Hecho en Argentina

16-08-2013
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Arroyo Seco, sobre la costa oeste del río Paraná, es un polo industrial dedicado principalmente al calzado. Allí nació la cooperativa de trabajo “La Posta de San Martín” que lleva casi ocho años de vida de la mano de un grupo de emprendedores de la economía social. La cooperativa se dedica a la elaboración de calzado especialmente acondicionado y diseñado para la práctica de skate. Luego de acceder a una Marca Colectiva, pudo consolidarse bajo el nombre Vichino.

A través del programa Manos a la Obra del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, la iniciativa pudo comprar máquinas para el proceso de producción, para el cortado, cocido, armado y pegado de los materiales e instalarse en un espacio propio.

El lanzamiento oficial de la marca Vichino se realizó en marzo de este año en el evento Buenos Aires Alta Moda. La oportunidad de realizar contactos y gestiones para dar a conocer el producto no fue desaprovechada.

La historia de la cooperativa no está exenta de esfuerzos y vaivenes. “Fue difícil al principio, pero las políticas de 2003 en adelante lograron normalizar la situación. En 2007 nos hicimos fuertes y negociamos otros costos. Ahora queremos constituiros en una marca líder”, cuenta Carlos Chiummiento, presidente de la cooperativa.

En su sede se brindan 3 cursos de capacitación en oficios: cortado, aparado y armado. Cada año, egresan 80 personas de esta propuesta de formación. También se organizan visitas a la fábrica, para que otros trabajadores conozcan la experiencia de la cooperativa.

Pensando en el futuro y afianzándose como cooperativa, los miembros de calzados Vichino están planificando crear un centro de desarrollo tecnológico y capacitación para fabricar la maquinaria industrial necesaria en la elaboración del calzado, a fin de sustituir las importaciones.

La historia vivida

El presidente de la cooperativa explica: “Es un emprendimiento cooperativo genuino, no sólo porque no nació de una empresa quebrada sino por la forma de trabajo. La gente que nos visita dice que es un oasis en el mundo del calzado, porque trabajamos al 100% de productividad, todo tomado con tiempo, y el ritmo nuestro en cuanto a productividad creo que es un 25% mayor al de cualquier empresa.”

-¿Por qué decidieron armar una cooperativa y no otra figura? La idea era esa, generar un trabajo en conjunto y que los beneficios se repartan entre todos. Tanto si nos iba bien o mal. Mi principal apuesta era por el oficio. Empezamos a pensar en cooperativa. No éramos entendidos en el tema, pero fuimos aprendiendo con los años. A eso le agregamos sentido común. Creo que el cooperativismo debe hacer una autocrítica en esto. Si decís cooperativa te imaginas un grupo de 20 personas que se juntan, toman unos mates y arrancan con el trabajo. Lo nuestro es distinto. La idea es que trabajemos ocho horas por día bien, administrando bien los tiempos para que el trabajo rinda y cada uno tenga la misma carga horaria que el otro. Dividimos también la calidad de operarios y hacemos cuatro categorías, para la distribución de utilidades y retornos. Apostamos a que la gente tome conciencia y no a estarles encima. Adentro de la cooperativa se discute y hay distintas posturas de más y menos compromiso. Sabemos que un grupo no se puede conformar con todos líderes positivos, hay de todo y la posibilidad de triunfo depende de que cada uno esté en su lugar. Si un líder negativo te maneja el grupo no vas a llegar a ningún lado. Creo que en elegir quien y donde tiene mucho que ver.

- ¿Cuántos socios tiene la cooperativa hoy?

Hoy estamos en 54 y a fin de año estaremos en 75 personas. Nosotros comenzamos haciendo aparado (armar el zapato) que es lo que más mano de obra lleva. Eso no estaba en la cadena de valor y competíamos con el empleo informal. Luego de la acción del estado que obligó a que todas las empresas blanqueen, pudimos ser competitivos. Los primeros años fueron realmente difíciles. Una vez que se sumó Fabián (ex secretario de Hacienda de la Municipalidad) obtuvimos mejores precios, mejores condiciones de trabajo. Hoy estamos haciendo 900 pares de zapatos de seguridad para una empresa, que nos manda la materia prima y le devolvemos el zapato prearmado. Aparte estamos lanzando las zapatillas, lo estamos haciendo zonalmente para poder cumplir con lo que nos demanden. La zapatilla es un muy buen producto, se ve bien en las fotos pero a primera vista se las ve mejor aún. A esta zapatilla la conocemos, sabemos que es un producto de buena calidad, hay gente que las tiene desde el 2009 y todavía no las puede romper, así que por ese lado estamos tranquilos.

Lo que nos resulta difícil es que nos conozcan, como cooperativa valoramos la presencia del Gobierno, que nos sacó por televisión, te ayuda a que se visualice lo tuyo, porque el producto puede ser bueno, pero si no te ve nadie no funciona.

- ¿Por qué el nombre Vichino?

Cuando salió la Ley de Marca Colectiva fuimos una de las primeras cinco marcas, teníamos que elegir el nombre y lo hicimos por fonética, no por cómo se escribe, ya que en italiano significa “cercano”. Creíamos que iba a sonar bien tanto si se fabrica una bota para andar a caballo o unas zapatillas o zapato de bebé. La idea es que fuera un nombre que pueda pegar una vez que se instale en la sociedad.

- ¿Cuáles son las ideas a futuro?

Primero, arrancar a vender el producto. No todo el mundo compra el sistema cooperativo. La idea es que se imponga la zapatilla y pasar de los cuarenta pares que hacemos por día para generar stock a unos 600 por días y el año que viene, en conjunto con otras cooperativas y empresas lanzar marca de ropa y accesorios como anteojos, tabla de skate, remeras, gorras, por ejemplo. Todo lo que nos permita tener seis o siete locales de la marca para que los socios de la cooperativa se sientan y ganen como un empresario. Un empresario no de los que quieran salvarse en un año sino que tenga una vida normal. Hoy se está demostrando que se puede pensar a futuro.