"Las inundaciones van a tener un impacto fuerte en el futuro”

14-09-2017
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Es imposible hablar de este pueblo sin que en los relatos se cuelen infinitas historias como las de Carlos González, que en marzo de este año tuvo que cerrar las puertas de su tambo por la cantidad de agua que se registró en la región.

Si bien los productores coinciden en que el problema es de larga data y que las inundaciones en los campos venían desde el año pasado, el 10 de febrero de este año se encendieron voces de alerta en el pueblo y la comunidad se mantuvo en vilo esperando el pico, que llegó el 11 a la madrugada. Zanjas para drenar el agua, construcción de defensas, calles inundadas y algunas familias evacuadas formaron parte de lo que se vivió por aquellas horas, donde pudo salirse adelante gracias al trabajo de los bomberos, la solidaridad de la comunidad y sus instituciones.

Los testimonios tienen que ver con esta zona, pero no difieren de los de tantos pueblos de nuestro país cuyas tierras quedaron bajo agua, muchas de ellas hasta el día de hoy. Para la gente de la localidad se hace difícil poner en palabras lo vivido: “No recordamos nada así. Lo peor es que uno se va acostumbrando a la situación. Escuchar que un tambo deja de producir ya no es noticia y para nosotros eso es muy feo”, dicen en Bunge.

Carlos González tiene 68 años y cinco hijos. Nació en Tres Algarrobos y su papá falleció cuando él tenía 10. “Éramos tres hermanos y mi mamá decidió mudarse a Buenos Aires para que pudiéramos estudiar. Me recibí de veterinario y allá por los ´70 me vine a vivir a Emilio V. Bunge”.

En esa época, “los pequeños tambos eran el corazón productivo de esta región, atendía cerca de 100 yo solo. Eran todos manuales. Había una producción pastoril de la que se alimentaban las vacas. Vendimos un tambo que tenía mi familia en la localidad de América e instalamos uno acá”, recuerda.

Esa unidad productiva es la que cerró sus puertas en marzo pasado. “Yo tenía un tambo de 4.000 lts, un vecino tenía uno de 12.000 lts y otro vecino de 10.000. Los tres cerramos. Algunos trasladaron las vacas a otro lugar, otros aun las tenemos esperando a ver que pasa, porque los caminos están intransitables”.

Foto: Tomás Penacino

Un panorama de lo que pasó en esta región fue presentado por el colectivo “Pueblos Unidos”, que comprende a 9 localidades de la zona dentro de las que se encuentran Bunge, Charlone y Piedritas. Este grupo realizó un informe con datos de fines de mayo evaluando la situación, donde resalta la cantidad de agua que rodea a las localidades del distrito. Se explica que muchas familias migraron y otras se quedaron sin poder acceder en forma directa a la salud y educación. Muchos caminos rurales ´se convirtieron en canales´, sin que se pudiera sacar la cosecha, la leche, ni se dejara entrar a las sembradoras o el alimento para los animales. Como las comunidades dependen mucho del movimiento del campo, las actividades económicas secundarias y terciarias comenzaron a resentirse.

El documento asegura además que hasta fines de mayo, en Bunge habían cerrado 14 tambos. La mayoría de los productores se desprendió de la totalidad de sus vacas y algunos vendieron una parte, mientras que otros decidieron trasladar sus animales. Entre noviembre del año pasado y abril de este año, hay 1664 vacas menos y una pérdida de 46.235 litros diarios de leche, a lo que se sumaron las cifras entre abril y mayo, con una baja de 341 vacas y 4.287 litros de leche menos por día.

Para Carlos González hay dos factores a tener en cuenta, “por un lado las grandes lluvias que duplicaron los promedios históricos y elevaron los niveles de las napas freáticas, sumado al agua que llegó de Córdoba”.

Todos coinciden en la necesidad de obras y en que esperan respuestas de los gobiernos. Al consultarle a Carlos sobre posibles soluciones, asegura que lo ideal sería realizar un plan integral. “Frente a lluvias como esta muchas soluciones no hay, pero sí hay paliativos muy grandes que de haberse cumplido el Plan Maestro del Río Salado, que se planificó allá por el ´95 y consistía en hacer una amplia red de canales que desembocaba en la bahía de San Borombón, la situación sería diferente”.

Actualmente no se sabe cuantos tambos cerrarán, se comienza a hablar de crisis socioeconómica y de una redefinición del sistema de producción. Le pedimos a Carlos que defina en pocas palabras los acontecido “es una situación que va a tener impacto muy fuerte en el futuro porque cambia la producción y modifica la mentalidad de la gente. Hay que hacer un proyecto territorial sustentable desde el punto de vista productivo y social para generar nuevos emprendimientos y nuevas actividades que suplanten las fuentes laborales perdidas”.

Frente a todo este panorama lo cierto es que la gente sigue a la espera, el agua de los campos no se va y en unos meses llega la época de lluvias.

Foto: Tomás Penacino

Bunge, un pueblo tambero

Carlos recuerda que cuando llegó a la localidad esta tenía calles de tierra, “había mucha población rural y la tecnología no había llegado. Lo que le dio fuerza al pueblo fue el cooperativismo. Había dos cooperativas lecheras y la cooperativa eléctrica. En esa época no teníamos asfalto, agua corriente ni teléfono. Después todo cambió, hubo central telefónica, llegó la red eléctrica, el asfalto y la cooperativa también incursionó en el tema del agua, televisión, Internet y otros servicios. Se mejoró mucho la calidad de vida”.

Recuerda que “vivía a media cuadra del Club Social y Deportivo. Uno de los dos clubes, el otro es el Fútbol Club Bunge. Y todos los días después de comer nos juntábamos un grupo a tomar un cafecito, el club era un hervidero de gente al mediodía. En otros boliches, venían los carros del campo a entregar la leche y se quedaban a tomar algo, jugaban a las cartas y volvían a la tarde”.

Para ahondar un poco más en el pasado hablamos con Tomás Penacino, del periódico El Aguacero, que desde hace años trabaja por rescatar la historia de su pueblo. “No se sabe si fue tierra de Ranqueles, pero sí era lugar de paso y descanso para los pueblos originarios. Se toma como fecha de fundación el 5 de abril de 1905 y lleva su nombre en honor a Emilio Vicente Bunge, abogado y político que compró las tierras para dedicarse a la explotación agrícola y propició la creación de la localidad, organizando una colonia con la llegada de los inmigrantes. El primer tren llegó en diciembre de 1905 y unos años después ya se habían fundado algunas instituciones como la escuela, Sociedad de Socorros Mutuos ´La Argentina´, la Iglesia y la policía. También había un médico en el lugar”.

Penacino detalla además que “hoy contamos con una población estimada de 2.600 personas y la principal fuente de trabajo es la agricultura, la ganadería y lechería. La primera de ellas fue desplazando a los tradicionales tambos, aunque varios se mantuvieron, lo que da sustento a la fábrica de quesos Remotti, que se convirtió en una importante fuente laboral para el pueblo”.

Gran parte de esas tierras donde se asientan las unidades productivas de la zona rural son las que están complicadas y las zonas afectadas en esta región y otras provincias continúan a la espera de una solución para reactivar el trabajo en el campo, rogando para que este verano las lluvias no agraven la situación.