CARRILOBO: UN MUNDO DE HISTORIAS

06-08-2014

Hablar con Meco y escuchar a la gente referirse a él, es como un tierno abrazo. Llegué a Carrilobo, este pequeño pueblo del este cordobés, un soleado lunes.

-Podés estar hablando días con Meco -dicen en la cooperativa eléctrica local- ¿Te contó que fue mochilero?

-Te digo esto porque él no lo va a decir: la biblioteca lleva su nombre, aunque él se empeñe en asegurar que le queda grande, aclara Graciela de la Unidad de Gestión educativa.

Américo Tissera, Meco, como lo conocen todos en el pueblo, nació en Carrilobo en la esquina de calle Sarmiento y Semana Santa. Su papá era maestro particular y enseñaba a los hijos de los colonos, “Tenía que ajustar los horarios porque los chicos trabajaban en el campo. Entonces en época de cosecha paraban las clases para respetar las actividades del campo. Siempre le pedían que les enseñe matemáticas para poder medir los campos o conocer la capacidad de un tanque, por ejemplo”.

Meco fue profesor de lengua y de historia en el Instituto Secundario José Manuel Estrada, dio clases desde el ´68, estuvo colaborando 17 años ad honorem en la vice dirección y luego fue director más de una década. Hoy tiene 70 años, es jubilado y lleva escrito más de 7 libros, dentro de los que se encuentra la historia de su pueblo. “La hicimos con Julio Arnuk, un amigo”.

Carrilobo es un pueblo de alrededor de 2300 personas, su economía gira en torno a la agricultura, ganadería y el tambo. Como dato curioso, me cuentan que es muy común el nacimiento de mellizos. No hay transporte directo desde Córdoba, se llega hasta Calchín y desde allí hay 25 kilómetros de ripio. En el 2008 se inauguró una ruta de asfalto que une a la localidad con Pozo del Molle. Ese trayecto de 25 kilómetros es el que hizo Meco caminando una vez, hace muchos años, para llegar a dar clases. Era profesor de lengua en el pueblo y paralelamente estudiaba historia en Villa María, por lo que tenía que viajar. “En esa oportunidad no conseguí otra manera de llegar a Carrilobo. Llegué a las siete de la mañana a Pozo del Molle para tener tiempo de hacer el recorrido a pie. No pasaba ningún auto para hacer dedo, recién llegando al pueblo me crucé con un vehículo y me trajo... fue cómico eso”.

Apasionado por la historia y las lenguas, vio piezas indígenas en un museo de Santiago del Estero y se empezó a interesar en el tema. “Ahí fue cuando me hice mochilero, para tener contacto con la cultura indígena y conocerla mejor”.

Trotamundos

Meco se iba de viaje durante las vacaciones. Cargaba carpa, mochila, cantimplora y salía a explorar destinos latinoamericanos. Estuvo por Uruguay, Brasil, Paraguay, Bolivia, Perú y Ecuador. “En uno de mis viajes, quizás el más extraordinario, llegue a Formosa para conocer cómo vivían los indios Pilagá. Tomé un tren a la localidad de Estanislao del Campo y llegué de noche, mojado, con la carpa empapada... fui a un hospedaje de gente muy humilde pero con una calidez fantástica. Me dicen que quien conoce bien a los Pilagá es el doctor, que lo vaya a ver, que vive a las afueras del pueblo. Eran todas casas modestas. Golpeo y aparece un hombre bajito, muy humilde, un viejito”.

- ¿Qué desea?

-Soy estudiante de historia y docente, quería conocer al pueblo Pilagá, su cultura, su idioma...

-Pase, pase... me parece fantástica su inquietud, pero si usted tiene alumnos lleve otro mensaje, hable de las condiciones, la pobreza, la miseria y la manera en que los gobiernos abandonan esta gente...

“Era nada más ni nada menos que el doctor Maradona, continúa Meco, hablamos mucho y nació una especie de amistad, nos escribimos bastante tiempo, era un hombre multifacético, antropólogo, sabía mucho, me dijo que había hecho un diccionario Pilagá que fue enviándome en sus cartas”.

Meco tuvo que despedirse para continuar el viaje, en Bolivia dejó la carpa, muy pesada para transportar en altura. “Fui hasta La Paz en un tren de tercera, porque no tenía mucha plata pero fue un viaje de película por el aspecto humano. La gente subía con chivas, con perros, todos íbamos en el tren. En el lugar donde me hospedaba, conocí un estudiante que era Tupamaro, me llevo a la universidad para que escuchara lo que planteaban... y yo tenía que seguir, mi objetivo era Machu Pichu”.

Los recuerdos son interminables e incluyen una noche en calabozo. Era un pueblo donde no había alojamiento y la policía le ofreció pernoctar allí. “Lo más lindo es que viajé hace más de 40 años y hay gente con la que aún me escribo”.

Le pregunto si nunca se quiso quedar a vivir en alguno de esos lugares “Tuve oportunidades, pero soy muy familiero”, explica.

Hoy Meco vive un poco en Carrilobo y otro en Villa María. “Siempre con un pie acá, lo prestamos un rato, pero Meco es nuestro, dicen en el pueblo.”

- Meco, ¿Qué es lo que más le gusta de su pueblo?

-Todo. Es mi pueblo. Coincido con mi amigo Julito Arnuk: “Mi patria es Carrilobo”.

- Y eso que anduvo por otras patrias, le digo.

- Mi mundo es este, yo siempre relacioné todo con Carrilobo. Acá nací y acá viví. Esta es mi única patria.

Personajes

Meco habla e inevitablemente van apareciendo historias y personajes del pueblo.

“A mi abuela le prohibieron que me hablara piamontés, pensaban que iba a arruinar mi castellano. Después aprendí por cuenta mía, en Villa María. Con el ultimo que hablé el idioma en Carrilobo fue con don Durando, pero en italiano, no en Piamontés. Me acuerdo de que antes de morir me llamo para regalarme antiguos diarios con noticias de la primera guerra mundial, él tenía un hermano que había muerto allí”.

Como él dice, siempre intentó enseñar vinculando la `historia grande´ con la localidad.

“En Carrilobo hubo muchos veteranos de la primera guerra mundial que vivieron experiencias terribles. A veces los llevaba a las clases, para que mis alumnos los escucharan, para que vieran que tenían parte de la gran historia cerca. Acá estaba don Unnia, don Ghiggia que trabajaba en la panadería. También mi vecino don Salvático, con quien iba a tomar mate todas las tardes. Él estuvo prisionero y contaba todo, la ventaja es que era consciente de que había participado de un hecho histórico”.

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