La salud que da vergüenza

25-04-2008

Lejos de parecerse a un sitio donde se cuida la salud, la casa casi en ruinas de barrio Nueva Córdoba (Rondeau 41), donde - todavía al momento de escribir esta nota - funciona el centro para atención de personas con chagas, cuanta con algunos consultorios, un laboratorio y las historias clínicas de 25 mil pacientes que no saben cual será su destino en los próximos días. “La situación actual es el inminente desalojo”, nos cuenta angustiada la doctora Graciela Correa.

Es que el dueño del terreno inició un juicio de desalojo por falta de pago en el alquiler. Desde el año 2004, el Ministerio de Salud de la Nación dejó de enviar dinero con este fin y la deuda ha crecido desde entonces.

La ubicación y las dimensiones del terreno donde está la propiedad son un banquete apetecible para los proyectos inmobiliarios de la zona. Y esta casa ya tiene fijado su destino, la demolición.

“Es como que no existimos. Estarán muy ocupados con sus problemas locales, pero nosotros estamos acá”, relata la doctora Correa, refiriéndose a la cartera que hoy encabeza Graciela Ocaña. Desde hace años, los profesionales del Servicio vienen comunicando a sus superiores la situación edilicia pero no han encontrado respuesta alguna. Por supuesto, que en todos estos años las partidas presupuestarias para este centro de atención de pacientes con chagas se han reducido a la mínima expresión. Los casi 15 profesionales que hoy trabajan en el lugar - eran 30 hace 3 décadas - hacen su tarea con mucha voluntad y recursos limitados. “No se te decir ahora la cifra, pero a nivel médico es muy poco el gasto que hay, más allá de la limpieza y algunos papeles. Sí es mucho más importante el tema del laboratorio que tiene que tener los insumos para los distintos reactivos”, agrega la doctora a su larga lista de cosas “mínimas” con que cuenta la institución.

A este lugar, concurren a diario pacientes de bajos recursos que requieren detección, diagnóstico y tratamiento de la enfermedad. En su gran mayoría vienen de zonas rurales de Córdoba, de otras provincias y algunos países limítrofes. “Se hacen tratamientos a los niños que son positivos hasta los 14 años y se hacen los controles a los adultos que tienen un chagas que no ha avanzado, que son física o clínicamente sanos pero que tienen la infección, como modo de prevención de que eso posteriormente no evolucione. Además se hace control y tratamiento de los pacientes que ya están afectados, especialmente los que tienen problemas cardíacos serios”, describe Graciela.

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