Cooperativas son parte de un proyecto de producción de harina agroecológica

21-05-2019

Un grupo de productores del sur santafesino que participa del Programa Provincial de Producción Sustentable de Alimentos en Periurbanos (PSAP), del Ministerio de la Producción de Santa Fe, elaboró harina agroecológica. Esto significa que no se utilizaron agroquímicos durante el proceso de producción y elaboración. La iniciativa “busca reconvertir las franjas de suelos linderas a los pueblos donde no se puede fumigar en zonas de cultivos extensivos que queden fuera del paradigma de producción químico”, señala Jorgelina Hiba en el sitio Dos ambientes.

En la primera cosecha se recolectaron 300 toneladas, de las cuales 50 se molieron para fabricar harina de trigo ecológica del tipo 000 y 0000 en la Cooperativa Agropecuaria de Armstrong, nucleada en la Federación de Cooperativas Federadas (Fecofe). Fueron siete agricultores de Chabás, Arteaga y Zavalla los que incursionaron en su primera experiencia en agricultura ecológica.

El producto posee el sello “Ecológica”, a través de la marca provincial “De Mi Tierra Santa Fe”, que garantiza que todo el proceso productivo fue supervisado en las etapas de cultivo, cosecha, ensilado, molienda y envasado.

Hacer producción agroecológica extensiva es rentable, posible y necesario. Así lo explicó el ingeniero agrónomo Santiago Cerili, para quien es tiempo de “romper las barreras culturales” y convencer a propios y extraños que se puede producir de forma extensiva sin usar agroquímicos.

Cerili explicó que en el caso de la harina agroecológica todos los eslabones de la cadena salen ganando: el productor recibe 11,5 pesos por kilo de trigo contra 8,3 del cereal convencional; el molino 18 contra 15 convencional; y el consumidor compra el kilo de harina agroecológica a entre 30 y 40 pesos el kilo, a un valor similar que la harina común.

Además agregó que esta rentabilidad se logró bajando costos, maximizando ganancias y reorganizando el proceso de comercialización. Todo acompañado con mejoras ecosistémicas a nivel de cuidado del suelo y de la salud del ambiente y de las personas.

En primera persona

Sebastián Borroni es uno de los productores que se sumó al programa estatal. Después de dos décadas de hacer soja en un campo de 20 hectáreas que tiene su familia en la zona de Arteaga, decidió probar con un cultivo agroecológico. Una experiencia que lo dejó satisfecho tanto en lo económico como desde el rol social que los productores de alimentos tienen ante la comunidad de la que forman parte. “Demostró ser una alternativa posible y rentable para los productores”, afirmó.

“Al no tener que comprar agroquímicos bajé un 75 por ciento los costos con un rinde que fue igual al promedio. Esto significa que la rentabilidad del cultivo fue muy buena, con un menor riesgo” dijo. Abandonar el paradigma químico-dependiente “no es poco” ya que como habitante del pueblo “le permitió alejar las fumigaciones de las zonas habitadas”. También pidió que se revea la actual ley provincial de fitosanitarios “para que las aplicaciones se alejen lo máximo posible de los pueblos”.

Además de los productores, otro de los actores involucrados en este proceso de elaborar harina agroecológica a gran escala es el molino que tiene la Cooperativa Agropecuaria de Armstrong, nucleada en la Federación de Cooperativas Federadas Limitada (Fecofe). Desde esa entidad aseguraron que la harina “tiene una calidad formidable” y celebraron que sea el estado el que ayude a encontrar una alternativa a la soja.

Fuente: Dos ambientes

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