'LA MIRADA DE LOS PADRES HACE EXISTIR A LOS CHICOS”

27-08-2015

En ese espacio `neutral´ que es el consultorio, padres e hijos desnudan sus vivencias cotidianas y dejan aflorar situaciones propias de esta época, como la híper conexión o la falta de `rituales´ y horarios establecidos. No es que en todos los casos sea así, pero él lo ve cada vez con más frecuencia. Y de esa observación surgieron consejos que empezó a compartir en libros, entrevistas y charlas en todo el país.

En toda Argentina, más en las ciudades grandes pero también en los lugares pequeños, se están observando cambios. Los tiempos son distintos, hay pantallas por todos lados, padres trabajando más horas y chicos que `acusan recibo´. En medio de todo esto, Orchanski recomienda volver a las raíces, “a frases como `se educa con el ejemplo´, como decía mi abuela. Buenos o malos, los padres siempre son modelos”. Habla de pequeñas acciones para afianzar los vínculos “No hay nada oculto, son cosas cotidianas, por eso la gente se identifica”, recalca.

Asegura que hoy en nuestro país las grandes epidemias del SXIX, como la diarrea que causaba un sinfín de muertes, no existen. Que hoy en Argentina el 80% de la población tiene agua potable y puede contar con vacunas de manera gratuita.

¿Qué representa la infancia?

Es una actitud que reúne tres requisitos. El primero es tener un adulto al lado, otro es tener energía suficiente. Hoy los chicos tienen una agenda plena y llegan cansados. El tercero es que los niños, que creen que algunas cosas son para siempre, están empezando a percibir que todo se pasa muy rápido y que se están perdiendo una etapa. O, en cierto modo, les estamos haciendo perder una etapa en este apuro de que consigan cosas. Estamos hablando de una generación que va por los resultados y no por las trayectorias. A mis hijas les digo que es más importante el esfuerzo que un `10´ y que tampoco es feo un 6 si adquirieron el conocimiento. Sin embargo se impone la idea del atajo, el no esfuerzo y el 10 conseguido `de alguna manera´. Mi desesperación como pediatra y siempre desde mi punto de vista, es la desaparición de la infancia a partir de la desaparición de esos tres elementos. Hay poco adulto al lado de los chicos, hay poca percepción de cosas permanentes y hay energía que se va acabando.

Usted habla de nuevos síntomas, ¿A qué síntomas se refiere?

Hay síntomas muy fuertes para los cuales la pediatría no está preparada, para los que no nos han formado. Son síntomas físicos, psicológicos, ambientales, familiares. Hay epidemias que estamos viviendo y para las cuales tenemos que recurrir a herramientas de enfoque, de diagnóstico, que son diferentes a las que aprendí allá en los años ´70. Los síntomas sencillos como las diarreas, las toses, los mocos de la pediatría básica están totalmente solapados por una epidemia muy fuerte de cansancio precoz, de adicción a tecnología, más allá de las adicciones químicas que puede haber en diferentes edades de la adolescencia. También un trastorno muy severo en los vínculos con el síndrome de las casas vacías, con padres que se ausentan por largos períodos.

¿Cómo es ese síndrome?

Niños que viven solos sin presencia de adultos, cuya crianza está en manos de terceros desde muy temprano, viviendo en guarderías o al cuidado de otros familiares, pero no de sus padres. Cuando los padres vuelven no tienen la sintonía de seguir con sus chicos porque están agotados, porque no dan más. Y no es “mala gente”, es gente cansada. Hay una epidemia muy fuerte de obesidad, como consecuencia de la suma del sedentarismo, la pantalla, la comida chatarra y también hay una notable soledad en los chicos. Ni siquiera entre ellos se acompañan, hay mucho amigo virtual. Es el otro el que te construye, te limita, te define como individuo. Ese que viene y te dice `vos sos malo, no me dejás jugar´ o `hagámoslo de otra forma´ y vos creciste. Sin embargo hay pocos “otros” en los cumpleaños. Hay mucho emoticon, mucho mensajito, pero no están los chicos. Estoy viendo en el consultorio muchos chicos cansados, con agendas plenas y tienen 5, 6 años. Entonces en un punto es la negación de la infancia.

¿Se está negando la infancia?

Está apurándose, se le está poniendo formas adultas. Hay chicos que festejan las cosas como adultos, hay chicas de determinado grupo social que festejan su cumpleaños en un spa, hay mucha pornografía filtrada en los sitios infantiles y los chicos no están preparados, ven cosas y no saben qué hacer con eso. ¿Por qué? Porque no hay un adulto al lado.

¿Qué pasa con los padres que a veces tienen que estar bastante tiempo ausentes por el trabajo?

La idea no es la sensación de culpa, porque si uno habla de todo esto, los padres pueden pensar que la solución es volver a estar con los chicos mucho tiempo. Se sienten muy culpables porque están trabajando y eso no es así, es la vida. Pero es importante ser claros, ser honestos con los chicos y explicarles `tenemos que pagar la casa, las cuotas son altas, tengo doble trabajo, no voy a estar. Pero cuando llegue, voy a estar con vos´. Por otro lado está la situación de los padres que cuando vuelven a su casa pagan `el peaje´, que se traduce en la educación complaciente. `-Hacé lo que quieras, qué te voy a retar, la media hora que estoy con vos hasta que te duermas´.

