"HOY ME CONECTO CON EL JUAN CANTOR"

11-08-2015

“Fui un niño jodido porque yo les planteaba a mis viejos que quería cantar en serio. Ayudó un poco que por esos años - finales de los ´90 - había todo un boom de chicos cantando y en cierto punto pude transitar los primeros escenarios”.

¿Por qué elegiste cantar folclore?

Esa pregunta es un misterio que no sé responder muy bien. Era un tiempo en que los niños iban a cantar vestidos de gaucho a los festivales y esperaban horas y horas para subir a un escenario. Todos esos chicos venían de una tradición familiar folclórica que yo no tenía. Cuando me preguntaban por qué cantaba esta música me daba vergüenza y buscaba algún elemento para justificarlo.

Más me intriga entonces saber cómo te enamoraste de Violeta Parra

No me acuerdo en realidad cuál fue el momento en el que me enamore. En una gira llegó a mí un libro de Violeta y ese fue el primer recuerdo que tengo de ella como algo integral, de que no sólo era la autora de Gracias a la Vida y Volver a los 17. Cuando comencé a leerla sentí que decía todo lo que yo hubiese querido decir y con mucha facilidad. Violeta escribía con la misma fluidez con la que hablaba y sus canciones tienen cosas muy complicadas en la estructura. Siempre me dio la sensación de que tenía una cabeza 50 años más delante de la época en que vivió. Me impresionó mucho el hecho de que ella no soportara en el cuerpo el dolor del amor y por eso terminó en un suicidio. Siempre pienso en el grado de intensidad con que vivía como para no soportar ese dolor. Con Violeta me pasa algo parecido a lo que me sucede con Yupanqui. La diferencia es que sus canciones me atraviesan, por el contrario, me gusta más el Yupanqui escritor.

De la raíz folclórica te corriste hacia otras latitudes. ¿Cuándo asoma en este camino el Juan cantautor?

Aparece hace unos dos años con el disco Orgánico, el cuarto. Venía de mi primera gira por Europa en 2011, tenía un disco listo para grabar que finalmente paré porque no estaba cómodo con eso. Me fui a Buenos Aires, estuve en contacto con otros músicos y productores. Ahí me cruce con un histórico productor, Hugo Casas, que me dijo: “Tenés que componer, nene”. Yo medio que me venía desautorizando con eso porque no tenía interés, pero estaba tan desesperado por encontrar el camino que volví y me puse a escribir. Cuando me dí cuenta tenía un disco. Orgánico tiene un pie en la música folclórica y mucha influencia latinoamericana y del jazz. Eso abrió la ventana.

Estuviste dos o tres años sin cantar. ¿Qué paso en ese tiempo?

Ese momento, 2008, coincidió con el fin del contrato que tenía con EMI y de ahí ¡pase literalmente a terapia! En ese tiempo traté de hacer vida normal y terminé el secundario. Fuera de broma nunca había hecho vida de barrio así que la pasé bien, relajado. Después entré a la Universidad en donde estudié composición tres años y me metí con el canto lírico. Como venía de una depresión mi voz era muy chiquita. Con el estudio empecé a encontrarme con un instrumento más amplio. Me sedujo la música clásica en algún momento, pero en el fondo sabía que no iba a poder estar sin canciones. Además, en ese tiempo aprendí la autogestión. De repente de toda esa estructura enorme que tenía a disposición, donde había desde una combi, una productora que vendía los shows, la banda, un sello discográfico que hasta te garpaba para hacer el disco, pasé a no tener nada. Me eché muchos mocos, tenía 18 años y fue complicado. La banda de ese momento me tuvo que rebancar.

Antes de eso, Sony te ofreció grabar un disco de pop que rechazaste. ¿Fue una decisión pensada?

Hoy tal vez hubiera pensado más la situación. Ese ese momento me movía un deseo puntual: cantar lo que quiero. Respecto al camino autónomo, no sé si tuve que decir muchas otras veces que no. Que fui un jodido, sí, y por mucho tiempo. Ahora me siento renegando menos. Pienso mucho cada paso, pero también siento que se están abriendo puertas que nunca me hubiese imaginado porque estoy menos tozudo. A su vez estoy más sensible en la conexión con la gente. En otro momento subirme al escenario a tocar lo que quería era suficiente y no me importaba más. Hoy no me bajo bien del escenario si no pego onda con el público y eso es lo que justifica este camino sino estaría en otro lugar, trabajando en los arreglos y no como la cara visible de un proyecto. Creo que desde que mi interés se desplazó hacia ese lado, he dejado de renegar con muchas cosas y todo está más relajado. Hay un piso que ya pagué, hay lugares donde no voy a volver a caer porque no me lo permite la sensibilidad pero tampoco me surgen propuestas en las que tenga que debatirme con esa base tan inamovible.

¿Cómo te llevas con los festivales masivos?

Me ha ido bien y mal, como en las relaciones amorosas. A Cosquín hace 10 ediciones que voy, la última fui como invitado. En el tiempo que estuve con EMI fui a todos los festivales, después cuando volví a cantar no quise ir más a ninguno. El último que hice fue el Festival del Olivo, en Cruz del Eje, y nos recontra silbaron. Nos tocó estar antes del Chaqueño. Después entendí que en los pueblos la gente hace la grilla como puede y en parte desde una cierta inocencia también. Hoy uno sabe a qué se expone cuando dice que sí. Esto es algo que entendí. En aquel momento no podía hacer este análisis porque era muy chico. Hoy a mí me gusta el desafío de estar en festivales mostrando lo que elegí hacer. Cosquín es un festival que integra lo más popular y lo más exquisito de la música folclórica. Ahí siempre estuve desde que volví a cantar en 2009. Además, creo que hasta políticamente hay que ocupar esos espacios sino los llenan otros.

¿Con qué situaciones te comprometes al punto de la militancia?

En las cuestiones ambientales. A esta altura estoy empezando a creer que en realidad uno milita, defiende y se compromete con la sensibilidad más que con las ideas. Cuando empiezo a ver los discursos, a mí casi que me compran todos. Al menos, me pasa con el oficialismo. Escucho sus discursos y todo eso me compra. Ahora no veo una consecuencia y un procedimiento literal con lo que se profesa. Y ahí es donde vienen mis problemas de identificación política. Hay muchas cosas que me gustan, pero no me puedo poner la camiseta porque las cosas que tocan mi sensibilidad real y por las que yo salgo a marchar no son atendidas. Estas posturas, las que están en contra de la minería o de Monsanto, también han sido una complicación para los festivales del interior porque las grandes empresas suelen estar entongadas con estos espectáculos y te bajan de la grilla. Eso me ha pasado. No sé si milito, pero trato de estar presente y hablo mucho en los shows como espacio de resistencia.

¿Crees que estamos atravesando un momento político más o menos importante?

Sí, comparando con otras décadas. Hay cosas que me cuesta entender un poco más, por lo menos en temas económicos no tengo muchos elementos para analizar. Trato de informarte pero a grandes rasgos me cuesta mucho sacar conclusiones. Pero no pierdo de vista esto: no le creo a los políticos, no creo en la intencionalidad de un cambio. Sí pienso que determinadas cosas sirven. Hay cosas que no dejan de ser una estrategia política, pero en el fondo lo que queda está buenísimo y hacia adelante se le va a sacar mucho provecho. Desde ese lugar, creo que están pasando cosas históricas política y socialmente.

Suscribite al newsletter

COLSECOR Noticias

* no spam