De la emoción violenta al femicidio

22-06-2018

Por Osvaldo Aguirre | Escritor y periodista

Era el amor de su vida. Así se lo explicaba Eduardo Vázquez a sus amigos. Wanda Taddei lo contaba con las mismas palabras, y por eso decidieron casarse e incluso pensaron en tener un hijo. Las fotos los mostraban abrazados y sonrientes. Pero el romance tenía un lado oscuro que permanecía en secreto, hasta que una noche discutieron y él la prendió fuego.

La muerte de Wanda Taddei, el 21 de febrero de 2010, instaló definitivamente la discusión sobre la violencia de género en la agenda pública. Fue uno de los casos que impulsó la reforma del Código Penal, sancionada en noviembre de 2012 para incorporar la figura del femicidio como agravante en los homicidios. Y el que expuso, como ningún otro, las deficiencias de la Justicia para responder ante el problema.

Eduardo Vázquez recibió primero la falta de mérito, y ocho meses después de los hechos fue procesado como autor de homicidio agravado por el vínculo. El Tribunal Oral en lo Criminal número 20 de la ciudad de Buenos Aires lo condenó en junio de 2012 a 18 años de prisión al considerar como atenuante que había actuado “en estado de emoción violenta”. Era el argumento con que históricamente la Justicia desconocía la violencia de género, así como la categoría “crimen pasional” borraba los femicidios en las crónicas periodísticas.

El fallo fue considerado una de las peores decisiones judiciales en el mundo durante 2012 por el jurado de los Premios Género y Justicia al Descubierto, un certamen de la organización Women´s Link Worldwide con el propósito de resaltar las sentencias que obstaculizan o propician la igualdad de género. En septiembre de 2013, la Sala IV de la Cámara de Casación Federal anuló el atenuante y elevó la condena de Vázquez a prisión perpetua, y más tarde la Corte Suprema de Justicia confirmó la nueva resolución.

Pero el fuego que terminó con la vida de Wanda Taddei no dejó de propagarse. Entre febrero de 2010 y diciembre de 2012 otras 136 mujeres fueron quemadas en distintas ciudades de la Argentina y 58 fallecieron como consecuencia de las heridas. Y los interrogantes que atravesaban su historia permanecen abiertos.

Beatriz Regal, mamá de Wanda

El amor y la violencia

Wanda Taddei y Eduardo Vázquez habían sido novios en la adolescencia. Se conocieron cuando ella tenía 15 años y cursaba la secundaria en el colegio Mariano Moreno, en el barrio de Almagro. La relación tuvo un final abrupto ante la intervención de Jorge Taddei y Beatriz Regal, los padres de Wanda.

“Fue su primer novio. Nosotros nos opusimos porque tenía problemas de adicción a las drogas desde muy chico”, cuenta Beatriz Regal en su casa del barrio de Mataderos. Wanda dejó entonces de asistir a la escuela, para cursar como alumna libre, y más tarde, cuando tenía 20 años, conoció a Jorge Elechosa, con quien se casó y tuvo dos hijos.

El segundo capítulo de la relación comenzó en 2007, después de que Wanda se separara de su marido. “Una tarde la invitó una persona del barrio a la pileta del Parque Brown. Ella no quería ir, pero tanto le insistieron que fue. Lamentablemente estaba él. Ese mismo día lo llevó a la casa, donde vivía con los hijos. Vázquez estaba esperando el juicio por Cromañón”, dice Regal.

El baterista de Callejeros padecía un cuadro de estrés postraumático desde el incendio de Cromañón, donde murió su madre, Dilva Paz. “No podía estar en lugares oscuros, le faltaba el aire, se agitaba. También presentaba situaciones de estar hiperalerta o con miedo a que lo agredieran o insultaran, con momentos de flashbacks, mucho más activados al acercarse la sentencia”, contó Paola Szerman, su psicóloga, en el juicio por la muerte de Wanda.

A primera vista parecían una pareja feliz. “Todos los que los conocieron como pareja no pueden decir que no se querían -declaró María Laura Álvarez, amiga de Vázquez-. Se amaban profundamente. Era una pareja como todas, constituida, su anhelo era estar juntos, casarse. De hecho proyectaban tener un hijo y por eso estuvieron construyendo una habitación en la casa”.

