HOMBRE GUAPO

11-06-2015

Se llama Sixto Sosa, pero todos lo conocen como “pequeto”, un sobrenombre que le pusieron hace mucho y no sabe porque. “Nací el 8 de diciembre de 1927 y viví siempre en Doblas. Una sola vez pensé en instalarme en otro lugar, pero me volví porque las cosas salieron mal. Así que decidí arreglar mi casa y ya me quedo acá”.

Todos en el pueblo lo reconocen como un gran trabajador. Recuerda que su familia estaba compuesta por sus padres y 9 hermanos. Cuando pasó a quinto grado, “vino mi viejo y me dijo: `vamos a tener que salir a trabajar porque tenemos que juntar plata´. Y bueno, me sacó en tropa, así le llamábamos al grupo de personas que a caballo trasladaba al ganado que las estancias vendían a otros lugares. Tuve la mala suerte que anduve tres tropas con él, después se enfermó y se nos fue”.

Pequeto siguió el rumbo que le había marcado su papá hasta los 17 años que se fue a vivir al pueblo. “Alquilé una casa, empecé a trabajar y me prendía a lo que venía. Hice de todo. Lo único que no hice es meterme al monte a hachar. Ahora está más difícil conseguir trabajo en el campo. Antes había trabajo mensual, la cosecha demandaba mucha gente, se trabajaba duro. Ahora casi no hay estancias, la gente prácticamente no anda a caballo, fueron muchos los cambios”.

Pequeto fue un gran arriero. “En el campo hemos arriado cualquier cantidad. Llevábamos la hacienda de Doblas a Catriló, cubriendo más de 100 kilómetros. Tardábamos 4 días. Hoy con los camiones eso no se ve más. A veces salíamos 4 personas con 200 o 300 animales y gracias a Dios nunca sufrimos cuatrerismo. Armábamos campamento y recuerdo que cuando llevábamos potros y caía la noche organizábamos jineteadas, con la luna nomás”.

A medida que crecía, Pequeto también fue testigo del desarrollo del pueblo. “Hubo muchos cambios desde esa época hasta hoy en Doblas. Había pocas casas, recuerdo la casa de don Vallejos. Dentro de los comercios estaban los Gutiérrez, los Werthein y los Monassi. Fueron muchos los cambios en Doblas, antes no había televisión, tampoco luz. Había que prender un farol (si tenías). Después vino la cooperativa”.

La distracción era pasar por el boliche. A la mañana temprano, “llegábamos y nos tomábamos una regia caña y salíamos derecho a trabajar. De tanto en tanto se organizaban bailes en el Club Independiente, era lo mejor que había, iba mucha gente”.

Pequeto reconoce que hoy varios de los chicos que se van a estudiar no vuelven ya que hay poco trabajo, como en muchas localidades pequeñas del interior. Asimismo valora mucho que todavía “se conserva la tranquilidad, poder estar sentados afuera, compartiendo con los vecinos”.

Comenta que tiene 10 hijos y “la satisfacción de haberlos visto crecer y haber podido ayudarlos”. Hoy con 87 años está “muy bien de salud, gracias a Dios. No tengo que cuidarme en las comidas ni nada. Todo bien”.

Pueblo apícola

Si hay un rasgo que aparece cuando hablamos de Doblas, es la producción de miel. Para quienes viven allí es la “Capital nacional de la apicultura”, aunque el proyecto aún se encuentre en el Senado.

La Cooperativa de Servicios Públicos (CoSeDo), tuvo un rol fundamental en el desarrollo del sector, al instalar una sala comunitaria de extracción de miel para los productores. “El proyecto surgió en la cooperativa para dar una respuesta a la necesidad de la comunidad y generar trabajo. A fines de los `80, empezaron a llegar a la zona productores de la provincia de Buenos Aires afectados por las inundaciones. La actividad comenzó a crecer y en algún momento hasta exportamos el producto, pero hay que tener en cuenta que tiene los vaivenes lógicos de la actividad agropecuaria, que depende de variables como el clima. Dentro de la cooperativa, tenemos 60 productores asociados, que oscilan entre las 200 a las 1500 colmenas. En años buenos, se cosechan alrededor de 500 mil kilos de miel. La apicultura es una actividad de mano de obra intensiva. Es un gran generador de trabajo y son recursos genuinos que se generan y quedan en la localidad”, sostiene Jorge Páez, presidente de CoSeDo, que también resalta la importancia del asociativismo para llevar adelante este tipo de actividades agrícolas “no convencionales”.

Producción transhumante

La forma de producción de los apicultores de Doblas también tiene sus particularidades. “Los productores hacen un circuito que comienza en el mes de julio, cuando se trasladan al valle de Río Negro, donde las colmenas son muy requeridas en las chacras para polinizar los frutales. Alrededor de septiembre u octubre vuelven a trasladarlas al monte pampeano, al oeste de la provincia, al monte, donde las plantas tienen una floración temprana. Ya a fines de noviembre vienen para nuestra zona, que no es zona de cultivo intensivo de soja, sino más bien de maíz, girasol, trigo, centeno. Ese es todo el circuito que hacen los productores. Las primeras extracciones se realizan en noviembre y las últimas en marzo. Hay años buenos y otros no tanto, porque hay veces que en el monte llueve, se producen heladas u otras inclemencias y no se da una buena cosecha”, finaliza Páez.

Paola Perticarari

DOBLAS

El tren pasó por estas tierras a principios de 1900 y la estación se construyó en terrenos del establecimiento "La Reforma" propiedad de Julio Doblas. La creación de la primera escuelita, el 4 de junio1911, se tomó como fecha de fundación. Hoy el pueblo cuenta con alrededor de 1800 habitantes y su economía se desarrolla en torno a la agricultura y la ganadería.

Otra anécdota de Pequeto

“Una vez me fui a llevar una tropa de 24 caballos desde acá hasta Villa del Rosario, en Córdoba. Todo a caballo. Salimos con el Cholo Córdoba y llegamos a los 15 días. En el trayecto pedíamos trabajo en las estancias y no nos daban, porque llevábamos muchos caballos. En ese tiempo llegabas a una estancia y te daban carne y galletas, lo principal y así seguimos. Cuando llegamos a Córdoba, entregamos los caballos y dice Martín Bianco “quédense acá” y ahí aprendí a arar a caballo. Yo tenía 22 años”.

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