La desproporción de la oferta de mano de obra frente a las máquinas de la revolución industrial, que ponen en marcha la producción masiva, provoca que el dueño de ese capital elija, a su antojo, a quien contratar y cuanto pagar en una sociedad donde las personas no tenían protección. Esa nueva realidad social da origen a prácticas y teorías que intentan contrarrestar el avance del capitalismo. Y así aparecen, entonces, el sindicalismo y el cooperativismo que con el correr del tiempo se van distanciando. Dentro del cooperativismo se estructura un movimiento que tiene dos vertientes. Por un lado, el cooperativismo de trabajo y, por otro, todas las demás formas de cooperativas dentro de las cuales existe una relación de dependencia entre quienes trabajan y la cooperativa. El análisis de esa relación de dependencia, es el centro de este artículo.
Cooperativas de trabajo
El objetivo del cooperativismo de trabajo es la eliminación de la relación CAPITAL -TRABAJO; vale decir que el trabajo no tenga una relación de dependencia del capital. La pretensión es pasar de un trabajo dependiente a un trabajo responsable, de forma que quienes componen una organización se autorregulen en sus respectivos trabajos, todo en un marco de un acuerdo dentro de la cooperativa. El trabajo es el eje y el sustento de la organización y quienes están dentro de ella son los dueños del capital cooperativo que se va acumulando. El capital se transforma en un instrumento importante, pero no decide. Quienes deciden son los que trabajan y cada uno con un voto, independientemente del aporte que hagan a la entidad, de la responsabilidad que tengan en la conducción o de la antigüedad dentro de la cooperativa. Esta forma de organización cooperativa representa la más comprometida de todas, la que no tiene trabajadores en relación de dependencia, donde el capital está cooperativizado y es propiedad de cada uno de los asociados. Por supuesto que también existen otros tipos de estructuras cooperativas, como las que agrupan a los consumidores o productores, etc.; pero estas formas tienen a sus trabajadores en relación de dependencia.
Sindicalismo
El agrupamiento de los trabajadores en estructuras sindicales no se hizo originariamente con la sola pretensión de producir un mejoramiento circunstancial del lugar de trabajo, sino más bien fue la conformación de una organización política, solidaria, de clase, con la finalidad de conseguir el poder político de forma que, de arriba hacia abajo, se tomen las decisiones que permitan una redistribución de la riqueza. Para ello, un aspecto central debería ser, en esa concepción política, que el capital organizado como uno de los medios de la producción, debiera estar en poder del Estado; y alcanzar así lo que se denominó, “la dictadura del proletariado” que implicaba, ante todo, un encolumnamiento de la clase trabajadora alrededor de sus sindicatos que de manera federada ampliaban su poder estructural. Por lo tanto con esta concepción, todo lo que implicaba resolver coyunturalmente las crisis por sectores no era de sus intereses. Así es que, si el cooperativismo resolvía cualquier crisis en un espacio económico - social resultaba, a criterio del sindicalismo marxista, que era funcional al sistema y que, de esa manera, se impedía que la sociedad entre en una crisis profunda que sería aprovechada por los trabajadores organizados para conseguir un avance estructural cada vez mayor. Ese primer enfrentamiento cooperativismo - sindicalismo fue de carácter ideológico. Pero hay que tener en cuenta que para el cooperativismo esa solución parcial no implicaba resolverle el problema al capitalismo sino ir construyendo, de abajo hacia arriba y de manera pacífica, una nueva estructura económico - social. De esta forma lo que iba quedando en manos cooperativas empezaba a crecer en ese espacio y podía avanzar conquistando otros espacios más, con la ayuda estratégica de la integración y solidaridad cooperativa. Esa disputa ideológica duró hasta principios del siglo pasado y en Argentina, hasta la década del 40, que dio paso a otro tipo de distanciamiento producto del cambio de paradigma en el propio sindicalismo que fue perdiendo la influencia de las posturas típicamente marxistas.
Actualmente el sindicalismo mayoritario se estructura de forma operativa y práctica; asume posturas de carácter reivindicativo y deja de lado, esencialmente, la lucha por el cambio estructural del sistema capitalista. Su trabajo real más bien se sitúa en la pretensión de modificar el mismo sistema hacia un lugar de “capitalismo con rostro humano”. La lucha no se traduce en contra del capital sino en contra del abuso del capital, de acuerdo a unas reglas de juego pautadas por normas legales que, en la práctica cotidiana, se traducen en las negociaciones entre empresarios y trabajadores realizadas bajo la tutela del Estado quien, dependiendo de ciertas inclinaciones políticas, va optando por favorecer determinadas medidas hacia uno u otro espacio sin romper la regla fundamental que es el reconocimiento de la relación capital - trabajo. Así es que pasamos, en épocas no muy lejanas donde no se regulaba ni siquiera el trabajo infantil, hasta la etapa actual donde se establecen pautas de responsabilidad social empresaria, pero manteniéndose la esencia fundamental que es la relación de dependencia: el trabajo depende del capital. Ese punto de referencia inicial y básico da origen a la conformación de los dos sectores en pugna: el sindicato y las cámaras empresarias. El punto que no se discute actualmente es, precisamente, la relación de dependencia. A partir de allí todo está sujeto a concertación de forma que se intente un equilibrio que procura la mejora social y cultural del trabajador como consecuencia de su mejora económica y de las condiciones objetivas del trabajo en sí. De todos modos queda claro qué es lo que defiende cada uno.
El objetivo, la autogestión
Podría pensarse que las cooperativas de trabajo son superadoras del punto de partida del sindicalismo actual ya que no necesitan de la disputa o negociación entre trabajador y empresario; por cuanto el cooperativismo de trabajo elimina la intermediación entre el capital y el trabajo porque el trabajador cooperativizado no tiene relación de dependencia con el capital y se auto-organiza para auto-gestionarse de forma grupal y solidaria. Acuerda, en la negociación interna, cómo se repartirán los ingresos o los excedentes de forma que haya equidad distributiva y equidad en las decisiones ya que todos tendrán un voto para tomar decisiones. Se valora a las personas; se las dignifica poniéndolas en un lugar que aumenta su autoestima ya que cada uno debe decidir. No así en el caso de la situación de dependencia donde, aunque el trabajador reciba iguales remuneraciones económicas que en una cooperativa, quien decide, en la empresa privada, es el dueño del capital. En síntesis: la eterna relación de dependencia, al final, no debiera ser la aspiración del ser humano y sí la libertad para autogobernarse y autogestionar su propio trabajo.
Jorge Bragulat
Contador Público, Doctor en Ciencias Económicas, Presidente de la Cooperativa Editorial de la (Univ. Nacional de Lanús), Director del Posgrado en Economía Social (Univ. Nacional de Tres de Febrero), ex Rector de la Universidad Nacional de La Pampa y ex profesor de la Universidad de Barcelona (España).





