"ES EXTRAÑO CUMPLIR MEDIO SIGLO EN ALGO Y ESTAR EN PLENA ACTIVIDAD"

14-04-2015

Sus padres se ganaban la vida cantado y tocando y ese es el legado que lleva consigo este músico, compositor y productor que a los 67 años sigue en las rutas. Acaba de culminar una gira por el sur del país durante el verano y tiene en su agenda grabar un disco doble por los 50 años de Los Gatos Salvajes. Como señala su compañera de la vida ¡Litto no para!

¿Cómo es volver sobre las canciones que escribiste hace medio siglo?

Los Gatos Salvajes (LGS) tienen relevancia para mí porque viene a ser como la experiencia piloto de las canciones. Yo tocaba con mi padre cuando tenía 9 o 10 años y la primera vez que me meto en un grupo de muchachos fue con LGS, tenía 14 años. Ahí canté mis primeras canciones. Si bien ese grupo no tuvo tanta popularidad como Los Gatos dos años después, fue para mí el ABC del estilo que yo quise armar. Ese único disco de LGS después fue reeditado y los coleccionistas lo consideran el primero de rock en castellano (1965). Como este año se cumple medio siglo se me ocurrió hacer un espectáculo concentrado en eso porque es muy extraño cumplir medio siglo en algo y estar en plena actividad. Estamos armando un concierto de más de dos horas. Me gusta eso de tocar esas mismas canciones pero con otros músicos y si podemos pretendemos girar por todos lados y grabar esa gira para después hacer un compilado. A mí me gusta esto de las celebraciones porque de alguna manera reactiva lo que uno ha hecho hace tanto tiempo.

Durante el verano tocaste en lugares como Cutral Co, habitualmente fuera de las agendas artísticas. ¿Te has encontrado con gente que te escucha por primera vez?

Me doy cuenta que a veces llegamos a lugares donde hay gente que nunca fue a Buenos Aires porque no tiene plata para ir o porque no fue simplemente. Es increíble eso. Uno llega al lugar para ofrecer lo que hace y eso es muy bueno espiritualmente. No te sentís el salvador de nada, pero te das cuenta que llegaste al lugar porque se te cantó ir. Por ahí le contás a alguien que te vas a una gira por 10 lugares en auto con la banda y pasas por Las Grutas y te dicen: “¿Se van así en auto?”No, en plato volador. Hay un criterio a veces equivocado que pareciera que se llega en avión a todos lados o hay una subestimación básicamente por desconocimiento. Por otro lado, cuando haces cosas por tierra encontrás un montón de huecos donde tocar, donde no te han visto nunca y donde no hay aeropuertos.

Siempre estas celebrando los aniversarios de tus canciones pero nunca dejas de editar nuevos discos. ¿Cómo es este ir y venir en la línea del tiempo?

En diciembre pasado se cumplieron 40 años del disco Melopea y vamos a sacar una versión en vivo que nunca tuvo. A mí me gusta esto de las celebraciones porque de alguna manera reactiva lo que uno ha hecho hace tanto tiempo. De cualquier manera no dejo pasar oportunidad para grabar cosas nuevas en medio de tanta movida. A fines del año pasado, en medio de todas estas celebraciones, edité un nuevo disco que no pude presentar todavía. Resulta que montando estos discos del ´73 sucede que los temas famosos fueron uno o dos, los otros no los toqué nunca más en vida y son bastante complejos de sacar. Me he visto en casos de tener que estructurarlos buscando las partituras, no es la sensación de ese tema viejo que hace tiempo no tocas. Es como estar sacando una nueva música. Cuando va pasando el tiempo con tantas canciones es bueno también ver que uno no ha hecho diferencia entre esos años, que las melodías son fuertes.

Yendo más atrás, al Rosario natal. ¿Cómo llegaste a ser músico?

Mis viejos eran músicos, yo su único hijo y vivíamos de la música. Era una época muy dura. Mi vieja tocaba el piano y cantaba, mi viejo cantaba y tocaba la armónica y yo tenía mi lugar en la Embajada Artística, el espectáculo que dirigía mi papá cuyo seudónimo era Félix Ocampo. Y salíamos por los pueblos a presentarnos. También era común actuar en las radios y a veces mi viejo, mi vieja y yo teníamos presentaciones por separado. Para mí era un suplicio ir los domingos a la mañana a la LT8 de Rosario porque era muy tímido y me daba mucha vergüenza subirme a cantar.

Mi primera guitarra me la regaló un panadero y empecé a tocar en forma autodidacta. Después vino el estudio formal de la música para dar nombre a los acordes que ya había sacado. Como a los 15 apareció el bajo y después el piano, por una cuestión de que es un instrumento costoso. Como cualquier instrumento, uno tiene que tenerlo en su casa para tocar todo el día.

Tu biografía indica que en el 83 editaste 5 discos.

