Epecuén: El fetiche de todo fotógrafo

03-02-2017

Imaginar.

Eso es lo que uno hace, casi instintivamente, apenas divisa las vestigios de lo que fue esta villa turística, ubicada a menos de 10 kilómetros de la ciudad de Carhué, al centro oeste de la provincia de Buenos Aires.

Hace más de tres décadas que este pueblo, cuyas ruinas fueron declaradas patrimonio histórico provincial en el 2014, se encuentra bajo el agua. Sus pobladores, alrededor de 1500 personas, nunca pudieron retornar a sus hogares.

Al llegar... hay que imaginar. Es una necesidad, una urgencia, una obligación. Un plano en un cartel indica lo que fue la localidad. Hay fotos que muestran cómo eran las construcciones en la época de esplendor de esta villa turística que tenía una capacidad de 5.000 plazas hoteleras.

Hoy una sola persona vive en medio de este extraño paisaje. Se trata de don Pablo Novak, que con más de 80 años a cuestas suele acercarse a las ruinas en su antigua bicicleta a leer el diario o a conversar con los turistas.

No se puede parar de observar las calles, las construcciones, los árboles y la historia. Todo está teñido por el blanco de la sal. Un entorno tan atípico como fascinante, elegido como set de filmación de películas y documentales. Anualmente, los lentes de cientos de fotógrafos profesionales y aficionados se embriagan con los detalles de este mundo, que el agua transformó en un perfecto telón de fondo de producciones fotográficas de desconocidos y famosos, como fue el caso del Indio Solari.

Uno de los edificios emblemáticos, cuya fachada es una postal típica es el matadero, declarado bien histórico nacional, con el inconfundible estilo Art Decó que le imprimió Francisco Salamone, “el arquitecto de las pampas”.

La laguna Epecuén cuenta con una alta concentración de sales y ya era utilizado por los aborígenes de la zona para tratar afecciones reumáticas y heridas. La llegada del ferrocarril a Carhué hizo que poco a poco se convirtiera en un destino turístico. Mucha gente llegaba también para aliviar sus dolencias, lo que propició el nacimiento del pueblo, allá por la década del ´20. Este espejo de agua tiene una superficie de alrededor 10.000 hectáreas y es la última de un grupo de lagunas encadenadas que dependía exclusivamente de los ciclos naturales, por lo que en la época seca se retiraba impactando en el turismo.

En 1975 la provincia construyó el canal Ameghino que encauzó arroyos y conectó cuencas para regular el caudal de este sistema, garantizando la provisión para convertirlo en un sistema manejable.

Luego del golpe del `76 quedó en el olvido. Años después comenzó un ciclo lluvioso y se construyeron diques de contención hasta noviembre del ´85, cuando sobrevino un temporal y el avance de las aguas no se pudo detener. El terraplén, que había llegado a los 4 metros, cedió y hubo que evacuar el pueblo.

El difícil momento de volver

Hace unos años la Municipalidad y el Museo de Carhué decidieron poner en valor las ruinas. Poco a poco, a medida que iba bajando el agua, se vieron en la difícil tarea de referenciar la localidad, pero en muchos casos no podían reconocer en qué lugar se encontraban. Fue imprescindible contactar a los antiguos habitantes. Muchos de ellos nunca habían vuelto. Se trató de un proceso de recuperación de la memoria que se tornó sumamente difícil.

Hoy ese trabajo ayuda a imaginar, a poner nombres y plasmar con recuerdos calles, casas, hoteles y comercios de ese el laberinto de sal posado sobre los huellas de lo que fue Villa Lago Epecuén.

P.P.

Fotos: Secretaría de Turismo Adolfo Alsina.

Foto del único poblador: Gastón Partarrieu

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