INMIGRANTES

02-10-2015
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Quedo a la vista de todo el mundo la intolerancia y segregación que se instrumenta desde los centros decisorios de la política internacional.

Es de esperar que ocurra un cambio real que se sustente en el sentir humanitario, que pueda ser indicativo de un proceder distinto de las naciones que tienen que cooperar con millones de personas que huyen buscando sobrevivir.

El vértigo informativo que imprimen las redes sociales no va a detenerse en cuanto a lo que sucede en la coyuntura de cada día. Las noticias en general y aun la conmovedora imagen con el policía sosteniendo al pequeño, tienen tiempos fatales. Es triste pero cierto.

De todos modos, si bien la lógica de los medios va por el camino de lo urgente y si es en clave de alto voltaje mejor, es de esperar que la clase dirigencial ejerza una memoria activa y sostenida de los hechos relevantes que expresa la sociedad. Será una eficaz ayuda para la obtención de una perspectiva madura cuando tomen debida nota de la atrocidad que pueden generar sus responsabilidades. No hay argumento posible que los pueda exculpar.

Definitivamente los intereses individuales de cada nación conllevan aberraciones que ahogan inocentes.

Lamentablemente el peligro mayor hace que siempre se actúe sobre las consecuencias irremediables. Como dijo el papá de Aylan “¿De qué me sirve ahora que me den el mundo entero?”

Todos seguramente recordamos grandes movilizaciones en el mundo desarrollado ante los atentados terroristas. Las Torres Gemelas el 11S en Estados Unidos, el transporte público el 7J en Gran Bretaña, los trenes el 11M en España y el ataque contra el semanario Charlie Hebdo en Francia el 7E. En nuestro propio país sufrimos la explosión de las bombas en la Embajada de Israel y en la Mutual AMIA.

Ninguna de todas estas tragedias se vivió como un mal de todos, no trascendieron las fronteras del país herido, aun cuando todas fueron gestadas por distintos fanatismos arcaicos. Vale decir que lo que sucede en Siria desde hace años tiene semejanzas a los casos que duraron un día. Definitivamente el común denominador que cruza todas las experiencias es la acción de matar. No es más grave en un caso que en otro. Repudiable, más acá o más allá del pedazo de suelo donde nos situemos.

La ausencia de ayuda del resto del mundo para con quien sufre es un síntoma de la indolencia que genera la sociedad del culto por el sectarismo.

La situación de beligerancia que ocurre en Siria no logró confraternizar a los pueblos del planeta. Sí parece lograrlo la imagen del niño en las arenas de una playa de Europa. ¿Acaso el cuerpo hallado notificó que los dramas de un lugar en el mundo pueden llegar a otro y eso es condición constructiva de universalidad?

Las culturas en la diversidad se inscriben en una globalización pero no se encuentran ni se contemplan, ni se admiran, todo lo contrario, se desprecian unas a otras desde la degradación que produce la intolerancia.

En cuanto a nosotros y el hecho, decimos que nos sensibiliza y nos compromete porque pensamos que el cooperativismo más que un actor económico es una organización colectiva cultural que viene a modificar el patrón de conductas individualistas con más solidaridad y humanidad.

No somos indiferentes ante los desgarros que acontecen, por esto es que el cooperativismo representado en la comunidad internacional por la entidad ACI estableció que el Plan para una Década Cooperativa tiene un objetivo nodal primordial: trabajar para cerrar las brechas sociales que producen las políticas, la economía capitalista excesiva del lucro y la cultura que sedimenta los actos de barbarie que ponen en riesgo la paz como el mayor capital social del planeta.

Nos parece válido hacer este humilde aporte desde nuestra entidad cooperativa sobre la grave realidad que nos impacta con crueldad haciéndonos altamente vulnerables en un mundo donde la vida vale cada día menos, poco o nada.