Soplando sueños

20-06-2008

“La cristalería es una de las empresas más importantes y emblemáticas de la ciudad” nos explica Carlos Millán, presidente de la Cooperativa de trabajo Cristalería Vitrofín de Cañada de Gómez, Santa Fe.

Cañada de Gómez es un lugar estratégico por hallarse en el eje Córdoba-Buenos Aires-Rosario. Alguna vez, allá por los años 70, llegó a tener 400 fábricas de muebles. Luego, en lo peor de la crisis argentina, la desocupación alcanzó al 50 por ciento de la población activa.

Una historia, tres cierres

La Cristalería Vitrofín S.A. fue fundada en 1959. En la década del ´70 fue el período de mayor auge de la empresa. En ese momento exportó a Europa, Canadá y Estados Unidos.

La cronología indica que 1977 la fábrica sufrió el primero de los tres cierres que marcaron su historia.

En 1983 fue recuperada por antiguos clientes y Vitrofín se consolidó como una marca reconocida en todo el país.

En 1995 la empresa nuevamente suspendió su actividad. En esos años los trabajadores conformaron una cooperativa para seguir trabajando, integrada por 80 desempleados y 2 directivos. El proceso no fue fácil y en 1997 los trabajadores fueron desalojados por no cumplir con el pago de una deuda. Un año después los antiguos dueños declaran la quiebra y el cierre de Vitrofín.

Volver a la fábrica

Vitrofín mantuvo sus puertas cerradas por largos 8 años. Al no poder insertarse en el mercado laboral, los ex trabajadores intentaron recuperar sus fuentes de trabajo volviendo a la fábrica.

En general, en los procesos de recuperación de empresas los trabajadores, tras el pedido de la quiebra, ocupan las instalaciones como la única instancia posible para no perder el trabajo. Esto no sucedió en el caso de Vitrofín ya que la idea de reapertura fue impulsada por el Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas (MNER). El contexto de esto fue el 2002, el año de mayor depresión económica en la historia del país, cuando las recuperaciones de fábrica y empresas se multiplicaron fuertemente.

El proceso fue arduo y burocrático ya que para ingresar a la fábrica necesitaron el consentimiento del intendente, de la jueza, del síndico y un oficial de justicia.

“Era una estupidez, nosotros teníamos que conseguir la llave del portón que tenía el síndico y entrar a la planta con 5 personas. Pero el portón tenía roto el tejido y se veían las huellas de las camionetas que entraban y salían como si nada. Pero si veían que alguno de nosotros entraba nos llevaban preso”, dice Carlos Millán.

La fábrica estaba totalmente saqueada, sin herramientas. El panorama era desolador. “Milagrosamente” el hormo estaba intacto, agrega Carlos.

Luego de la toma y ocupación de la fábrica, el paso siguiente fue traspasar el inmueble a la cooperativa. El 3 de julio de 2003, los trabajadores compraron el inmueble en la subasta pública con recursos de un grupo inversor local conformado por familiares. Un año después, los 65 integrantes de la cooperativa retomaron la producción de la cristalería.

El oficio de soplar

Uno de los mayores desafíos que enfrentaron en este proceso fue la ausencia de artesanos vidrieros. Todo el sistema de producción de la cristalería es artesanal. Las piezas se confeccionan a mano y son sopladas a boca.

Alberto Giovanetti trabaja en la cristalería desde los 17 años. “El trabajo cuando uno empieza es por acá, como están haciendo los chicos, sacando vidrio”, nos explica señalando a los aprendices que están cerca del horno. “Después el oficio se va transmitiendo”.

Durante los 8 años que Vitrofín estuvo cerrada muchos de los ex artesanos se jubilaron o emigraron en busca de otros trabajos. Los que se quedaron, estaban muy alejados del oficio y habían perdido la precisión necesaria para elaborar productos.

La estrategia que decidieron los trabajadores fue recuperar el antiguo oficio con la creación de la única Escuela de Artesanos Vidrieros y Cristaleros del país, donde se enseña el dominio de las técnicas.

Valeria Ruiz, hoy integra la cooperativa y es una de las alumnas, “Es hermoso trabajar con el cristal. Empecé de una semana a la otra, no sabía nada”.

Actualmente forman la cooperativa 70 asociados, de los cuales un 80 por ciento son ex trabajadores de la antigua Cristalería. Si bien la Cooperativa Vitrofín es una de las empresas recuperadas que más se fortaleció en los últimos años, los obstáculos para el crecimiento siguen estando presentes.

Podemos señalar entre tantos: el escaso acceso a la financiación, el vacío legal, la carencia de políticas públicas y la falta de organización y educación cooperativa.

Pero no todas son debilidades en estos procesos sino que se fortalece el manejo de los medios de producción, el apoyo de la comunidad, el capital humano y la integración solidaria.

La construcción de modelos autogestivos depende fundamentalmente de largos procesos internos de aprendizaje y de la posibilidad de viabilidad de un proyecto económico, inclusivo y asociativo.

Cecilia Ghiglione

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