Gustavo Visentín

06-04-2017

Por Ricardo Cortés

Cantante de Tango y defensor de los valores de la cultura nacional, repasa su vida y su relación con la música.La vida de Visentín no fue fácil. De niño tuvo que migrar de su Reconquista natal a la ciudad de Córdoba con su padre que había perdido todo por una enfermedad. Una realidad vertiginosa lo llevó de hombrear medias reses en la adolescencia, a los escenarios más renombrados de la escena del tango de Buenos Aires y de allí retornó a hacerse cargo, con sólo 20 años, del negocio familiar. El tango tuvo que esperar pero afortunadamente para los melómanos, la vocación pudo más.

-¿Qué recuerdos tiene de Reconquista?-Reconquista es una ciudad del chaco santafesino. Una ciudad de inmigrantes, encantadora. La verdad es que no me pude despegar de sus características a pesar de que me considero un citadino. Por ejemplo una de las cosas que sigo haciendo, como en los pueblos, es dormir la siesta. Quizás eso responda a otras cosas, como el hecho de que siempre me levanto muy temprano porque durante muchísimos años trabajé con mi padre en su frigorífico. Lamentablemente me vine de nueve años a Córdoba, y digo lamentablemente por las condiciones precarias y tristes en que vinimos. Mi padre tenía carnicerías allá y se enfermó. Perdimos todo y tuvimos que venir a probar fortuna. Sin embargo la recuerdo con muchísimo afecto a pesar de que ya me considero un hijo de este clima y este lugar.

-¿En qué momento llega la música a su vida, cuando sintió la necesidad de cantar? - La música está presente desde los recuerdos más tempranos en la vida de una persona. En mi caso lo que hizo que tomara la decisión de subir a un escenario a cantar un tango fue una compleja suma de cosas, pero por sobre todas las cosas está presente el hecho de haber escuchado mucho tango en casa. Tango y música del litoral, que son las dos cosas que me conmocionan. Allí entra a tallar otro territorio que es el de la memoria emocional. Con la música litoraleña tengo un romance muy especial porque es la música que escuchaba en mi barrio cuando era un niño. Los vecinos sacaban el “combinado” a la vereda para escuchar a Isaco Arbitbol o a Tarragó padre, a Ramona Galarza o Raúl Barboza. Creo que si hubiese sido por mi elección no me hubiese subido a un escenario como me subí a los 16 años. Fue más que nada por el empuje de mis padres. A los dieciséis años uno no está pendiente de esas cosas y mucho menos de cantar un tango en épocas en que mis compañeros escuchaban... no sé, los Bee gees o Almendra. Pero infundido por el entusiasmo de mi padre y de algunos amigos, subí a un escenario por primera vez un 16 de agosto de 1976. Esa noche cantaba Edmundo Rivero que había venido con las guitarras de Roberto Grela y el número central era Tita Merello. Luego comenzó así mi amistad con artistas de Buenos Aires con los que pude compartir escenario en las giras que hacían aquí por Córdoba. Era plena crisis del tango, y no tenían trabajo, entonces de golpe podías ver en un festival en Córdoba a Goyeneche, Pugliese, Marino, Floreal, Rivero, todos juntos en una noche. Allí empecé a tener contacto con esa gente que en cierta medida, me apadrinó. Y en el año 1979 me presento en el precosquín por entusiasmo de unos amigos. Gano el precosquín de tango.