“La fábrica de recuerdos

Orchanski sostiene que lo primero es quitar la culpa a los papás, porque inmoviliza y comenzar a recuperar momentos, jugar y compartir.

¿Puede ampliar esta idea de “estar” realmente con los chicos?

Los chicos saben si uno está o no. Uno puede estar en su casa todo el día y el chico es un huérfano de padres vivos. Hay padres que tienen tiempo libre y no lo distribuyen con sus hijos. Están tan ocupados en otra cosa, tan híper conectados y cada vez que le dicen a los chicos `esperá un minuto´, ese minuto se perdió. Un ringtone de whatsapp interrumpe la charla más profunda y más sustancial. Entonces, hay que poner prioridades.

¿Qué le sugiere a los padres?

Los recursos están a mano, no hay que congelarse en la culpa. Activarse, en los tiempos que uno está con los chicos apagar la pantalla propia y estar. Transmitir valores, no por medio de un sermón sobre el buen ciudadano, sino mostrando con el ejemplo que uno es honesto. Poder decirle a los chicos: `estoy trabajando mucho, pero me acordé de vos y te extrañé´. Es muy importante que cada uno pueda crear una `fábrica de recuerdos´, con los que se sostiene y pelea contra la angustia de la finitud. La inevitable finitud se pelea con recuerdos. De los abuelos, los tíos, el padre, la madre, estén o no estén. El problema es la ausencia de momentos que creen recuerdos. Los recuerdos no pasan por pantallas ni por aparatos, pasan por la emoción. Una vez escuché este ejemplo: `La gente recuerda dónde y con quién vio el gol de Maradona contra Inglaterra, pero ¿En qué televisor lo vieron? Eso da igual, nadie se acuerda´. Los recuerdos también permiten sobrellevar lo que viene. En este sentido, no hay nada más lindo para un chico que contarle la historia de su propia vida. Es también decirle “yo estaba en ese momento, te recibí, te quise tener”. La mirada de los padres hace existir a los chicos. La mirada de costado, de poco interés los pone borrosos. Y la falta de mirada, los hace desaparecer. Hay muchos chicos que se sienten invisibles últimamente. Creo que uno elige a un hijo todos los días de la vida, por eso es importante que sepan que son elegidos permanentemente ”.

¿Cómo se maneja todo esto hoy, con la híper estimulación que tienen los chicos?

A ver, todos los aparatos tienen un botón que dice `apagar´. El tema es que la ausencia paterna y esta complacencia en la educación `porque no estuve´, esta culpa, paraliza. Inmoviliza la palabra mágica que es: `No´. Y el `no´ se sostiene si uno está. Es muy importante sostener ideas y mantener en el tiempo lo que dije hoy. `Y tu mamá piensa lo mismo´ (aunque no piense lo mismo), la consistencia y coherencia frente a los chicos les da mucha tranquilidad y los pone inmediatamente en posición de hijos. `Yo sé que mi papá no está en este momento, pero sé que piensa así´. Y acá entran los límites. A los límites hay que nombrarlos como fronteras. Ambos conceptos son similares desde el punto de vista geográfico, pero a esos límites yo los marqué antes, no cuando se transgredieron. Los chicos tienen que saber, por ejemplo que a determinada hora se come y a tal hora se duerme, que no se fuma y que se sale hasta cierto horario. Y esa consistencia se va amasando día a día. No quiero decir que uno tiene un `plan maestro´ y tiene todo claro. Cada padre va improvisando sobre la marcha. Los chicos vienen con demandas permanentes, pero para ir armando un `plan maestro´ hay que trazar fronteras previas.

Usted habla de la familia y la escuela ¿Una educa, la otra enseña?

Creo que la familia es la única que educa. Parte de la crisis que está teniendo el colegio es que recibe chicos “deseducados”, seños de jardín a las que les piden que a los chicos les enseñen modales, a comer, porque no lo saben. Y estoy hablando de personas de todas las clases sociales, de casas donde no hay rituales. Para los niños esos rituales son indispensables. El aprendizaje inicial de un niño ni bien nace es diferenciar el día y la noche, pero para muchos chicos el día se termina cuando se apaga la última pantalla, a la hora que sea. Hay chicos que duermen mal. Es importante rescatar los rituales familiares que ordenaban tan maravillosamente la vida, que los chicos extrañan y que en general recuperan en la casa de los abuelos. Cuando la abuela pone un mantel, pone los platos, cada uno tiene su lugar y se come lo que haya en el plato. Lo que sea.

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“Hay que generar espacios vacíos para la creatividad, para el aburrimiento. No se admite el aburrimiento como un espacio de libertad y creatividad”

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“Muchas veces no se admite el silencio de la pantalla apagada”

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“Cuando empieza a caminar un niño le decimos UPA, esa palabra mágica. Entonces cuando se llevó matemáticas, UPA, cuando le fue mal en el amor y viene destrozado, UPA. Ese mensaje que dice `estoy con vos, no te voy a dejar´. Instalemos el chip de la permanencia”.

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“Al ritmo lo arma uno. Estamos todos apurados pero ¿Cuál es el apuro? Que alguien me diga cuándo fue un real apuro últimamente”.

Enrique Orschanski

Médico Pediatra y Neonatólogo, Doctor en Medicina y Cirugía, Docente Universitario. Autor de libros, columnista radial y en medios gráficos de la ciudad de Córdoba, donde nació.

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