Sin embargo, la vida familiar estaba signada por las fobias y los temores de Vázquez, y por una violencia creciente. En 2008 Jorge Elechosa dijo que lo había amenazado de muerte y con quemarle el auto y lo denunció en una comisaría de Ciudadela; como respuesta, Wanda Taddei pidió la restricción de acercamiento de su ex marido a sus hijos. El incidente puso fuera de sí al músico: “vos sabes todo lo que tengo con Cromañón, te voy a quemar, te voy a matar”, dijo.

Gabriela Agüero, la pareja anterior de Vázquez, denunció a la vez a Wanda por darle una cachetada y le impidió el contacto con la hija que tenía con el baterista.

Se casaron en noviembre de 2009. Pero la fiesta tuvo momentos de crispación. “Mientras la ayudaba a Wanda a ponerse el vestido, él comenzó a golpear la puerta pidiéndole, a los gritos pelados, plantillas para ponerse”, recordó Nadia Taddei, la hermana menor.

Un mes antes, Wanda llegó a la casa de sus padres con moretones en los brazos. Dijo que se había caído y, a continuación, “que Eduardo estaba muy nervioso por el tema del casamiento, que había que entenderlo”, declaró Néstor Taddei, su hermano. No quería hacer una denuncia para no perjudicar a Vázquez en la causa de Cromañón. “Otra situación concreta fue un día que llevé a mis sobrinos al club. A la nochecita, de regreso a lo de Wanda, oí ruidos muy fuertes en la casa y Eduardo diciéndole a mi hermana «te voy a matar, te voy a quemar»”, agregó.

La situación se repitió. “Un día, cuando fuimos a buscar a los chicos al colegio, mi hermana llevaba lentes y, al sacárselos, vi que tenía el ojo morado. Dijo que se había resbalado en el baño”, recordó Nadia Taddei.

Socialmente, eran una pareja afectuosa. “A Eduardo le había cambiado la vida desde que estaba con Wanda, era la pareja que él estaba buscando”, dijo Esteban Alonso, uno de sus amigos. Las declaraciones de amor parecían aliviar los problemas, y Wanda las repitió en la casa de sus padres hasta cuatro días antes de morir.

“Mi hermana se la pasaba diciendo todo el tiempo «es el amor de mi vida, es el amor de mi vida», y Eduardo lo mismo -dijo Nadia Taddei-. Pero a la mínima cosa que pasaba, explotaba”.

La última discusión

En la noche del 9 de febrero de 2010 Vázquez estuvo en un ensayo de la banda Callejeros hasta poco antes de la medianoche. El grupo pasaba por un momento que parecía promisorio, en medio del largo proceso judicial por el incendio de Cromañón: venía de tocar ante 15.000 personas en Mar del Plata y se preparaba para otro recital en Cosquín.

El año anterior los músicos habían sido absueltos por el incendio, que provocó la muerte de 194 seguidores de la banda y de varios de sus familiares. La sentencia sería revertida en 2011, cuando fueron condenados a 7 años de prisión.

Vázquez había llegado tarde a la sala de ensayo. El percusionista Hernán Garibaldi lo notó pálido, y le dijo que le había bajado la presión. Su auto, un Volkswagen Gol, tenía problemas por recalentamiento en el motor, y lo forzaba a detener la marcha cada diez cuadras. Aun así se ofreció para llevar de vuelta al guitarrista Elio Delgado y al propio Garibaldi, antes de regresar a su casa, en Mataderos.

Al mismo tiempo, a causa de la tardanza y de lo prolongado del ensayo, mantuvo una discusión telefónica de varias horas con Wanda Taddei, que comprendió 27 llamados y un número mayor de mensajes de texto.

La pelea continuó cuando Vázquez llegó al domicilio de la calle Pizarro 7083. Según su versión, el baterista se tomó primero en broma las recriminaciones de Wanda, pero cambió de humor al caer a la pileta, en el patio de la casa, para evitar que ella arrojara su celular al agua. Y empeoró cuando Wanda cortó la luz y lo sumió por unos instantes en la oscuridad que lo acechaba desde la noche de Cromañón.

Ese fue la base para que el Tribunal Oral aplicara el atenuante de emoción violenta. Los jueces de la Cámara de Casación consideraron que no hubo ninguna prueba al respecto. Pero el eje de la discusión judicial se planteó alrededor del modo en que Wanda resultó con quemaduras en un 60 por ciento de su cuerpo.

