ECONOMÍA SOCIAL, POPULAR, SOLIDARIA

28-04-2015

Existen diferentes términos o construcciones discursivas para denominar ese espacio tan rico de actividades productivas y de prestación de servicios que no cuadra dentro de la economía privada capitalista ni tampoco dentro de la economía pública. En las universidades, en la política y en la comunidad en general, veremos que se habla de: Economía social, Economía solidaria, Economía Popular, entre otras denominaciones.

Esta diversidad discursiva nos interesa por el hecho de que ha reflejado también un cierto alejamiento entre las experiencias que no siempre se reconocen como sectores afines. A su vez ha sido habitual también separar a estos actores desde el abordaje en las políticas públicas.

Sucede que con el correr del tiempo se han ido formulando diversos enfoques teóricos que acentúan alternativamente más lo popular, lo jurídico, lo autogestivo, etc.

Generalmente se viene utilizando el concepto Economía Social para referir a las iniciativas colectivas que desarrollan actividades con la finalidad de satisfacer necesidades de sus asociados a través de una gestión democrática y adoptando figuras jurídicas delimitadas: mutuales, cooperativas, y asociaciones civiles sin fines de lucro. Esta es la economía social tradicional, heredera de las experiencias de los inmigrantes europeos que arraigaron en América haciendo un invaluable aporte al desarrollo local de los pueblos y a la desconcentración del poder económico monopólico, disputando espacios concretos dentro del ámbito de la producción, la distribución, el consumo y el financiamiento.

Ya en otro contexto histórico, a fines del siglo XX y como consecuencia y contracara de la exclusión social desencadenada por el neoliberalismo, se empezó a utilizar con mayor frecuencia el concepto Economía Solidaria. En esta denominación se acentúa el término “solidaria” para destacar que se trata de iniciativas productivas o del ámbito de los servicios que movilizan la solidaridad frente a la adversidad para asegurar o mejorar la calidad de vida, a través de un sistema de participación democrática directa o ampliamente representativa: empresas recuperadas por sus trabajadores, agrupaciones de productores, mutualidades de base territorial, cooperativas de educación, vivienda y trabajo, pequeñas cooperativas de servicios, mercados solidarios, etc. En realidad en este enfoque no interesa tanto si la entidad tiene o no una figura jurídica delimitada. Lo que define a la economía solidaria es la solidaridad recíproca, la horizontalidad en el vínculo y en la toma de decisiones y la interrogación de la lógica productivista y consumista dominante. Hace referencia a prácticas portadoras de un espíritu crítico, que cuestionan simbólicamente al modelo hegemónico capitalista, en sus valores y en sus consecuencias sociales y medioambientales. Es necesario destacar que este dinamismo y espíritu crítico, si bien es una característica de los nuevos movimientos sociales de fines de siglo, no es un atributo exclusivo de las iniciativas recientes de economía solidaria, sino que el cambio cultural permea a diferentes tipos de organizaciones.

El enfoque de economía social, como el de economía solidaria se vinculan a su vez con el concepto de Economía Popular que hace referencia a iniciativas de actores individuales o asociados que llevan adelante microemprendimientos para reproducir su propia vida y sus medios de subsistencia. La economía popular sería una instancia previa al asociativismo (formal), que bien puede tornarse social y solidaria integrando nuevos participantes en condiciones equitativas, como también ser “colonizada” por la economía capitalista introduciendo lógicas de dependencia y a veces de explotación.

Sin embargo, en la última década parece haber una búsqueda teórica y práctica por identificar intereses y problemáticas afines a los diferentes sectores, tanto para los más tradicionales que han logrado cierta sustentabilidad económica y escala de asociados, como para los más pequeños e incipientes que aún precisan de diferentes ayudas y apalancamiento por parte del Estado, pero que proyectan la construcción de una economía más democrática y equitativa.

Unión de experiencias de la economía social y solidaria

En el plano de las experiencias podemos ver como en el cooperativismo de consumo por ejemplo, la Cooperativa Obrera (una organización tradicional con una cantidad importante de asociados) busca relacionarse en la cadena productiva con pequeñas cooperativas de trabajo autogestionado que operan como proveedores. Las universidades celebramos estas iniciativas y analizamos como superar las contradicciones al interior de esas búsquedas, por lo estratégico que puede resultar el hecho de integrar la escala y sustentabilidad que han alcanzado muchas organizaciones tradicionales de la economía social con la capacidad de disputa simbólica que incuban y desde allí proyectan las pequeñas iniciativas de economía solidaria.

En este sentido se empieza a hablar también de Economía social y solidaria como concepto abarcador que busca comprender tanto a las más tradicionales organizaciones, como a las recientes expresiones de economía solidaria. Se empieza a reconocer que ambas constituyen “otra forma de hacer economía” opuesta a la economía del lucro, que articula personas y proyectos en pos de la búsqueda de intereses comunes, procurando eficiencia y solidaridad bajo estructuras democráticas de gestión y dinámicas vinculares que tienden a la horizontalidad. Esta fusión terminológica puede constituir un faro en la construcción de aportes teóricos, dando visibilidad a un actor que debe ser objeto de políticas públicas integrales para que se consoliden los proyectos existentes y florezcan nuevas iniciativas encauzadas en los principios de la cooperación y el asociativismo.

Jorgelina Flury

Magister en Ciencias Sociales con orientación en educación. Especializada en Economía Solidaria y Desarrollo Sustentable. Trabaja en el Centro de Estudios de la Economía Social de la UNTREF como coordinadora académica y como docente del Curso de posgrado Economía Social y Dirección de Entidades sin Fines de Lucro en modalidad presencial.

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