EN LA HORA MÁS DIFÍCIL

11-08-2014
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El 30 de julio último, la Cooperativa de Electricidad, Obras y Servicios Públicos de la localidad de Emilio V. Bunge, provincia de Buenos Aires, cumplió 54 años de presencia en la comunidad. A principios de 2010, entrevistamos a los hermanos Eduardo y Ricardo Chiapello en casa de este último. Los mellizos tienen a su cargo la difícil tarea de atender, entre otras cosas, los sepelios y el servicio de ambulancias.

A modo de adhesión a este nuevo aniversario de la cooperativa y en tributo a su personal, nos pareció oportuno reproducir la nota publicada en la reseña histórica elaborada con motivo del 50º aniversario de la institución. Seguramente muchos de nuestros lectores no han tenido acceso a las vivencias de estos trabajadores imprescindibles en el tramado comunitario pero a los cuales, uno preferiría no tener que molestarlos.

En enero de 1992 la cooperativa adquiere el servicio de sepelios a Pedro y Omar Fogliatto (coche fúnebre, ataúdes y de más elementos para asistir a los sepelios).

En un principio el personal afectado a otras tareas es el encargado de llevar adelante el servicio. Evidentemente hace falta personal idóneo y la cooperativa pone su mirada en los hermanos Eduardo y Ricardo Chiapello que ya vienen desempeñándose en el rubro con la firma Fogliatto.

¿Cómo nace la vinculación de ustedes con la cooperativa?

Eduardo: Hablamos alguna vez con el doctor Lucero, que cuando hubiese alguna vacante que nos tuviese en cuenta. Surge la cuestión de que quieren independizar los servicios sociales por recarga de trabajo. Por ese tiempo los atendía el mismo personal de Redes. Al principio los atendió Fogliatto (Pedro y Omar) un tiempo como contratados. Después decidieron hacerlo con gente de la cooperativa. Lo atendían Enrique Reyes, Jorge Mina, Daniel Brochiero...

Ricardo: Como teníamos experiencia porque nosotros habíamos estado ya con “Los Fogliatto” dándoles una mano, creyeron que podríamos hacerlo nosotros por cuestión de coordinación o de entendimiento. Entramos los dos juntos el 30 de noviembre de 1994. Entramos el mismo día que murió Horacio Cobián. A la hora de tomar los servicios en la cooperativa, nos avisan que había fallecido Horacio.

La tarea en los servicios sociales es convivir con el dolor. ¿Sintieron en algún momento que no estaban preparados para eso?

Eduardo: Había cosas en las que estábamos medianamente preparados por haber estado detrás de los Fogliatto mucho tiempo y hubo cosas que te superaban. Todo esto a su vez tiene una parte que yo valoro mucho y que es el reconocimiento de la gente por acompañar esos momentos tan especiales.

Ricardo: La parte solidaria es la que más se tiene que dar este trabajo. Te pega todo lo que va ocurriendo, más en un pueblo donde nos conocemos todos.

NO ACOSTUMBRARSE AL DOLOR

Deben tener experiencias fuertes que los hayan conmovido...

Eduardo: Accidentes de personas jóvenes o criaturas. Accidentes donde llegás y no sabés con qué te vas a encontrar. Después de tantos años en este trabajo, cuando te llaman por la ambulancia, que hay un accidente, te tiemblan las piernas. Aunque te digan que te acostumbrás, no sabés con qué te vas a encontrar. Tu tarea es esa y tenés que enfrentarla, pero esa adrenalina las tenés.

Ricardo: es como andar en el desierto. Tratás de encontrar un punto. Nos han llamado a la una o a las dos de la mañana. -“En un campo hay una persona descompuesta” y tenés que salir para el campo. Con el Dr. (Ariel) Puig, por ejemplo, de noche, abriendo tranqueras. Algunas encontrarlas con candado o que nos están esperando en alguna tranquera con algún chico enfermo. También ha ocurrido que nos han hecho ir de gusto a alguna parte.

Eduardo: En tiempos de la inundación, ir a Piedritas con barro todo el camino. Recuerdo la vez que tuvimos que ir al campo a buscar una parturienta con todos los caminos inundados sin saber si podíamos llegar y si íbamos a poder volver. Y llegamos acá a Bunge y de Bunge a Villegas y todo anduvo bien.

EL HUMOR INEVITABLE

Dentro del algún clima de dolor, como los velorios, a veces se dan situaciones con humor. ¿Les pasó alguna cosa así que recuerden?

Eduardo: Muchas veces se da que muere alguien y hay un problema familiar y vas a hablar por el horario del sepelio. Tenés que ir a hablar con los familiares y se entran a “pasar la pelota”. “Andá a verlo a tal, que después dice que yo decido todo” y el otro te dice: “No, que lo maneje tal otro que después se enoja”, y así. A veces tenés que hacer de psicólogo para tratar de armar las partes.

Ricardo: Una vez murió una señora y casi al mismo momento murió un hombre, Pusimos a la señora en la habitación de más atrás y al hombre en la sala de adelante. La gente venía al velorio de la señora y como la mayoría no sabía que había muerto este señor, se quedaba un rato en el velorio hasta que descubría que le había errado de velorio. Algunos, jocosamente decían: ¡como debe haber sufrido esta señora para que le quedara el rostro así! (el finado era bien morocho).Otra vez Eduardo colocó en el cajón a un vecino que había fallecido que en vida era bastante sordo. Nos estaba acompañando Miguel Yeregui en ese momento. Mi hermano observa que le había quedado el brazo afuera al finadito. Y dice: “Te dije sordo que el brazo lo dejes adentro”. Se escuchó el portazo, miramos para atrás y “Michi” había desaparecido.

¿Reciben cargadas por esa condición de “funebreros”?

Eduardo: Te dicen todo el tiempo, que venís a medir el traje y esas cosas pero yo siempre digo que lo nuestro es una cuestión rara. Siempre decimos que si no nos siguieran al cementerio nosotros nos volveríamos. Por algo nos siguen...

¿Se han capacitado para esta tarea?

Ricardo: tuve la oportunidad de hacer algunos cursos con Ricardo Péculo y allí te enseñan a trabajar con la familia del extinto, cómo manejar esos momentos tan especiales, la cercanía con el que está sufriendo...

Eduardo: Hemos hecho cursos de accidentes en la vía pública.

¿Las características del servicio los obliga a estar siempre “al pie del cañón”, no?

Ricardo: Así es. En el trabajo nuestro tenés que estar disponible las veinticuatro horas del día; cubrir guardias los 365 días del año. No es fácil. No es posible en lo nuestro si estás de guardia decir: “bueno, me levanto, tomo un café, fumo un cigarrillo y salgo”. Acá hay que estar al momento.