LA INCONCLUSA LEY DE MEDIOS

28-08-2015

Para algunos distraídos, el título del libro recientemente publicado por Néstor Piccone puede causar sorpresa. “La inconclusa Ley de Medios, La historia menos contada” podría encabezar cualquier nota de análisis sobre el tema en alguno de los medios que detentan hoy el poder en Argentina.

“Alguna vez me dijeron que los títulos como la poesía deben ser ambiguos”, dice Piccone argumentando su elección.

Con prólogo de Carlos Ulanovsky, “La inconclusa ley de medios” es un texto que recorre la construcción colectiva de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual e interpela la matriz comercial del origen de las medios en el país.

Precisamente el día de la radiodifusión, el 27 de agosto, fue el pretexto para hablar con Néstor de su libro. Ese día, 11 años atrás, la Colación por una Comunicación Democrática (antes por una Radiodifusión Democrática) presentaba los 21 puntos que sentaron las bases de la nueva ley.

¿Por qué una ley inconclusa? ¿Cuál es el juego que planteas en el libro?

Alguna vez me dijeron que los títulos como la poesía deben ser ambiguos. Para mí es objetivo que esta ley está inconclusa porque va a llevar muchos años ponerla en vigencia. Además, una ley no te garantiza un cambio de relación de fuerza, ni que los actores que han sido hegemónicos se corran rápidamente, ni que crezcan las nuevas voces. También la ley plantea un cambio drástico en la forma de hacer comunicación en Argentina, que desde el año 20 es comercial. Nadie puede pensarse en hacer radio o televisión si pensar en lo comercial. Tuvimos un gran logro con la ley que fue la posibilidad de que los sectores cooperativos pudieran tener legalmente medios de comunicación. Colsecor es una clara expresión de eso. Los cables y canales de televisión que estaban manejados por el sector cooperativo tenían que disfrazarse de Sociedad Anónima para estar en el marco de la legalidad. Una barbaridad. La comunicación que es un derecho humano sólo era comercial, hasta ese punto había llegado la ley de radiodifusión de la dictadura. Por eso el término inconclusa, más allá de que pueda resultar atractivo o convocante para leer el libro, para mí es objetivo plantear este término en referencia a la ley.

El libro recorre el origen comercial de la radiodifusión en el país e interpela esa matriz que todavía persiste. También pone a la vista el entramado con el cual se escribieron los 21 puntos de la ley y cómo “las cooperativas, los sindicatos, los pueblos originarios y las radios del interior” se fueron encontrando.

¿Qué hace falta para que el 33% del sector no lucrativo salga del espacio marginal de la comunicación y pueda tener acceso al financiamiento para apropiarse del derecho que lo asiste?

Al final del libro escribo una propuesta que estuvimos trabajando con distintos sectores para sostener los medios alternativos que no tienen recursos económicos. Crear un ente para la construcción de nuevos medios sin recursos económicos y que no pueden competir en igualdad de condiciones. Pero en Argentina cuando uno planta eso aparece la idea de que el Estado aporte pauta publicitaria. Pero lo que yo planteo es que este ente con aportes del Estado y del sector privado facilite que quienes tienen derecho a hacer comunicación y no saben puedan discutir un modelo de negocio y puedan sostenerse. Parece una utopía, pero para mí no lo es. El camino es este debate que proponemos los compañeros de la Coalición. Así como se financia la educación pública, tendría que haber medios públicos pero no estatales, sino de la comunidad.

¿Compartís la idea de que hay una brecha muy grande en el acceso a la comunicación y a la información fuera da las grandes ciudades?

Cuesta mucho comprender el fenómeno de que el país existe. Buenos Aires no es la Argentina. Muchas veces, en los lugares donde he trabajado, te dicen: en el interior no hay periodistas ni camarógrafos. Eso no es así, salgan y vean. La potencia y la preminencia de los grandes medios instalan personajes que de ningún modo tendrían lugar en otra parte. Eso es algo que va a llevar muchos años. Yo creo en el federalismo y creo que esto es una deuda cultural, ya no de un Gobierno. En la cultura hay este doble juego de que los porteños se creen que son los únicos y también hay mucha gente para tener éxito viene a Buenos Aires.

¿Hace 11 años cuando presentaron los 21 puntos pensaban en este presente?

El día que se aprobó la ley en Diputados nos pellizcábamos, no podíamos creerlo porque fueron muchos años . Desde el 83 que recorríamos los pasillos del Congreso. Primero con Alfonsín, después con Menem que la hizo peor porque privatizó los canales, después De la Rúa. Cuando Kirchner comienza su mandato nos dijo: muchachos esto no está en agenda y nosotros insistimos. Cuando vimos que esto avanzaba fue hermoso para todos. Para el mismo Gobierno porque vió que mucha gente apoyaba esto porque quería nuevos medios de comunicación. Hoy estoy muy feliz de haber sido uno de los tantos que impulsó esto. Por eso el libro, para poder contar esto que hoy es política de Estado. Tampoco creíamos que iba a salir una ley tan perfecta porque pensamos que los medios concentrados iban a salir a negociar, contrariamente negaron la ley por eso salió demasiado perfecta.

Muchos entienden que la ley nació vieja. ¿Crees que es así?

No, los principios son los mismos. Actualizaciones necesita como todas las leyes y hay que incorporar el tema de Internet y de las telefónicas. Esta ley es la más democrática y participativa que tenemos. Hay que ir haciendo adecuaciones, pero no vamos a avanzar en eso si antes no planteamos la equidad entre todos los participantes de la comunicación que es lo que exigimos.

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