Vázquez declaró que ella se le puso de frente con una botella de alcohol y con eso quiso pegarle en la cabeza. En el forcejeo, saltó la tapa del envase y salió líquido que los impregnó a ambos. A continuación, al encender un cigarrillo se le prendió fuego la mano y Wanda se quemó cuando intentó apagarlo con un almohadón.

El músico dio dos versiones sobre el origen del fuego. Al principio lo atribuyó a la primera pitada que dio al cigarrillo; después afirmó que se había producido cuando lo prendió, por la llama del encendedor. Los peritos coincidieron en descartar su explicación y sostener que debió aplicar la llama al cuerpo de Wanda.

Esa misma noche, cuando aun esperaba a su esposo, Wanda habló por teléfono con Nadia Taddei. “La noté angustiada, resignada, era bastante triste su tono de voz, por eso le pregunté si estaba bien y me respondió que sí”, contó su hermana. Pero en el curso de la conversación insinuó una confesión.

-Algo anda mal -dijo Wanda-. Mañana, si tenés cinco minutos, tomamos unos mates y hablamos.

Nadia Taddei se despertaría horas después, en plena madrugada, cuando escuchó “timbres desesperados” en el edificio donde vivía. Abrió la ventana y vio a Vázquez y sus dos sobrinos en calzoncillos.

Vázquez había llevado a Wanda al Hospital Santojanni.

-Bajá -dijo-. Hubo un accidente.

Una demanda activa

-Me enteré ocho horas después -recuerda Beatriz Regal-. Yo estaba sacando el registro para conducir y recibo un llamado telefónico donde Jorge, mi marido, me dice “vení que Wanda se muere”. Pensé que la había atropellado un auto, un colectivo. Me caí, en un momento había perdido el coche, perdí la memoria de esos momentos.

La madre de Wanda hizo su propia reconstrucción de los hechos.

-Se deben haber peleado de palabra -dice-. Ella sale a un patio donde había una parrilla con dos botellas de alcohol de quemar. Ahí él la rocía y ella se tira al agua; los chicos declararon en la Cámara Gesell que sintieron el ruido del agua y que Wanda decía “me querés matar”. Mi hija sale de la pileta, se envuelve con un toallón y lo deja colgado en la puerta del comedor, donde yo lo encontré. Se sienta en el sillón y él la rocía con dos botellas de alcohol. En el expediente figura una, porque se encontró una sola tapita.

Wanda Taddei agonizó 11 días en el Hospital Santojanni y en el Instituto del Quemado.

-Jorge, mi marido, salió a hablar con los medios cuando Wanda muere -agrega Beatriz Regal-. Yo no, me mantuve con otro apellido mientras ella estaba internada, para que no me pudieran localizar. No quería estar en los medios, eso era algo que me sacaba de mi estructura como persona. El primer día, cuando volvemos a casa y entro con el auto, casi atropello a un periodista. No quería saber nada.

Pero pronto cambió de actitud. Empezó a participar en debates públicos y en actividades de denuncia y prevención de la violencia de género y en el acompañamiento de otras madres que padecían las demoras de la Justicia, como Elsa Gerez, cuya hija, Fátima Catán, murió el 22 de agosto de 2010 después de ser quemada por su novio en Villa Fiorito, en el partido de Lomas de Zamora.

La muerte de Wanda Taddei tuvo en principio un impacto extraordinario, al vincularse con uno de los protagonistas de Cromañón y en particular al convertirse en un emblema de la lucha del movimiento de mujeres. A partir del caso aumentaron los llamados a los servicios de asistencia de mujeres a quienes sus parejas amenazaban con quemarlas. Y también los reclamos para criminalizar la violencia de género.

En “Instrumento para la medición de femicidios”, un documento realizado por la Unidad Fiscal Especializada de Violencia contra las Mujeres (Ufem) y disponible en línea, se plantea que “los asesinatos de mujeres de modo violento -en circunstancias de extrema crueldad-, en manos de personas conocidas o desconocidas, devinieron en un debate público creciente en torno a la conceptualización de estos crímenes y la necesidad de registrarlos, que generó una demanda activa sobre los poderes públicos”. El caso de Wanda Taddei sitúa un punto de inflexión en esa toma de conciencia.

Beatriz y Jorge, los papás de Wanda

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