Un festín de música, gastronomía y tradiciones tiene lugar en la ciudad misionera de Oberá cada mes de septiembre. Y no es para menos, teniendo en cuenta la influencia inmigratoria en esta tierra que hoy alberga 14 colectividades y más de 65 credos.
“Esta no es una celebración más. Nosotros recordamos a aquellos abuelos que llegaron desde un rincón del mundo y forjaron lo que es hoy la ciudad. Entonces tiene un carácter emotivo y de homenaje, que va de la mano de lo festivo”, explica Julio Silva, locutor de este acontecimiento multicultural.
Este año, la 35º edición comenzará el mismo día del inmigrante, el cuatro de septiembre, con el tradicional desfile desde el centro de la ciudad hasta el Parque de las Naciones, un espacio de diez hectáreas donde tiene lugar la mayor parte de las actividades. Ahí, cada colectividad tiene su casa típica y se esmera por recuperar cada detalle de la cultura de sus ancestros ofreciendo comidas, danzas y conocimientos tradicionales.
Durante todas las jornadas se realizan actividades sociales, culturales, deportivas y recreativas como la tarde de los niños, los juegos de los inmigrantes o la exposición de orquídeas, entre otras. Se suma a esto la feria comercial y artesanal, así como diversos espectáculos en un escenario principal y otro alternativo.
La noche más esperada es cuando se elige y corona a la reina nacional, que durante todo el año será la embajadora del evento.
En estos días de fiesta Oberá cambia su fisonomía y esto llama mucho la atención a los visitantes. “Los vecinos suelen ornamentar el frente de sus casas y negocios y los jóvenes de las colectividades adornan las plazoletas y calles imprimiéndole un sello particular. Es normal ver a personas de todas las edades vistiendo trajes típicos, originarios del lugar desde donde vinieron sus mayores y esa imagen multicolor se vuelve una característica en esta época del año. La gente además de maravillarse por el colorido de la tierra misionera, no puede creer que en una ciudad donde conviven tantas culturas se forme este vínculo, que es la confraternidad”.
La unión en la diversidad
“Acá hay más de 65 religiones, a nosotros también nos sorprende porque sabemos que es algo fuera de lo normal. Vemos que hay sociedades devastadas por problemas religiosos, políticos o de tierras y acá hemos logrado un equilibrio en las diferencias y en la manera de pensar que es distinta, porque podemos convivir y hemos podido realizar esta fiesta que cada vez que se hace, nos une un poquito más”, afirma Julio.
Para él este festejo es muy particular, porque “cada año se dispara el sentimiento y la pasión que sienten los obereños. En el mes de septiembre nos sentimos todos inmigrantes. Y eso que muchos de nosotros no tenemos una raíz extranjera”.
Explica que a la provincia de Misiones llegaron muchas corrientes inmigratorias, la mayoría desde Brasil, Suecia, Alemania, Italia y España... “Gente de trabajo, muy sencilla, que trabajaba la tierra”.
Entre todos
En 1980 un grupo de personas se unió para realizar la primera fiesta. A partir de esa celebración, los miembros de las colectividades se reunieron y comenzaron a trabajar juntos en una comisión para este festejo del que hoy participa gran parte de la comunidad. “La fiesta mueve alrededor de 3000 personas que trabajan en la organización, la mayoría de manera anónima. Es importante destacar ese trabajo y esfuerzo de estos vecinos que trabajan codo a codo para que la riqueza cultural de Oberá se muestre al país”.





