DIRIGENTES COOPERATIVOS

09-06-2015

Un necesario reconocimiento que merecen aquellas personas que tantos esfuerzos realizan para que la cooperativa de su pueblo pueda ser la organización hacedora de los servicios comunitarios.

El compromiso social de la representación que ejerce la conducción es genuino, porque se plasma en hechos que dejan una constancia irrefutable de la obra dirigencial solidaria que intenta transformar la sociedad desde un cambio cultural.

Claramente la presencia del querido ex presidente de la República Oriental del Uruguay José “Pepe” Mujica en los 20 años de COLSECOR, fue la mejor manera de poner en valor la lucha cooperativa por un mundo mejor.

El cooperativismo tiene ética de la responsabilidad en la construcción de ciudadanía cuando logra generar con el proyecto colectivo progresos de igualdad y equidad en el campo social.

Hace falta mucha tenacidad, inclaudicable, para reducir a la mínima expresión la posibilidad del atajo individual que propone la sociedad actual. Sería un serio error de apreciación de nuestra parte subestimar la capacidad de daño que tiene el culto por lo material donde cada uno vale más por lo que tiene que por lo que es.

No podemos ser indiferentes frente a la pobreza estructural y menos hacernos los sorprendidos cuando hay enunciados de violencia nacidos de un cautiverio clientelar de los desposeídos. Por esto es que no debemos bajar los brazos en el trabajo diario por una economía social inclusiva. Solo será posible con inversión educativa cooperativa que promueva efectivos emprendimientos de ayuda mutua.

En otro orden, es importante resaltar que los dirigentes cooperativos en nuestro país no son aves de paso por las entidades. Es imperioso crear tiempos para la consolidación de los procesos de participación. No hacerlo incrementa el sesgo del ultra gerenciamiento que hace perder las referencias cardinales hacia donde debe ir la entidad sin fines de lucro.

Es verdad que hay que hacer germinar los cambios generacionales en los planos de conducción para proseguir la obra con la juventud, pero también es verdad que no está bien condenar a la pasividad a las personas idóneas y lucidas con experiencia y vigor que tanto pueden seguir aportando para la construcción del presente y el futuro.

Correr contra las urgencias es una realidad innegable en las cooperativas pero no por ello solo se debe pensar solo en clave efectista. Estaríamos formando una importante obturación de los fundamentos cooperativos y las ideas que definen nuestra identidad como empresas de capital social.

El cooperativismo, en una sociedad en tensión y conflicto, no puede pensarse como un estado de excepción. Todo lo contrario. Si se lo considerara como protagonista de un nuevo tiempo con ecuanimidad de valores humanitarios por sobre las conductas que nos dividen, estaríamos volviendo a creer, como nos dijo Pepe Mujica, que la persona solo evoluciona si se desarrolla con otros, en comunidad. Por esto es que finalmente tenemos que entender que la lucha es cultural.

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