Yo hago mucho esas cosas, ahora también hice algo así. De las cosas de la música, ponerme a escribir, como actitud solitaria, me apasiona. Ahora que ha pasado el tiempo, que estoy tranquilo en mi casa, me levanto todos los días a las 7 u 8 de la mañana y lo primero que hago es tocar el piano porque el tipo que realmente tiene vocación siempre piensa que con el día nuevo va a escribir la mejor canción de su vida. Es una creencia, entonces vas de nuevo a sentarte una y otra vez. Luego tenés el manojo de canciones que siempre son más de las que pueden entrar en un disco. Ahí empiezo a `cranear` un poco más haciendo algunos arreglos, una selección y las llevo al estudio. Luego salgo a tocar y ahí todo empieza de nuevo, es un sinfín. Esos cinco discos a los que te referís, aunque a veces se los cuenta peyorativamente, son bien distintos. Yo creo mucho en la multiplicidad en el arte. Si vos tenés una base coherente, podés estar en cinco cosas al mismo tiempo y van a salir bien. Ahora, si querés hacerlas para demostrar que sos el campeón seguro hay tres que te van a salir muy feas. Esa vez se juntaron esos cinco discos totalmente diferentes: uno era música de un film que ganó un premio, otro de improvisaciones en piano, otro con un coro al que había hecho unos arreglos. Pero a veces eso es criticado desde el plano de la producción sobre todo, desde el negocio de la música, por grabar todo el tiempo. Un tipo que quiere cuidar el negocio sacaría menos discos para jugar con esa cosa del público, de la expectativa.

¿Estas ideas son la base de Melopea, el sello independiente que gestionas?

Melopea funciona en la casa de mi vieja que murió hace 15 años, ahí tenemos el estudio y atrás el lugar de venta y depósito. La verdad es que la cosa se puede hacer si querés. Ahora, si tu cometido o tu plan es dedicarte a algo que sea hiper rentable y ganar mucha guita en un año, indudablemente tenés que hacer otra cosa. Ahora que han pasado 24 años te diría que desde Melopea hicimos un montón de cosas con el pequeño grupo de gente que me acompaña. Tenemos un catálogo de más de 600 álbumes donde hay gente muy conocida y otra no tanto, pero siempre hay un nivel de calidad en la música. No nos hicimos millonarios, no fue la idea, pero tampoco quebramos. Nos decían que no se podía grabar tanto y eso no es verdad porque yo no tengo más que la plata que produzco con la música que escribo, no soy testaferro de nadie. Al comienzo fue más lío que ahora, pensando en cómo hacer para que esto no me llevara más tiempo del que podía dar y no me transformara en otra persona. Es muy artesanal lo que hacemos y también nosotros nos hemos preocupado para que esto no vaya en otra dirección y no cambiar la idea de libertad que tiene esto. El sello más que nada es una casa de arte donde vos realizas las cosas que se te ocurrieron. Eso es un poco el tema y te da grandes satisfacciones. Ahora que ha pasado tanto tiempo, veo las cosas que hemos hecho. Grabamos los únicos discos que hay del “Cuchi” Leguizamón, por ejemplo, hemos grabado Goyeneche, entre otros artistas.

¿Cómo productor, qué pensas de la industria discográfica?

La industria cada vez más sigue su cometido de explicarles a todos que el mundo cambió y que los CD ya no sirven más. No sé qué sirve ya, nada pareciera. Lo increíble es que ellos destruyeron todo. Ahora está volviendo el vinilo, que también lo destruyeron ellos. Me parece que el tema de la industria en un momento fue muy importante en todo el mundo porque indudablemente estaba dedicada al negocio y producía cosas de todo género. Eso me parece bien porque no toda la gente tiene por qué escuchar música exquisita ni jazz o cumbia, tiene que haber de todo. Pero creo que desde los años ´80 en adelante comenzó una radicalización espantosa de querer hacer nada más que lo que vende, lo demás a la basura. Las propias compañías comenzaron a producir solamente cosas banales que saben que pueden tener éxito en tres o cuatro días con un apoyo muy grande de publicidad y al resto de las cosas le dieron la espalda. Siempre me pareció que eso estaba mal. Es como si en un restaurant empezaran a vender una única comida y encima medio podrida. Eso creo que es lo que empezó a pasar con la música.

Uno imagino la desventaja de un sello independiente pero ¿qué pones en valor en este caso?

Ventajas espirituales. En una compañía grande sos un esclavo y acá soy dueño. Pero no un dueño como ellos, sino uno que se levanta a la mañana y dice: "hoy quiero grabar esto". Después si recupero lo que invertí en un disco, o si en algún momento la plata no me alcanza y tengo que recurrir a lo que gano por mis shows o por derechos de autor, es problema mío. Es plata de la música que invierto en la música.

Has contado tu versión de cómo nació La Balsa, ¿por qué crees que se la considera el puntapié del rock nacional?

No hay una explicación técnica musical porque podría haber sido esa u otra canción. Creo que salió en un momento en que era necesario decir algo y de esa manera. Fue una sumatoria de cosas nuevas. Después se puso de moda y no paró. Esa canción abrió la posibilidad de que saliera un movimiento, un año y medio después empezó a ser natural que aparecieran grupos nuevos con sus propias canciones como Almendra, Manal, Arco Iris o Vox Dei. Pero bueno, no hay una explicación particular para esa canción, sólo cumplió ese destino.

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