Disparando contra ruiseñores
Por Dante Leguizamón- Periodista (*)
Todos los días en cualquier lugar del mundo hay un chico que daría su vida por un abrazo de su padre.
Daniel Salzano, escritor cordobés
Rafael llevaba puesto un camperón verde que había despertado la burla de algunos compañeros al ingreso de la escuela. Después de izar la bandera, cuando ya todos estaban en el aula esperando al profesor, lo vieron pararse delante del pizarrón y observar. Su banco estaba en primera fila cerca de la puerta, pero esa mañana después de dejar su mochila se ubicó en el centro del aula organizando en su mente lo que sería la escena de un múltiple crimen. El suyo. Tenía apenas 15 años y una angustia similar a la de cualquier otro adolescente de esa edad.
Después de observar el panorama, Rafael volvió a su banco y sacó la pistola Browning 9 milímetros de su padre. El primer tiro sirvió sólo como un llamado de atención. El segundo marcó el comienzo de la masacre.
Carmen de Patagones se encuentra en el extremo sur de la provincia de Buenos Aires, cerca del límite con Río Negro. Se trata de una zona tan alejada de la capital -921 kilómetros- que otros habitantes de la provincia señalan allá para indicar dónde está, sin saber en qué punto cardinal se encuentra y sobre todo, sin haber tenido nunca la necesidad de acercarse hasta allí. A casi nadie le importaba dónde quedaba el pueblo de unos 16 mil habitantes hasta que el 28 de setiembre de 2004 Rafael disparó por segunda vez y sosteniendo el arma con sus dos manos hizo que los restantes 11 proyectiles del cargador inundaran de pánico y muerte el aula de cuarto año de la escuela Malvinas Argentinas.
La Browning es considerada un arma revolucionaria desde su aparición. Su bajo peso, su buena precisión y su alta capacidad -con un concepto de utilidades muy europeo- hacen que una persona inexperta pueda disparar todo el cargador en entre 30 y 60 segundos con una precisión más o menos aceptable. Por otro lado, se le critica que tiene bajo stopping power (poder de parada) que es algo así como decir que sus proyectiles tienen alta velocidad, pero poca masa. En criollo, los especialistas dicen: no te voltea de inmediato. Pero afirman que produce lesiones internas muy complicadas para los médicos que quieran cuidar a sus víctimas.
Rafael primero apuntó a la fila cercana a la ventana, ubicada a su derecha. Los disparos dieron en Sandra Nuñez y Evangelina Miranda. Desde allí hizo una parábola vertical hacia el otro extremo -siempre disparando- y también mató a Federico Ponce mientras hería de gravedad a Natalia Salomón, Nicolás Leonardi, Cintia Casasola, Rodrigo Torres y Pablo Saldías Kloster. Cuando se acabó el cargador -con sus compañeros gritando, escondiéndose y corriendo- tuvo tiempo de sacar otro cargador del bolsillo, montarlo como su padre le había ensañado y disparar dos veces más. Una de esas balas buscó al cantinero de la escuela, el Bocha Sofi, que amagó con asomarse por la ventana y logró esconderse antes de que Rafael le disparara en la cabeza.
Aunque todavía le quedaban 11 balas, más un tercer cargador que llevaba en el bolsillo, Rafael de repente se detuvo y salió caminando hacia el patio con la pistola en la mano. Después de dar unos pocos pasos cayó arrodillado. En el bolsillo de su camperón llevaba el cuchillo tipo comando que también le había robado a su padre y que no alcanzó a usar. En ese instante quien apareció en escena fue su único amigo, un chico que se sentaba a su lado en el aula y se llamaba Dante. Los testigos dicen que fue ese chico quien lo abrazó y le dijo unas palabras al oído que nunca conoceremos.
Rafael -a quien ya podemos llamar Juniors, como lo llamaron los medios de comunicación desde un primer momento- soltó el arma, se tapó la cara con las manos y lloró. La masacre había terminado.
