ENTIDADES FINANCIERAS COOPERATIVAS

14-10-2014

La intermediación financiera aparece como una forma de solucionar las dificultades que ocurrían cuando una persona que necesitaba dinero no tenía la facilidad de encontrar a quien quiera prestarlo y viceversa, así también como una manera de evitar los riesgos y las contingencias. Si bien el dinero podría ser prestado gratuitamente, al ser predominante la economía de mercado, tiene un precio: la tasa de interés. Esa está determinada esencialmente por fenómenos de la oferta y la demanda, la cantidad de dinero disponible en circulación y la preferencia por la liquidez de los agentes económicos.

Al momento de intervenir las entidades financieras, esa tasa de interés se desdobla en un componente activo (el que se le cobra al tomador del préstamo) y uno pasivo (el que se le paga al ahorrista). La diferencia entre ambos da como resultado lo que se conoce como spread bancario. A través de éste se absorben los costos de funcionamiento y operación de las entidades financieras como los costos de personal, alquileres, tecnología, etc. y se asumen, a su vez, los riesgos de que el dinero no sea devuelto en tiempo y forma.

Esta intermediación puede ser llevada a cabo por distinto tipos de entidades, en el caso de las entidades privadas lucrativas, en el spread se encuentran contemplados los márgenes de ganancia, mientras que en el movimiento cooperativo, podemos encontrar una forma dialéctica de desarrollar las finanzas.

Las cooperativas

Las entidades de la economía social no llevan a cabo una retribución del excedente bajo la forma de ganancia, es decir, en proporción al capital aportado. En caso de distribuir excedentes, esto se realiza en función del aporte que haya hecho cada asociado en el acto cooperativo.

En este sentido, las cooperativas de crédito tienen la particularidad de ser un híbrido entre dos tipos de cooperativas. Por un lado, cuentan con la figura de los consumidores (tomadores de préstamos) y la de los oferentes (ahorristas), siendo que ambos tienen un interés, que a priori puede resultar antagónico, pero que tomando en cuenta los principios y valores cooperativos, suelen tender al precio justo.

Por esto, generalmente no se lleva a cabo una distribución de excedentes, sino que se procede a disminuir las tasas activas e incrementar las tasas pasivas, resultando este hecho totalmente favorable para ambos tipos de asociados. Teniendo en cuenta esto, las cooperativas de crédito no buscan alcanzar una maximización de la rentabilidad, sino que procuran un objetivo de rendimiento mínimo necesario para poder garantizar su funcionamiento con eficiencia y solvencia.

El cooperativismo de crédito en la Argentina

Las primeras experiencias de este tipo surgieron de la solidaridad económica entre pequeños comerciantes, pertenecientes en su mayoría a la colectividad judía, quienes facilitaban sus excedentes a nuevos proyectos y emprendimientos que generalmente, por su precaria situación económica no podían acceder a los préstamos de la banca tradicional.

En la década de 1920 se manifestaron bajo la forma de Cajas de Crédito que funcionaban, en un principio, básicamente con capital propio. Hacia mediados del siglo XX y como consecuencia del fuerte desarrollo industrial que atravesó Argentina en la etapa de sustitución de importaciones, el cooperativismo de crédito tuvo un crecimiento exponencial que dio lugar al nacimiento de entidades federativas como la Federación Argentina de Cooperativas de Crédito en 1950 y el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos (IMFC) en 1958, ambas con el objetivo de nuclear, asesorar técnicamente y promover las finanzas y el ideario cooperativo.

En el contexto de gestación de la etapa neoliberal que en la Argentina cobró forma bajo el modelo de valorización financiera, la rápida expansión del cooperativismo de crédito comenzó a preocupar al capital financiero y a sus representantes, expresándose fuertemente en las dictaduras militares iniciadas entre 1966 y 1976, período durante el cual las entidades cooperativas de crédito padecerían la difamación y la obstaculización a través de diversos factores. El caso más relevante (que aún sigue vigente), fue la sanción de la Ley de Entidades Financieras (1977), que apuntó a liquidar estas cooperativas. Por ello el IMFC encabezó una movilización político-social, que permitió modificar parcialmente esta Ley, la cual impedía que las Cajas de Crédito puedan operar cuentas a la vista pero abría la posibilidad de que se transformen en Bancos, manteniendo la forma jurídica cooperativa. Como resultado, 273 de las 375 Cajas de Crédito existentes optaron por esa transformación, dando origen a 77 nuevos bancos de los cuales hoy sólo sobrevive uno solo: el Banco Credicoop Coop. Ltda.

Perspectivas

El cooperativismo de crédito argentino ha venido demostrando su habilidad, estrategia y convicción, características que le permitieron perdurar en el tiempo a pesar de las circunstancias muchas veces adversas. Si bien el contexto económico y social actual, resulta favorable para este sector, existen todavía dos elementos pendientes: la promoción y creación de nuevas cajas de crédito cooperativas y la transformación de la Ley de Entidades Financieras en una Ley de Servicios Financieros, lo cual significaría un triunfo histórico para el movimiento cooperativo.

Pablo Levinton- Licenciado en Economía (Universidad de Buenos Aires). Docente en cátedras de Economía Social (Universidad Nacional de Tres de Febrero y Universidad Nacional de Lanús). Consejero Suplente del Banco Credicoop. [email protected]

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