Por Gabriel Sued

La pelea por la agenda, primera batalla decisiva del nuevo Congreso

 

Gabriel Sued | Politólogo y periodista 

 

Oficialismo y oposición disputan por el tenor de los proyectos que debatirá este año el Parlamento. Con la discusión sobre el aborto, el Gobierno tomó la delantera y logró mantener dividido al peronismo, un objetivo clave de cara a las elecciones presidenciales de 2019

 

 

Como le pasó a Pirro, el rey de Epiro, tras la Batalla Heraclea (280 A.C.), los jefes parlamentarios de Cambiemos advirtieron en la mañana del 19 de diciembre de 2017, apenas aprobada la reforma previsional, que la victoria les había salido muy cara: como nunca antes, el debate había unificado a la oposición y había dejado al Gobierno muy parado frente a la opinión pública.

Con ese antecedente fresco y ante la caída de la popularidad de Mauricio Macri, la Casa Rosada decidió modificar la estrategia legislativa: se dispuso moderar el tono de la discusión política y darle mayor autonomía al Parlamento. También con ese antecedente y con los comicios de 2019 en la mira, la oposición más firme contra el Presidente resolvió redoblar los esfuerzos por transformar al Congreso en un campo de batalla política.

El choque entre esos objetivos contrapuestos define el ritmo de la actividad parlamentaria en 2018. El Gobierno tomó la delantera al instalar una agenda social, encabezada por el debate sobre la legalización del aborto. La discusión, una deuda de la democracia que Macri asumió de manera sorpresiva, le permite al oficialismo desviar el foco de los temas económicos y genera división al interior de todos los bloques.

Quedó debilitado así el sueño del kirchnerismo, que pretende trazar los contornos de un gran espacio opositor al calor de las batallas que se desarrollen este año en los recintos del Senado y de Diputados. Dicho de otra manera: si el Gobierno no pone en juego su fortaleza política en el Congreso, con el impulso de proyectos propios, la oposición queda descolocada, sin debates que le sirvan como factor aglutinante, en el difícil camino hacia 2019.

En la construcción de una agenda social que eluda la grieta, el Presidente propuso ante la Asamblea Legislativa abordar la problemática de la obesidad infantil y de las muertes por accidentes de tránsito. Temas cercanos a la ciudadanía, pero menos abordables desde una ley que desde las políticas concretas de un ministerio o de una secretaría. El clima de la ceremonia de reapertura de las sesiones, pacífica como pocas, también dio muestras del giro que intenta el Gobierno.   

La estrategia del oficialismo encuentra otra explicación, de pura matemática. En minoría en las dos cámaras, Cambiemos no puede sancionar ninguna ley sin la ayuda de los gobernadores del PJ. Esos acuerdos suelen requerir de auxilios fiscales que este año la Nación parece no estar dispuesta a afrontar.

La relevancia del peronismo no kirchnerista es indiscutible. En la Cámara de Diputados, donde se requiere una mayoría de 129 para iniciar las sesiones, el oficialismo cuenta con un interbloque de 108 miembros. En la vereda de enfrente, el Frente para la Victoria (FPV) maneja 64 diputados. Por la avenida del medio, transitan el interbloque Argentina Federal, de 33 integrantes, y el Frente Renovador, de 17. En el Senado, donde la mayoría es de 37, el oficialismo consolidó un interbloque de 25, el mismo número que maneja el Bloque Justicialista, mientras que el FPV cuenta con 8 bancas.

 

 

 

Ante los variados intentos de reunificación del peronismo, los legisladores del PJ no kirchnerista también se van a ver forzados en algún momento del año a tomar distancia del Gobierno. “Después del Mundial tenemos que tener candidato a presidente”, dicen cerca del jefe del Bloque Justicialista, el diputado Pablo Kosiner (Salta), un dirigente que responde al gobernador Juan Manuel Urtubey. La carrera electoral puede complicar los planes de la Casa Rosada.   

La estrategia de un Congreso más autónomo, “con juego propio”, como les gusta definirlo en el Gobierno, abre a la vez un panorama impredecible. Hasta el año pasado, los debates parlamentarios habían estado marcados por la iniciativa de la Casa Rosada. De las 84 leyes sancionadas en 2017, 27 fueron proyectos enviados por el Poder Ejecutivo, lo que representa un 32% del total, de acuerdo con un estudio elaborado por la fundación Directorio Legislativo. Otro dato: en 2017 se aprobaron el 73% de los proyectos enviados por el Poder Ejecutivo.

El porcentaje de leyes nacidas de proyectos del Gobierno podría caer de manera clara este año, si el Presidente desarrolla a fondo la idea de ceder la iniciativa a los legisladores. Una primera consecuencia de esa estrategia es que el debate parlamentario se desordene. Dos ejemplos muestran con claridad los problemas que puede generar la libertad de acción, en especial dentro del oficialismo.

El primero surgió en la discusión de la restricción de atención médica a inmigrantes. El diputado radical Luis Petri (Mendoza) se apuró a presentar un proyecto que incluía restricciones para el acceso a la educación universitaria a extranjeros no residentes. La propuesta generó un conflicto con el ala progresista de la UCR. En una reunión acalorada le exigieron a Petri que aclarara que la iniciativa había sido presentada a título personal. Como resultado de la disputa interna, el proyecto quedó congelado.

El segundo ejemplo parte del proyecto del diputado de Pro Martín Medina (provincia de Buenos Aires), para garantizar la paridad salarial entre hombres y mujeres. Apenas se conoció la iniciativa, en el bloque de Pro se apresuraron a aclarar que se trataba de un proyecto individual y que el Poder Ejecutivo iba a elaborar su propia propuesta.  

Desde la perspectiva de la oposición, en especial del FPV, el Congreso debe mantener los debates económicos como eje ordenador. El verano fue prolífico en cumbres de distintos sectores del peronismo. De a poco, distintos sectores del PJ dejaron sus diferencias de lado para concentrarse en su resistencia a las políticas oficiales. La marcha del 21 de febrero, encabezada por Hugo Moyano, fue la mejor demostración: pese a que hubo ausencias importantes, compartieron la movilización referentes del kirchnerismo, el randazzismo, el massismo y la izquierda.

Esos acercamientos quedaron tapados por el debate sobre el aborto, primer triunfo del Gobierno, más allá de cómo salga la votación y de cómo voten las principales figuras legislativas de Cambiemos. La victoria pírrica de diciembre dio paso a un ajedrez de reglas más complejas, en el resultado final no es sólo el que marca el tablero.

 

Las claves del Poder Legislativo en 2018
  • El oficialismo no tiene mayoría propia en ninguna de las dos cámaras. Para aprobar una ley necesita de la ayuda de los gobernadores del PJ.

  • La estrategia de la Casa Rosada es bajar el tono de la discusión política y darle “juego propio al Congreso”.

  • Con el debate sobre el aborto como emblema, el Gobierno apuesta a una agenda social para desviar el foco de los temas económicos.

  • La oposición necesita que el Congreso sea un campo de batalla que alimente la posibilidad de una reunificación del peronismo de cara a 2019.