Por Néstor Piccone. Periodista, Lic. en psicología.
Fotos: Gentileza Asociación Civil Fiesta Nacional del Ave de Raza
El ave. Imaginemos por un momento el vuelo de la especie, esa que nacida en el sudeste asiático, recorre el mundo, desde hace miles de años.
Que va adoptando distintos plumajes de acuerdo al momento histórico. Del rito inicial en la India llega a lucirse, más tarde, en los dorados palacios egipcios.
A su tiempo motiva reflexiones filosóficas del propio Aristóteles y se convierte en símbolo guerrero e imperial en la Roma de Tiberio Cesar.
Sin ninguna humildad desde la hidalguía del gallo asume, para todos los tiempos, la imagen de la Francia.
Navega en las carabelas de Colón, para redescubrir América mutando en formas multicolores de picos y plumas fantásticas. Llena con alas de gloria las estrofas desusadas del himno nacional argentino.
Se hace sonido en el pájaro campana o silbando como el chogüi, para finalmente quedar grabada en tango con la voz del jilguero, el zorzal o la calandria.
La Fiesta Nacional del Ave de Raza cumple 20 años de vuelo en Rauch, provincia de Buenos Aires.
Esta exposición resume en tres días aquella historia del ave de raza atrayendo a visitantes de distintos lugares del mundo; convirtiéndose en una expresión cada vez más internacional de lucimiento de distintas especies. Es así que se pueden encontrar patos, codornices, palomas, gansos chinos, faisanes y hasta pavos reales; los que en cada setiembre hacen las delicias de grandes y chicos, a menos de 300 kilómetros de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
CUANDO PASA
Fiesta Nacional del Ave de Raza
7, 8 y 9 de setiembre
Rauch. Provincia de Buenos Aires
Sin grieta
Aunque la historia de vida del militar prusiano Federico Rauch hoy no divide a los pacíficos ciudadanos de la ciudad, no está de más recordar que este personaje fue contratado por Bernardino Rivadavia para participar de las luchas intestinas que fueron dando forma a la nación Argentina.
Rauch se metió de lleno en el enfrentamiento de unitarios y federales convirtiéndose en partícipe necesario del fusilamiento, en los pagos de Navarro, de otro coronel: don Manuel Críspulo Bernabé Dorrego.
El prusiano, se convirtió en un fiel representante de la más sangrienta actitud de enfrentamiento contra los pueblos originarios y un reconocido actor de lo que se denominó Conquista del Desierto; que no fue otra cosa que el avance militar para correr la frontera de lo que durante muchos siglos fue el hábitat natural de distintas etnias. Matando, negociando o cooptando, según fuera el protagonista, a los pobladores naturales de lo que - tal como se vio- no era ningún desierto sino una de las tierras más productivas y apetecibles del mundo.
La muerte del coronel Rauch está cubierta de un halo de misterio y de leyenda. Para Osvaldo Bayer fue Nicasio Maciel, alias Arbolito, un indio “ joven, apuesto alto de pelo largo”, quien terminó con la vida del militar napoleónico pasándolo a degüello tras bolearle el caballo. Arbolito se erige, en ese relato, como la encarnación de la venganza por los atroces crímenes perpetrados por Rauch.
El vuelo de la paz
El nacimiento de la localidad de Rauch, producido en 1865, fue una decisión de Bartolomé Mitre quien dando continuidad a los principios y objetivos de Bernardino Rivadavia homenajeó a este soldado alemán. Aunque Rauch alcanzaría el status de ciudad recién en 1972, época en la que se promovió la Fiesta del Ave de Raza.
La provincia de Buenos Aires, con una tierra rica como pocas, guarda en su memoria, un modelo económico atado a las grandes estancias promovidas tanto por unitarios como por el mismísimo brigadier federal Juan Manuel de Rosas.
Sin embargo en la actualidad y desde hace mucho tiempo el culto por las aves de raza surgió de migrantes que se afincaron dando forma a la producción en chacras.
Por ese motivo se comprende que el objetivo principal de esta Fiesta sea el de promover la tarea de los avicultores y convertir a la ciudad en un atractivo turístico.
Rauch pone, al alcance de los visitantes, aquel pasado de las grandes estancias junto al despliegue de los pequeños productores herederos de los migrantes que, en menos de un siglo, recrearon el viaje iniciático del ave de raza, esa misma que del lejano oriente pasó por Europa hasta llegar a las pampas.
Un ejemplo de esa mistura es el puente que cruza el arroyo Chapaleufú, un paso por el cual, en 1890, los patrones de estancia exigían el pago de un peaje.
La ciudad también ofrece a los visitantes algunas de las monumentales obras, estilo Art Decó, que el ítalo-argentino Francisco Salomone construyó a fines de 1930.
La singularidad y belleza de algunas especies tiene su contrapartida en la gastronomía.
El día de cierre de la Fiesta Nacional del Ave de Raza Rauch se llena de parrillas, es la ocasión para degustar el típico pollo argentino.
Jorge Petreigne, médico veterinario e hijo del intendente que en los años 70 promovió el nacimiento de la Fiesta Nacional, es un gran conocedor de la calidad de las aves que se exponen. Ha recorrido el mundo participando como jurado u observador de cuanta fiesta similar se lleva adelante.
Petreigne aporta un dato justamente de color y tiene que ver con la diferencia y selección de los distintos paladares a la hora de comer pollo. Los americanos -sean del norte o del sur- preferimos el pollo de color amarillo (o para decirlo más finamente) o dorado; cuestión que los europeos no comparten ya que ellos practican el gusto por las carnes blancas.





