Opinión

La necesidad de profesionalizar las cooperativas sin perder su esencia

profesionalizacion canva
Gastón Arcuri (*) 02-03-2026
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En diciembre pasado, se llevó adelante la firma de un convenio de colaboración entre la Federación Santafesina de Cooperativas de Electricidad, Obras y Servicios Públicos (FESCOE) y la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC). Este acuerdo se suma a los ya celebrados en la federación con otras entidades del mundo académico, que marcan el fortalecimiento de los vínculos destinados a promover la cooperación técnica y cultural, visibilizarlas potencialidades del sector e impulsar proyectos conjuntos en investigación, innovación y formación profesional.. 

Ing. Gastón Arcuri | Pte. Cooperativa de María Teresa, Santa Fe

Estos hechos, tanto desde lo simbólico, como desde la posibilidad concreta de generar protocolos de trabajo específicos, abren la puerta a la reflexión hacia dentro del sector cooperativo de servicios públicos: la importancia y necesidad de avanzar decididamente en la profesionalización de las entidades. Estos convenios no solo habilitan un puente formal entre la academia y nuestro sector, sino que también ponen sobre la mesa un debate impostergable sobre la formación y capacitación, no solo del personal técnico y administrativo, sino también de los dirigentes, y el rol estratégico que los profesionales pueden desempeñar en la gestión cotidiana de las cooperativas

Las cooperativas de servicios públicos ocupan un lugar fundamental en la vida cotidiana de millones de argentinos, principalmente de quienes habitan en pequeñas localidades. Las mismas nacieron para cubrir necesidades básicas donde ni el Estado ni el sector privado llegaban, y fruto del esfuerzo de los propios vecinos, cientos de comunidades acceden hoy a electricidad, agua potable, conectividad, gas, servicios sociales, entre otros. Son la expresión más concreta de organización social y solidaria, que por definición conforman una empresa de propiedad conjunta democráticamente controlada. 

Este modelo aún vigente, basado en la participación, la solidaridad, la ayuda mutua y el compromiso con la comunidad, enfrenta los desafíos propios de los cambios temporales, culturales y tecnológicos. Las nuevas tecnologías, la transformación digital, nuevos paradigmas ambientales, sumadas a las exigencias técnicas, regulatorias y económicas de hoy hacen que gestionar una cooperativa sea mucho más complejo que hace veinte o treinta años. 

Por esto, cada vez es más necesaria la formación y capacitación de todos los que forman parte de las entidades, y al mismo tiempo acompañar el trabajo de los consejos de administración y los empleados con profesionales especialistas en distintas áreas: ingeniería, economía, administración, comunicación, derecho. No se trata de sustituir el espíritu cooperativo o oponer el sentido del voluntariado muchas veces implícito en las gestiones, sino de fortalecerlo con herramientas que aseguren eficiencia, transparencia y continuidad. 

La "profesionalización" muchas veces genera resistencia. Quizás por temor a burocratizar procesos, aumentar los costos en la gestión, al desplazamiento generacional de dirigentes, a disminuir la participación de los socios o por miedo a dañar la identidad solidaria. Todo lo contrario: permite que los recursos, que son de los mismos socios, se utilicen de manera más racional y eficiente, que se planifiquen obras con criterios técnicos, que se cumplan las normativas vigentes y que los servicios mantengan su calidad frente a los nuevos desafíos tecnológicos y ambientales. 

Las cooperativas tienen la doble misión de brindar servicios esenciales y hacerlo con criterios de equidad y participación. Para poder sostenerlas se necesitan estructuras de trabajo capaces de integrar la mirada social con lo técnico. Ahí se encuentra el verdadero sentido de la profesionalización. 

Hay sobrados ejemplos en diferentes regiones del país (y en el mundo), donde las cooperativas lograron avances notables al incorporar perfiles técnicos especializados o promover la capacitación de su personal. Las experiencias demuestran que profesionalizar no es gastar más, sino invertir mejor. Solo por mencionar ejemplos cercanos, hay Cooperativas que a través de la incorporación de profesionales idóneos o formando a su propio personal pudieron ampliar sus redes eléctricas con criterios de eficiencia energética, incorporaron energías renovables, modernizaron los sistemas administrativos, mejoraron la prestación y disminuyeron costos en los servicios TICs con nuevas redes de Fibra Óptica, o iniciaron los procesos de digitalización en la atención al usuario/socio. Incluso, en muchos casos, estas transformaciones también ayudaron a transparentar la gestión, mejorar los controles internos y aumentar la confianza de los asociados. 

Desde mi lugar de ingeniero y al mismo tiempo dirigente del sector, creo que este proceso es clave para el futuro. No se trata de quién ocupa temporalmente un cargo, ni de lo favorable o no de la coyuntura, sino de cómo garantizamos que las cooperativas sigan siendo sostenibles, modernas, eficientes y fieles a su misión social. Sin dudas es un desafío institucional, que incluye a todas las Cooperativas de base en la toma de decisiones, pero también a las federaciones y confederaciones, promoviendo programas de capacitación, asistencia técnica y articulación con universidades y colegios profesionales 

Profesionalizar es, en definitiva, una forma de cuidar lo que las cooperativas representan: el trabajo colectivo al servicio del bienestar común. 

 

(*) Gastón Arcuri 

Ingeniero en Telecomunicaciones 

Presidente Coop. de María Teresa Ltda. (Santa Fe)