la entrada de la casa intentando secarlos comenta: “Vinieron los vecinos de más arriba, uno apodado “la chancha” me gritó que salga. No podía porque la corriente no me permitía salir por la puerta”. Carlos estaba atrapado con sus perros, mientras los vecinos idearon la manera de rescatarlo. Arrancaron la ventana de la pieza más lejana al río: cortafierros, mazas y mucha adrenalina lograron rescatarlo, primero los perros y luego Carlos saltaron por la ventana mientras el río enfurecido seguía llevándose cosas de todo tipo. “La saqué barata, con el auto y porque no me pasó nada, la casa está dañada pero yo estoy bien, no sé por qué nunca nadie nos avisó nada”, es la pregunta que se hace al igual que muchísimos vecinos.

Las más afectadas

Idiazábal y Balnearia resultaron ser las localidades más afectadas por las inundaciones. Hubo aproximadamente 2000 evacuados, en su mayoría de estas localidades, aunque también en menor medida de otras localidades como Jesús María, Maquinista Gallini y Bell Ville. Los bomberos voluntarios explicaron que era un desolador panorama, como el de un pueblo fantasma. Idiazábal es un pueblo de la pampa gringa ubicado sobre la ruta provincial 6 y a unos 70 kilómetros al sur de Villa María. La mayoría de sus casi 1.500 habitantes se dedican a tareas rurales o están vinculados con la producción agrícola. Los edificios públicos y la cooperativa en particular tuvieron pérdidas totales. Se estima que hay 500 mil hectáreas anegadas en toda la provincia, provocando grandes pérdidas en la industria ganadera y agrícola. Las obras de reconstrucción por el trágico temporal que azotó a toda la provincia demandarán entre seis y ocho meses, según indicó el ministro de Infraestructura, Hugo Testa.

Catástrofes que marcaron la historia

Si bien la intensidad y la constancia de las últimas lluvias son inéditas, en la historia de la provincia hubo tormentas que dejaron numerosos muertos y destrozos.

“Es la primera vez que veo algo así”. Esta frase se les escuchó decir a muchos vecinos en estas últimas semanas, conmocionados por el poder destructivo del agua en distintos puntos de la provincia de Córdoba. Sin embargo, al repasar la historia de catástrofes naturales, se observa que no es la primera vez que las lluvias dejaron a su paso destrucción.

El 1° diciembre 1966, el entonces río Primero se desbordó en su paso por la capital de Córdoba y dejó un saldo de 14 muertos, numerosos heridos, centenares de evacuados y pérdidas millonarias. Haciendo un salto en el tiempo, estas últimas lluvias a muchos les recordó la tragedia en San Carlos Minas. El 6 enero de 1992, un aluvión de madrugada se cobró la vida de 42 personas. Además, destruyó 49 casas y provocó daños en 186. Unas semanas más tarde, el 4 de febrero de 1992, un fuerte temporal se abatió sobre Río Cuarto y provocó destrozos de magnitud y causó dos víctimas fatales. Hubo 100 evacuados y las ráfagas alcanzaron 170 kilómetros por hora.

Suscribite al newsletter

COLSECOR Noticias

* no spam