LA INTEGRACIÓN EN LAS COOPERATIVAS

27-05-2015

Si una imagen vale por mil palabras, cuente las de este texto, incluyendo las que contiene el título, y verá que es así. Está redactado expresamente para que concuerde y para decir en estas líneas lo que esos peces quieren representar

El sistema capitalista tiende a concentrar sus capitales y, de esa manera, transnacionalizar su poder a través de empresas que, por un lado, están en condiciones de poner en el mercado productos que abastezcan a toda la demanda del mayor espacio geográfico posible.

La producción a gran escala de cualquier bien genera bajas en los costos de cada unidad ya que, precisamente, los costos fijos se prorratean en los volúmenes muy grandes de esos bienes producidos. Por lo tanto, el precio de venta tenderá a ser más bajo que si la empresa produjera menos unidades. Y esto es válido para la producción de cualquier bien y en cualquier modelo de empresas (sean éstas privadas, cooperativas o públicas). Independientemente que, con esta metodología, se consigue algo que no es adicional sino fundamental como ser el desplazamiento de otras empresas las que, al no poder competir, dejan su espacio a la más grande, con lo cual este sistema capitalista inevitablemente tiende a las posiciones dominantes del mercado en favor de las grandes empresas.

Cuando esa situación de dominación del mercado llega a producirse, el precio de venta ya no será el más bajo, como consecuencia de una disputa entre empresas, sino será el máximo posible de acuerdo a la capacidad económica que tengan los consumidores. Así las cosas, después, el Estado (a veces con poco poder y a veces con no muchas ganas), debe actuar para intentar garantizar la “competencia” porque el propio sistema es incapaz de auto-regularse. Pero el grave problema social que genera es que la concentración de capitales privados trae aparejada la concentración del poder económico. Es decir; menos personas tienen más poder económico y, como consecuencia, se acelera una mayor inequidad social. O sea que la decisión de menos personas tiene efectos sobre cuestiones económicas de más impacto y de mayor alcance geográfico nacional o internacional.

El cooperativismo tiene herramientas potentes para ponerse en disputa frente a esta secuencia natural del capitalismo dentro del espacio económico. Pero esa disputa no se va a producir a partir de la lógica económica sino a partir de un cambio cultural en la actitud de los cooperativistas. La concentración de los capitales es, también, el objetivo de la empresa cooperativa para ganar una escala de producción necesaria que le permita, al menos, permanecer viva.

Pero en el cooperativismo concentrar capitales es también ampliar la base democrática de una cooperativa ya que se entiende que más personas actuarán en la participación de las decisiones. Recordemos que la cooperativa es una asociación de personas y no una asociación de capitales. Es decir que concentrar capitales no significa, aquí, concentrar el poder en menos personas si no, significa la dificultad de que la ampliación de la cantidad de personas que participarán debe hacerse manteniendo los niveles de eficiencia y no provocando estados asamblearios permanentes donde se dilatan decisiones menores. La pérdida de tiempo es pérdida económica; o sea: mayores costos.

En esta metodología de fomentar el mayor volumen económico en las cooperativas observamos que todos los discursos van en esa dirección. Así es que escuchamos a personas que dicen: “juntémonos”, “seamos solidarios entre nosotros”, “beneficiemos al asociado con un mejor producto hecho con una tecnología que si bien es más cara, al producir más bienes, podremos mantener el precio”, “garanticemos nuestra presencia en la comunidad y despojémonos de los pequeños intereses personales” etc, etc.

Teoría económica cooperativa válida que puede ser RAZONADA por cualquier dirigente y que podría llegar a practicarse si ese dirigente, previamente, tuviera un nivel de cultura cooperativa que le permitiese SENTIR (razonar y sentir) que ese es el camino elegido (de integración económica entre las cooperativas), no como un acto de fe sino como un acto de solidaridad donde el interés común está por encima del interés personal. Esto se ve claramente cuando un proyecto cooperativo crece en escala económica, cuando se agrupan varias cooperativas, y alguien se siente con pérdida de poder y no quiere pasar a otro espacio de menor poder (aparente), dentro de una organización más grande.

Los procesos de integración cooperativa o de cooperación entre cooperativas son procesos que requieren de madurez (para lograr la comprensión económica del fenómeno) y de la aplicación de una cultura cooperativa que es, ante todo, persuasiva y no compulsiva ya que la democracia (cooperativa) es discusión; es la aplicación de la voluntad de las personas y no la aplicación de la voluntad de quien tiene el poder económico para hacerlo, como en el capitalismo donde la decisión es compulsiva sin necesidad de que sea persuasiva.

En general, los espacios de colaboración entre cooperativas más exitosos son aquellos que logran desarrollos económicos sociales y colectivos sin que las cooperativas de base pierdan su razón de ser y su contacto directo con el asociado y que esa entidad no actúe como si fuese una federación bajo términos netamente gremiales sino que actúe como una empresa que integre procesos económicos que puedan disputar espacios al capital lucrativo. Muchos ejemplos, por suerte, hay de esto. Uno de ellos lo tenemos frente a nuestros propios ojos y, a veces, por estar tan cerca de nuestros ojos no lo vemos con claridad o, lo que es casi peor, no lo valoramos porque se nos aparece como “algo natural que siempre estuvo ahí, como el árbol más grande de la plaza”. Y ese ejemplo es COLSECOR.

Dr. Jorge Bragulat

Director del posgrado en Economía Social

Universidad Nacional de Tres de Febrero

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