-No solo ganó el precosquín sino que además salió revelación:-En el jurado estaban Eduardo Falú, Ariel Ramírez y Suma Paz. ¡Qué artistas! Fue la primera vez que en la historia del Festival de que un cantor de tango lograba ser revelación. Ahí fue cuando comenzó la otra trayectoria en Buenos Aires con Grandes Valores del Tango.(NDR: Grandes Valores del Tango un programa de Tv enormemente popular en los años 70 y 80).-¿Qué recuerda de esos programas?-Principalmente los artistas. Por empezar, yo tenía veinte años. Los recuerdos se van difuminando pero además de eso uno no tomaba dimensión de muchas cosas. Entre la emoción que significaba estar allí y todo el entorno uno miraba todo de una forma idílica. Quizá hoy tendría otra mirada sobre ese fenómeno. En los camarines de Grandes Valores pude hacerme amigo de artistas que hasta el día de hoy lo siguen siendo. Algunos como Guillermo Fernández o Luis Filipelli, otros que ya no están como Reynaldo Martín y las grandes figuras del momento: Roberto Rufino, Edmundo Rivero, Roberto Goyeneche, Alberto Marino. Realmente la estaba pasando muy bien porque no había figuras jóvenes. En ese momento ser cantor del género era una cosa exótica. Que un pibe cante tango era raro. Entonces me tenían en una alta consideración, más aún viniendo del interior. Cada quince días iba a Buenos Aires y acomodaba: el miércoles se grababa en canal nueve Grandes Valores. El jueves me invitaba Rufino que estaba en Michelangelo a cantar un par de temas adentro de su show. Los viernes en “El viejo almacén” don Edmundo Rivero me convidaba a cantar cada quince días como invitado. Allí estaban Hernán Oliva con su quinteto de Jazz, Osvaldo Pugliese, Osvaldo Piro... Bueno era una especie de catedral del tango. Una vez al mes actuaba en Caño 14 invitado por el polaco, el director artístico era José Basso. Para mí era una especie de Parnaso lo que estaba viviendo. En medio de todo ese ascenso es cuando mi padre se enferma y me tengo que volver a Córdoba. Al poco tiempo fallece. Teníamos un frigorífico que habíamos construido de esfuerzo de muchos años y mi madre estaba sola. Mi hermano tenía siete años de edad y se avecinaba un segundo reconquistazo. Alguien tenía que tomar la manija de la cosa así que me hice cargo y el tango quedó en espera porque primó el sentimiento por mi familia. No me arrepiento en lo más mínimo de esa decisión pero claro, la espera fue de 14 años. En resumen en el año 96 aproximadamente alquilamos el frigorífico porque ya no podíamos continuar. Ahí empecé de nuevo con el tango, gracias a Marcos Marchini (periodista), Hermes Bálsamo y gente amiga que me invitó a salir al ruedo nuevamente. Por suerte en el año 2001 se me da una gran ocasión. Se abrieron los concursos para la Orquesta Provincial de Música Ciudadana, entrar significaba un ingreso estable. Además significó un entrenamiento extraordinario a nivel artístico y llevar mis capacidades al máximo. El 95% de los cantantes de tango del país me envidian por la posibilidad que tengo. Así que por suerte pude reencausar mi vida hacia mi vocación y estoy muy bien.-¿Tiene algún tango pendiente?-Si tuviera la posibilidad grabaría un disco por mes. Pero mi apetito artístico se da de bruces con la realidad del mercado. Por ejemplo estoy terminando mi disco que fue una producción que hice con mucho esfuerzo y que hay una base de acompañamiento muy importante. Se llamará “cuando tallan los recuerdos”. Pero ahora estoy emberretinado en hacer un disco de canciones criollas del tango. Tangos camperos, milongas, cifras, estilos, todas las cosas que cantó Gardel. La parte criolla del tango que es una especialidad deliciosa que cultivaron los grandes cantores del género desde Edmundo Rivero hasta los cantores de Troilo y el querido Rubén Juárez. Ese es el berretín. Rescatar cosas del repertorio antiguo, como un triste de Homero Manzi que se llama “Ay de mí” ¿Quién graba hoy un triste, una cifra o un estilo? Y a eso mezclarlo con algunas de las cosas que hoy se componen en nombre de esa tradición por grandes artistas y poetas como Alejandro Schwartzman y Rosales que están haciendo canciones criollas de un nivel elevadísimo. Inquietudes me sobran, me falta la guita. Se suma que el disco tiende a desaparecer en su forma física. Un disco hoy sirve como un elemento de promoción y nada más. Estamos en un período de grandes transiciones a ese nivel.

-¿Cómo ves la enseñanza de la música en nuestras escuelas y academias?La música de cada país debe ser primogénita en la enseñanza. Algunos conocen Bill Evans con profundidad pero no saben si Yupanqui tocaba el bandoneón o Troilo la Guitarra. Estamos ante una dificultad enorme. Porque nuestra cultura ha sido aplastada por los extraordinarios aportes de los europeos, que como digo son extraordinarios, pero no puede ser que no sepamos sobre lo nuestro. Hay una deuda de los argentinos por una mirada nihilista sobre nuestra condición. Una mirada europeizada que tiene que ver con las personas que diseñaron nuestro mapa cultural y con las gestiones. Creo que cambiar eso es una gran tarea. Con respecto al tango es trágico el panorama. Esto en su primo hermano, el folklore argentino, es tan o más trágico todavía. La gente cree que folklore es aquello que se ve en los festivales, cantar una chacarera a los gritos o una cueca y un carnavalito a las patadas y no es ninguna de esas cosas. Ojo, también puede serlo pero como una manifestación más, pero no la única. Con el tango pasa que hay un enorme desconocimiento. Fue una lengua muerta durante casi treinta o cuarenta años y como toda lengua muerta para que siga existiendo hay que enseñarla. Las nuevas generaciones creen que el tango son cuatro o cinco artistas... el polaco destruido de la década del 90, Adriana Varela, Cacho Castaña o las reversiones que hace Calamaro y desconocen absolutamente todo lo que preexistía, donde está la verdadera sustancia.

Gustavo rescata la importancia de haber realizado un programa de radio, lo que le amplió su conocimiento sobre el género. -Creo que los artistas deben tomar partido por sus convicciones. A lo único que me debo como ser social es a mis convicciones y a ninguna otra cosa. Quiero mostrarme como soy y nada más. Prefiero eso y no una forma genuflexa de vivir con la que no comulgo. El artista no puede ser aséptico. El arte siempre es un compromiso. Tal vez Discépolo haya sido el arquetipo del artista comprometido.

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