Lecturas PSY

Las series, interpretaciones posibles de la era contemporánea

Por Luz Saint Phat | Periodista

 

En los últimos años, este tipo de contenidos ha tenido una expansión en la producción y en el consumo. Se abordan problemáticas actuales desde perspectivas que atrapan a la audiencia. El psicoanálisis ofrece una interesante mirada sobre este fenómeno.

 

 

Junto al avance de las nuevas tecnologías y la mayor penetración de los dispositivos tecnológicos móviles con conexión a Internet, la producción y el consumo de series audiovisuales ha tenido una importante expansión en la última década. Tal es así que muchas de las conversaciones cotidianas de personas de distintos puntos del mundo se entablan en relación a este tipo de ficciones. Testigo de esto son las redes sociales, donde permanentemente se hace referencia a los episodios de las series más vistas.

Las temáticas y los enfoques de estas producciones son tan variados como la cantidad de series mismas. Aun así, los tópicos que se tratan toman de una manera creativa las grandes problemáticas de las sociedades contemporáneas: la guerra, el crimen, el terrorismo, el narcotráfico, la política, el sexo y las relaciones interpersonales, entre otros.

¿Qué tienen de atrapantes? ¿Por qué capturan tanto el interés de la audiencia? Una articulación posible entre psicoanálisis y relatos audiovisuales es indagada por Juan Pablo Duarte, responsable del Programa de Psicoanálisis, Narrativa y Discurso Audiovisual de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Además, Duarte se encuentra desarrollando su tesis de maestría en donde aborda los síntomas sociales en las series de televisión.

“Dime qué serie ves y te diré quién eres” asevera, al indicar que -a pesar de que las distintas historias utilizan un mismo formato- los abordajes son múltiples y registran diferentes posicionamientos.

“El planteo ético es totalmente distinto y, en ese sentido, creo que hay públicos que se asocian a determinadas miradas. Algunos prefieren la distopía -porque de alguna manera plantea una utopía posible- y otros buscan acceder a universos que desconoce por completo. Hay series de entretenimiento y de impacto visual y otras en donde predomina el argumento y la complejidad de la problemática social, su documentación y acercamiento”, advierte.

Aún así, y no obstante cada particularidad, existe un fenómeno general que posee características propias.

“Hoy nos enfrentamos a una civilización que atraviesa asuntos como el terrorismo, las crisis económicas, tópicos que las series abordan y sobre los cuales no tenemos un horizonte de solución visible por el momento, son situaciones que permanecen irresueltas”, indica Duarte.

“Las series -me parece- aprovechan ese estado de la civilización para proponer una forma de contar que es esencialmente inacabada. Así, el público puede empatizar y simpatizar mucho más con estas producciones porque los problemas sociales no terminan de resolverse a través de ningún ideal. Es hacer de la no solución el principio de la narración”, interpreta.

“En las temáticas hay un lazo posible con los espectadores porque no aspiran a decir ‘la verdad’ y eso hace que las personas se sientan ávidas por participar del relato”, explica.

“Mi opinión es que nos enseñan al nivel de la interpretación. En estas narrativas se acepta que existe tal grado de complejidad en las problemáticas que no se busca decir una sola cosa, sino que se pueden contar varias verdades diferentes, contrapuestas, provisorias, contingentes”, agrega.

 

Personajes complejos

Mientras las historias de héroes se reproducen en las inmensas producciones hollywoodenses destinadas a la cartelera de la gran pantalla, las series optan por recorrer otro camino para la construcción de sus personajes.

Lejos del perfil ideal de un sujeto que integra los valores más condecorados por la sociedad moderna, muchas veces la ficciones de televisión presentan aspectos contradictorios y complejos en los roles principales.

“Las series no se caracterizan por tener como protagonista a un personaje. El rol principal lo puede tener una ciudad, por ejemplo”, dice Duarte.

“Además, generalmente uno no ubica al malo y al bueno. Todo está en un gris. Tranquilamente el bueno puede ser un personaje que también tiene rasgos perversos. La serie trata de mostrar que no hay localización del goce en un malo. No es que una ciudad o una institución no funciona porque hay alguien malo que lo impide, sino que el mal baña toda la ciudad desde determinados personajes”, afirma.

“En The Wire, por ejemplo, uno pude ver que el protagonista es Baltimore y sus instituciones. Lo mismo pasa con The Night Of, ambientada en Nueva York, donde la ciudad y el problema de la inmigración son centrales”, detalla.

 

¿Qué consumos culturales prefieren los argentinos?

(Fuente: UADE –  Consultora Voices! / Año 2017)

 

  • 6 de cada 10 argentinos consumen series y películas por TV una o más veces por semana

  • 1 de cada 10 personas mira los contenidos audiovisuales por Internet o en plataformas pagas

  • 36% de las personas usa Internet con fines culturales al menos una vez por semana

 

Rasgo cultural

Duarte cuenta que la entrega serial de historias no es nueva y es parte de la narrativa de la época moderna. En este sentido, el psicoanalista señala que “la televisión no inventó la manera de contar en capítulos. Eso está desde el origen de la cultura. Casi toda la cultura se elabora a partir de una repetición con variaciones en torno a los mismos tópicos. Sin ir más lejos está el cómic o la novela por entrega en el siglo XIX que eran seriales y producían reacciones a nivel del consumo. Las personas estaban ávidas por conocer la continuación de cada narración”.

“Hay una anécdota. Personas de Estados Unidos estuvieron esperando en el puerto la continuación de una novela de Dickens. Se produjo casi un escándalo al momento de la llegada del libro”, comenta.