El primero en entrar al aula, sin imaginar que el asesino todavía estaba en el pasillo fue el celador, Juan Pablo González. Mientras afuera se escuchaban los gritos desesperados de los chicos y las corridas por los pasillos, adentro había cuatro cuerpos. Evangelina y Sandra no tenían pulso; Federico Ponce, tampoco. Pablo Saldías, sí. En la excelente crónica sobre los hechos escrita por Natalí Schejtam cuatro años después, el celador lo narró así: Le di a Pablo dos o tres sopapitos en el pecho.
¿Y volvió? -pregunta la periodista
Sí. Volvió. Estaba inconsciente y volvió -contesta el celador.
¿Y qué dijo?
Mamá, mamá, mamá.
***
Alicia Ramallo acababa de escuchar la noticia en la radio y caminaba por la calle rumbo al juzgado cuando la llamaron al celular para contarle que, como jueza de menores de Bahía Blanca, estaba a cargo del caso. Apenas llegó al despacho pidió un auto para recorrer los 274 kilómetros que la separaban del lugar de los hechos. Antes de hacerlo tomó una decisión sabia. Ordenó que inmediatamente sacaran a Juniors de Carmen de Patagones. Tenía miedo de que intentaran lincharlo.
En el libro de los periodistas Miguel Ángel Braillard y Pablo Morosi, Juniors, la historia silenciada del autor de la primera masacre escolar de Latinoamérica, lograron reconstruir el primer diálogo entre Juniors y la Jueza Ramallo que al parecer se produjo en la ruta cuando ambos se cruzaron: la jueza viajando a rumbo a Carmen de Patagones y Juniors Rafael, siendo trasladado por la Policía bonaerense hacia Bahía Blanca.
-Hola. ¿Cómo estás? Me llamo Alicia. Soy la jueza que va a trabajar con vos por lo que hiciste. ¿Te sentís bien? ¿Me querés contar qué pasó?
-Eh... algo me acuerdo... No, no sé, en realidad fue todo muy rápido...
-¡Pero, qué barbaridad, querido! ¿Te das cuenta de lo que hiciste a tus compañeros? ¿Sos consciente de la gravedad de los hechos?
-Sí, sí...bah, no sé...
-¿Cómo te sentís... estás angustiado?
-Sí... respondió, seco.
-Es terrible,... ¿supongo que estarás arrepentido?
-y... sí
-Bien, Juniors, aunque no estás obligado, es importante que si tenés ganas, nos cuentes lo que te pasó a vos.
-...Cuando papá salió con mamá me metí en la pieza y saqué la pistola y los cargadores.
-¿El arma estaba cargada? -inquirió la secretaria
-...- asintió con la cabeza.
-¿Después qué pasó, te fuiste a dormir así nomás?
-No... no dormí nada...
-¿Por qué? ¿Estabas nervioso?
-Tenía escalofríos. Estaba descompuesto...
-¿Y qué hiciste a la mañana siguiente?
-Salí a las siete, me fuí caminando a la escuela...
-¿Qué pensabas en el camino?
-...Nada...
-¿Y qué hiciste cuando llegaste a la escuela?
- Entré y me fui a formar la fila para subir la bandera...
-¿Le mostraste a alguien el arma? inquirió la jueza
-La pistola no...- Junior se sentó e hizo un largo silencio-... el cuchillo se lo mostré a Dante...-un compañero, reveló.
A cuentagotas, relató que se sentó solo en el primer banco y que una vez que pasaron sus compañeros se puso de pie y caminó hasta el pizarrón. Dijo que se paró frente al curso y extrajo el arma. Que ya estaba para disparar. Que vació el cargador. Que salió al pasillo y recargó. Que le disparó a un señor. Que no oyó voces, gritos ni ruidos. Que no era él.
-¿Por qué lo hiciste?- Le preguntó la jueza pidiéndole por cuarta vez que levante la vista y la mire a los ojos.
-...
-¿Estabas enojado?
- Sí.
-¿Con tus compañeros?
-Sí-, susurró
-¿Con tu familia?
-...También...
-¿Por qué estabas enojado con tus compañeros?
- Me molestan... siempre me molestaron, desde el Jardín... Desde el séptimo que pensaba hacer algo así- dijo.
-¿Y cómo es que te molestan?
-...Y, me cargan. Dicen que soy raro... me joden porque tengo este grano en la nariz...
-¿Y con tu familia?
-Tuve una pesadilla: Yo agarraba un cuchillo y apuñalaba a mi papá. Pero él no se moría, me preguntaba por qué lo había hecho y yo le tiraba una silla y salía corriendo.
La noticia explotó en todo el país. Unos años antes, en el condado de Jefferson, estado de Colorado (EE.UU) dos adolescentes habían planificado y llevado a cabo una masacre en la secundaria Columbine. El resultado del ataque -que incluyó la explosión de 99 artefactos explosivos por parte de Eric Harris y Dylan Klebold- fue la muerte de 12 estudiantes y un maestro. Los medios no tardaron en buscar similitudes entre ambos casos tratando de comparar aquel episodio con lo ocurrido en el sur de la provincia de Buenos Aires.
Como suele ocurrir en estos casos nadie quiere asumir que las personas que los cometen no son demasiado diferentes a nosotros. Así surgieron varias hipótesis que, a la distancia, aparentan ser simplemente consecuencia de los prejuicios de quienes las enunciaban.
La primera explicación surgió por el lado de la supuesta monstruosidad del victimario. Además, se habló de la relación que tenía Juniors con Dante, su único amigo.
Tras esa versión surgió el sobrenombre Pan Triste que supuestamente utilizaban sus compañeros para maltratar a Juniors. Eso dio pie a la hipótesis del bullying y la venganza. Aunque evidentemente Juniors era un compañero marginado por los otros alumnos, los testimonios de los compañeros indicaban que no era blanco de gastadas extraordinarias a las que sufrían todos en la escuela.
Evidentemente él no lo sentía de esa manera. Recién cuando los ánimos empezaron a calmarse se empezó a hablar de la relación del autor del hecho con su padre y comenzaron a conocerse historias de cómo el gendarme -que le había puesto Juniors a su hijo por su fanatismo con Boca Juniors- lo hacía esforzarse desmedidamente cuando jugaba al fútbol hasta el punto de humillarlo públicamente.
Mientras la conmoción en Carmen de Patagones seguía, comenzaron las marchas de silencio mostrando a una sociedad quebrada. La desesperación de los medios de comunicación por mostrar detalles del horror hizo más difícil para las víctimas superar el momento. Así como técnicamente se podría decir que la escena del crimen no era sólo el aula sino también el colegio; cabría decir que las víctimas no eran sólo los muertos y los heridos, sino también todos los alumnos, sus padres y la sociedad de Carmen de Patagones en general.
El rumor de la supuesta influencia de Dante sobre su amigo Juniors Rafael hizo que al volver a la escuela ese otro adolescente fuera amenazado y maltratado. Sus padres decidieron irse de la ciudad y literalmente desaparecer. Fueron justamente los padres de sus compañeros los que amenazaron a la escuela: si él seguía asistiendo, retirarían a sus hijos.
Juniors y Dante pasaban mucho tiempo juntos, se vestían de manera similar y tenían un vínculo cercano. Hablaban entre ellos en inglés para que los otros no entendiesen y algunos hasta sugirieron que, durante la masacre, Dante permaneció al lado de Juniors sin miedo a ser herido.
Fue el único que no se tiró al suelo. Llegaron a decir.
Sin embargo, otros afirmaron que cuando Juniors se arrodilló en el pasillo, fue Dante quien se tiró sobre él, le habló y lo desarmó. Lo cierto es que, tras la tragedia, Dante -a quien entre otras cosas se criminalizó por cuestiones absurdas como el hecho de que leía a Friedrich Nietzsche- debió declarar varias veces en el juzgado y al salir de allí sufrió graves ataques de nervios.
En relación a los problemas sociales de Juniors, es importante el testimonio de Nicolás Leonardi, que conocía al asesino porque jugaban juntos en el Club Social y Atlético Jorge Newbery de Carmen de Patagones. En una nota del diario Clarín dijo que en el fútbol Juniors la pasaba muy bien y que sus problemas estaban en la escuela donde se convertía en otro pibe, muy callado que no interactuaba y parecía que no estaba en el aula.
Fue ése chico quien afirmó que el padre era muy riguroso con Juniors.
Para esta nota dialogamos con uno de los autores del libro sobre el caso, Pablo Morosi. Según contó, la hipótesis sobre la participación de Dante en los hechos nunca se investigó. En la lectura del expediente tampoco surge que Juniors haya hablado de haber complotado con alguien para llevar adelante sus crímenes. Dante vive en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Estudió Filosofía y Letras. Nunca nadie pudo realizarle una entrevista.
Las sospechas sobre la violencia que ejercía el padre de Juniors sobre su hijo volvieron a tomar forma en 2011. Una noticia que pasó inadvertida por los medios de comunicación, indica que en agosto de 2015 se produjo un intento de linchamiento contra un gendarme en la localidad de Ensenada, a quien se acusaba de haber abusado de una nena de 12 años. Ese Gendarme era el padre de Juniors. Las referencias sobre el hecho se acaban allí. Sólo se sabe que, once años después de dejar Carmen de Patagones por lo que había hecho su hijo; la familia también tuvo que dejar Ensenada, por lo que era acusado el padre.
En el expediente judicial hay varias referencias a episodios de violencia familiar del padre, pero ninguno de ellos fue investigado en profundidad. En referencia a ello Pablo Morosi, comentó:
Entendí que más allá del acoso (por parte de sus compañeros) para que se produzca un hecho como el de Carmen de Patagones, es necesario que haya una personalidad severamente afectada para sentir que eso (algo bastante común entre adolescentes) sea una pulsión que impulse a matar como lo hizo este pibe.
Juniors estuvo sin pisar la calle desde setiembre de 2004 hasta agosto de 2007. Después comenzó a gozar de ciertos beneficios. Salidas transitorias de 24 horas semanales primero, de 48 después, de 72 y de 96 hasta que comenzó a pasar más tiempo en su casa que en el sanatorio. Los especialistas que lo han tratado indican que su diagnóstico es trastorno de personalidad. Su historia está siendo llevada al cine.
Aclaración: Juniors era menor de edad al momento de los hechos. En la mayoría de las notas consultadas para este trabajo se publica su nombre completo y su apellido. También el de su padre. Eso viola las normas internacionales sobre derechos del niño.
Esta crónica no está escrita para impulsarlo a pensar que es necesario bajar la edad de imputabilidad de los menores de edad. Al contrario. Aquí se relata un hecho policial porque los hechos policiales contienen indicios sociales. Muchas veces estos quedan relegados detrás de la noticia impactante o escandalosa. Nuestro deseo es realizar el proceso inverso. Este fue un hecho terrible, pero principalmente es triste y desolador. Utilizarlo para criminalizar a los menores en conflicto con la ley - como acostumbra hacerlo gran parte de la clase política - sería una invitación a la hipocresía social de la cual no pretendemos ser parte ni cómplice. Quisiéramos citar una frase de la escritora Harper Lee, autora del libro ganador del Pulitzer Matar a un ruiseñor, cuyo nombre utilizamos para titular nuestra crónica: Es posible que oigas cosas feas en la escuela: pero haz una cosa por mí, si quieres: levanta la cabeza y no levantes los puños. Sea lo que fuere lo que te digan, no permitas que te hagan perder los nervios. Procura luchar con el cerebro para variar... Es un cambio excelente, aunque tu cerebro se resista a aprender.
Fuentes: El crimen de Juniors. Crónica. Por Natalí Schejtam- Diarios de la época- Juniors, la historia silenciada del autor de la primera masacre escolar de Latinoamérica. Por Miguel Ángel Braillard y Pablo Morosi.
(*) Publicó La marca de la bestia y La letra con sangre- Trabaja en los servicios de Radio y Televisión (SRT) de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC)